cuarenta y cuatro

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Después del almuerzo, nos dedicamos a pasar el día entero mirando películas en el sillón, envueltos en un acolchado. Se había puesto algo frío y, según decían, se venía una semana de tormentas.

De Sol y H no tuvimos señales hasta después de la cena. "Nos vemos mañana" fue señal de que no dormiría acá, aunque me reservé el mensaje y no se lo mostré a Tomás, solo para que este pendiente a cada rato de lo que hacíamos.

Mientras lavaba los platos lo escuché llamarme desde la habitación. Después de unos segundos fui y respiré hondo. Estaba en cuero, como siempre.

– ¿Qué pasa?- Le pregunté acercándome a la cama.

– ¿Estuviste con Nacho?

Me reí por dentro. Tanto quejarse del 'Nachito'  y el tenía el 'Nacho' incorporado.

–No, gordo. Cenamos nada más- Le expliqué y el rápidamente negó con la cabeza.

–Me refiero a estar...estar- Dijo y me miro fijo.

Mire para todos lados intentando encontrar un lugar donde esconderme. ¿Por qué me preguntaba estas cosas?

Me parece que era demasiado obvio. Estuvimos juntos mucho tiempo, no sé bien cuanto. ¿Tres años? Pero habíamos sido novios, de verdad o de mentira, durante toda la vida. Nos conocíamos mucho y teníamos, o tenemos, mucha confianza con el otro.

–Creo que es evidente- Le dije intentando decir algo incómodo frente a él.

–Si, ya sé, pero quiero que me lo digas

Levanté una ceja extrañada.

No sé en que estaba pensando pero lo noté preocupado. Lo único que quería era besarlo y que deje de preguntar por los demás.

Y eso hice, me acerqué hasta su cuerpo y acaricié su pecho con mis manos para sentirlo más. El miró mis manos, mis ojos y por último mi boca. Corté la distancia que nos separaba y lo besé con una sensación rara. Era una mezcla de ternura y deseo.

Inexplicable.

No sé como pero después de un rato de besos y caricias, nos encontrábamos en la misma posición de unos días atrás, en la casa de Sol. El besando mis piernas y yo queriendo morir de vergüenza.

– ¿Te acordas cuánto medían?- Me preguntó con la respiración agitada. ¿Cómo no recordarlo? Ese día casi paso a otra vida.

–35 besos- Le respondí y me sentí una estúpida. Me sonrió, ¿cómo no hacerlo? Si sabía que me tenía loca.

Sin pensar mucho en los tiempos y dejándonos llevar, nos hicimos uno.

Y creo que los dos comprendimos que no eran los cuerpos quienes se dejaban llevar, sino el amor.
Había encontrado en el un compañero que jamás imaginé. En tan poco tiempo me había dado la confianza y el amor necesario que ninguna otra persona podía dármela en años.

Me cuidaba, me respetaba y me enamoraba. Sí, me estaba enamorado y por primera vez no tenía miedo de que nada malo pasara. Con el a mi lado, ¿qué cosa mala podía pasar?

.

Me desperté con gritos en el departamento vecino.

Cerré y abrí mis ojos un par de veces y luego me senté en la cama. Estaba sola, y no había señales de que haya alguien en alguna parte del departamento.

Cuando me levanté recordé que aún tenía la remera de Tomás puesta, ¿con qué se había ido? Hice unos pasos y paré. Me dolía todo el cuerpo como nunca. 

Bufé y entré a la cocina. Puse el agua a hervir y preparé las cosas para hacer un té. Pasé al baño para higienizarme y rápidamente me sorprendí de lo que veía en el espejo.

A veces me sorprendía de lo fea o desarreglada que podía llegar a estar, pero esta vez no. Con Sol teníamos la costumbre de dejar el lápiz labial en el lugar más cercano y accesible, era una especie de adicción y costumbre extraña que hacíamos desde chicas. Bueno, este día, el lápiz y el espejo habían sido testigos de la ternura de Tomás.

"Te tengo en el corazón".

Decía y tuve que agarrarme del lavatorio para no desmayarme. Increíblemente tierno y cursi. Agradecí que Sol no estaba en casa, probablemente preguntaría: "¿por qué mi novio nunca hizo eso?".

Me saqué una foto, aún con su remera puesta y la edité. Se la mandé seguido a un corazón y el me respondió con un beso. Confirmado: Me tenía loca. El siguiente mensaje fue "después vamos a hablar" y enseguida supuse que estaba hablado de Ignacio. No sé que le estaba dando tantas vueltas en la cabeza.

Estaba con muchas ganas de hablar y no podía ser con otra persona más que con Sol, no tenía tanta confianza con otros.

Estaba con muchas ganas de hablar y no podía ser con otra persona más que con Sol, no tenía tanta confianza con otros

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Le mande pretendiendo que venga a casa lo antes posible.

Le mande pretendiendo que venga a casa lo antes posible

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Reí en voz alta.

Tecleé y me senté a esperarla en el sillón con el té en la mano

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Tecleé y me senté a esperarla en el sillón con el té en la mano. Cada parte y músculo de mi cuerpo se tensaba. Estaba insoportablemente dolorida así que solo me limité a mirar el techo y esperar que los minutos pasaran.

Escuché cada movimiento: la puerta del edificio, la del ascensor y la del departamento.

–ME ESTAS JODIENDO- Gritó cuando abrió la puerta y me vio con la remera de Tomás.

Cerré los ojos maldiciéndome por no haberme cambiado.

–SI SEGUIMOS ASÍ EN DOS SEMANAS SOY TÍA

cambios | c.r.oHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora