Capítulo 31

1K 108 26
                                        

Su cita era muy importante, durante la noche le aviso a su amiga que "tendrían una cita" así que la chica saldría con Fanatio y le diría a sus padres que iría con Eugeo a pasear para cubrirlo. Casi era hora de partir, estaba muy animado, además que a partir del lunes empezarían a grabar en el estudio.
Se bañó y cambio para cruzar la calle y encontrarse con su ser amado pero no todo podía ser perfecto.
-¿No acabas de ver a Alice-chan?- preguntó su madre en la entrada.
-Si pero ya sabes como es ella- respondió poniéndose los zapatos- Quiere que la acompañe a compara algo, volveré temprano-
-Ve con cuidado- sonrió- Estoy muy feliz por ustedes- 
Finalmente salió de casa para dirigirse al frente, tocó la puerta, fue bien recibido y fueron a la cocina para que pudiera cocinar para ambos.
-No se que cocinas pero huele muy bien- elogió al rubio mientras se sentaba a esperarlo- Me alegra que pudieras venir-
-No hay problema, me encanta cocinar para ti- le llevó la comida con cuidado, era difícil con una mano pero lo consiguió- Aquí tienes- le puso el plato enfrente y se sentó a su lado.
-Muchas gracias- empezó a comer, estaba delicioso- Esta muy rico, eres el mejor- le sonrió con un ligero sonrojo en las mejillas. Esto provoco una pequeña sonrisa en el rostro del ojiverde, se sentía feliz de estar ahí.
De pronto empezó a imaginar el futuro, vivir juntos, comer cada día, verlo por la mañanas y antes de dormir, no tener miedo a ser juzgado, besarlo cuando quisiera, hacer todo juntos. Quizá era un poco exagerado, después de todo era su primer pareja y tenía todas sus ilusiones en él pero si lo amaba demasiado, no se imaginaba el futuro sin él. Quería cocinar para él por el resto de su vida pero tenía miedo de perderlo. 
El resto de la tarde se la pasaron recostados en el cuarto del pelinegro, hablaban animados de varios temas de interés común, hacían teorías conspirativas acerca de los dinosaurios, reían a carcajadas y de vez en cuando rozaban sus manos. No querían que ese día acabara nunca, era mágico, se sentía pleno en esa habitación. 
De nuevo imaginó una vida tranquila, pasar los días hablando sin preocuparse, quizá así era el cielo, suspiró sonriendo y tomó la mano de su pareja. Se puso de lado para poder verlo, le molestaba estar limitado por culpa del yeso pero era una prueba de su amor; Kazuto lo imitó y ahora se estaban mirando con una sonrisa el sus caras.
-¿Qué harás cuando nos graduemos?- preguntó el rubio con algo de nostalgia.
-No tengo idea- arrugó la frente.
-Alguna idea debes tener, estoy seguro que has pensado en algo- lo alentó a hablar- Solo es una pregunta, no pasa nada
-Quiero estudiar programación, podría también especializarme en física y me gustaría trabajar en la NASA o algo así- Eugeo abrió los ojos impresionado- ¿Y tú?-
-No se, el futuro me da miedo además no tengo algo que quiera hacer o en lo que sea bueno- suspiró con resignación- Podría copiarle a mi hermano o ir contigo-
-Solo no has tenido tiempo de pensarlo, apuesto que encontrarás algo que quieras- le sonrió para alentarlo- Y siempre estaré aquí para ti- 
El rubio no lo pensó dos veces y se le echo encima para besarlo, primero lento en lo que el contrario asimilaba lo que estaba ocurriendo. Cuando sintió que era el momento indicado delineó el labio con su lengua para poder entrar, luego de titubear un poco el pelinegro le dio acceso completo a su boca, exploró cada rincón de su cavidad bucal; abrió un poco los ojos y notó el sonrojo encima de las mejillas de su compañero y como parecía estar concentrado en mantener el ritmo y la respiración, era una hermosa imagen que quedaría grabada por siempre en su memoria.
Continuaban con lo suyo, no supo en que momento pero los brazos de Kazuto estaban aferrados a su espalda, en cualquier momento podrían llegar a otra cosa. El aire estaba poniéndose caliente, Eugeo usó una de sus piernas para separar las de su pareja y meterse entre ellas para estar más cerca, discretamente estaba frotando sus cuerpos aumentando la presión en ambos, generando un sentimiento de necesidad.
-Hijo salí temprano del trabajo- la puerta se abrió y ambos chicos se separaron pero aún estaban uno arriba del otro.
-Bienvenida a casa mamá- contestó tratando de disimular la situación.
-Los espero en la sala en 5 minutos- cerró la puerta.
