31. Nolan.

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Sentía cierta inseguridad estando allí.
Lo atribuí a que quizás extrañaba las cristaleras de mi habitación y las vistas al bosque, pues desde ese ático lo único que podía ver eran las luces que desprendían los edificios y los molestos sonidos que provocaba el tráfico nocturno y las voces en forma de murmullo de la gente que caminaba por las aceras alegremente.
Raven detestaría estar en ese lugar.

Un gran inconveniente era la ciudad, pero otro más grande eran los desconocidos con los que compartíamos casa prácticamente obligados por la situación. Raven no hubiera aguantado allí ni diez minutos y me daba la impresión de que le habría arrancado la cabeza de los hombros a Donovan en un abrir y cerrar de ojos.

—¿Que estás leyendo? — me preguntó de nuevo sentándose sin mi permiso en la cama que me habían otorgado. Al menos teníamos suerte de que el duplex fuera amplio y aunque fuese una tontería, me sentía mejor sabiendo que la tétrica anfitriona ahora bruja y el chico gótico mudo estaban en la otra punta de la casa — Jaden nunca me deja saber que lee, yo creo que es porno.

—¿Los libros de abajo son suyos? — pregunté intentando desviar el tema de conversación. No sabía cómo iba a explicarle qué hacía informándome sobre las trece brujas que murieron ahorcadas y quemadas vivas en Salem. Necesitaba información sobre la madre de Oliver.

El chico pelirrojo que a simple vista parecía adorable con sus mejillas abultadas asintió, me mentalicé de que no debía confiar en su apariencia, Raven también lucia como un ángel y era el mismísimo hijo de satanás.

Raven, Raven, Raven.

—Le gusta leer sobre asesinatos y crímenes, esas cosas — se encogió de hombros — Siempre quiso ser el detective del cuerpo de policía.

—¿Hace mucho que sois vam...

Se echó atrás apoyándose en la pared pintada a rayas, en la litera arriba de su cabeza, Declan roncaba levemente.

— Me transformaron sin querer — dijo y yo alcé la ceja— La Segunda Guerra Mundial — sonrió como si le hiciera ilusión recordarlo — Las tropas canadienses fueron destinadas a Europa en... no sé quizás 1945, para conseguir ser de apoyo y llegar a Alemania. ¡Fue la primera vez que viajé! Había disparos por todas partes y yo casi no sabía sujetar bien un arma — río en un tono suave — Nunca me imaginé yendo a la guerra, yo era ese niño que se escondía bajo las faldas de su madre con la cara embadurnada de mugre y rechistando por tener que ir a la mina con los demás niños. No fue distinto en la guerra. Salí de la trinchera una vez y mira lo que me pasó. Me dispararon y un muchacho de las tropas enemigas pensó que estaba muerto, solo quiso comprobar lo que podía hacer con su sangre y búala, apareció un Donovan sádico despellejando la carne de cualquiera que se cruzaba por delante.

—¿Te convirtió Jaden? — pregunté abrazando uno de los libros de Alexei contra mi pecho mientras me apoyaba en los cristales de los ventanales inclinados. Donovan negó aún sonriendo.

— Jaden nació siendo... así.

Es imposible que haya nacido siendo vampiro.

—¿Como que nació así? — no quise sonar tan extrañada como lo hice, los ochenta años que tenía más que él debían haberme servido de algo. ¿Porque ese chico sabía más de nuestro mundo que yo?

—Pues ya sabes — rodó los ojos — Dos vampiros se acuestan y nace un niño... supongo.

—Eso es biológicamente imposible.

Ja, la ciencia se reía de lo sobrenatural.

— Hay casos — murmuró — Jaden es uno y creo que... — calló para señalar con su dedo índice sobre su cabeza — El es otro.



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