-¿Qué significa eso?- preguntó el rubio algo alarmado.
-No lo sé pero no podremos escapar- mencionó con temor- Necesito que te quites de encima-
-Lo siento- 
Esperaron a que se cumpliera el plazo de cinco minutos, aprovecharon el tiempo para calmarse un poco y quizá se besaron un par de veces más; fueron a la sala de estar, la mujer estaba sentada en un silla frente la mesa de cristal.
-Tomen asiento- señaló el sofá frente a ella, ambos se sentaron- No nos hemos presentado formalmente, soy Midori Kirigaya, mucho gusto- sonrió.
-El placer es mío, soy Eugeo- contestó algo incomodo.
-Te conozco por lo que me ha contado mi hijo, tengo entendido que eres su pareja ¿Me equivoco?- 
-No, estamos saliendo actualmente- miró de reojo a su vecino, estaba muriendo de vergüenza, parecía que no sería capaz de articular ninguna palabra.
- Soy una persona bastante pacifica, no me agrada la violencia pero si me entero que vuelves a lastimar a mi pequeño dejaré atrás esos principios de paz- amenazó con una sonrisa en la cara, a decir verdad lo había hecho temblar- Dicho esto, me alegra chicos que estén saliendo abiertamente pero prefiero que me digan cuando van a estar solos en casa- esto lo dijo mirando a su hijo- Y aún son muy jóvenes, Kazuto ni si quiera ha cumplido 16 años y me gustaría que no hiciera ese tipo de cosas hasta que fuera mayor pero no puedo controlar su vida en ese ámbito-
-Ya basta- susurró el mencionado- Lo lamento, no íbamos a hacer nada malo-
-Imagínate llegar casa y ver ese tipo de escena, obviamente lo malinterpretas- la mujer se hizo el cabello hacía atrás- Eugeo, ¿Qué opinan tus padres de esto?- 
-¿Mis padres?- sintió una presión en la garganta como si lo fueran a matar- Ellos están bien con mi relación pero se sienten un poco extraños de hablarlo con el resto- mintió con la esperanza de que esa mujer no hablará de su madre sobre el tema. 
-Me siento igual, como padres es difícil asimilarlo pero yo los acepto chicos, si algún día tienes problemas con lo que sea, puedes venir y te recibiré con los brazos abiertos- la sonrisa que le dio era cálida, lo hizo sentirse seguro y querer quedarse ahí para siempre con esa familia- Ahora ¿Debemos tener una charla sobre la sexualidad?-
-Por favor no- le suplicó poniéndose de pie- Te juro que ya se todo lo que hay que saber- 
-¿En serio?- dijeron los dos presentes.
-¿Cómo sabes eso, cariño?- preguntó algo angustiada la mujer.
-Quiero secundar esa pregunta-
-Le pregunté a un doctor- estaba totalmente rojo- Solo por precaución, uno de los dos debería saber eso- 
-Yo también estoy al tanto de esa información- le restó importancia- Es normal saber esas cosas supongo- 
-A partir de ahora tienen prohibido verse a solas en esta casa- sentenció la madre del chico- No voy a permitir que le hagas nada a mi pequeño- se paró a su lado y lo abrazó- Este chico debe llegar puro al altar- 
-Me estas avergonzando- 
-Lo siento hijo pero esta dicho y me daré cuenta si mientes- miró al rubio- Estoy confiando en ambos así que te pido respeto por esta casa y por mi querido primogénito, se esta haciendo oscuro así que deberías irte- le señaló la puerta.
-Si señora- caminó a la entrada bajó la mirada de los Kirigaya- Un placer haberla conocido, nos vemos en la escuela Kirito- se despidió con la mano y corrió a su casa, estaba feliz a pesar de lo que había sucedido.
Una vez a solas el reflejo natural de Kazuto fue encerrarse en su cuarto, se sentía muy apenado por todo, nunca tuvo la intención de llegar muy lejos y menos imaginó que su pareja supiera del tema. Maldecía internamente por no ponerle seguro a su puerta pero estaba feliz de que su madre fuera ella misma y lo amará. Era de esas veces que se sentía amado por varias personas y empezaba a sentirse muy pleno y feliz.
Recordó el asunto del futuro, ¿Por qué estaba Eugeo tan preocupado? ¿Tendría miedo de que se separarán?  Estaba seguro de sus sentimientos y quería seguir con él mucho tiempo, podía imaginarse a su lado, viviendo juntos, yendo a la universidad y todo tipo de cosas. Quizá era muy infantil imaginarse esto pero en serio amaba a su vecino.
Ambos durmieron como bebes, sentirse queridos era algo fascinante aunque el futuro era incierto podían estar seguros de que los enfrentarían juntos.

-7 de octubre-
Era increíble lo rápido que pasa el tiempo, un día estas siendo amenazado por Midori Kirigaya y luego estás ansioso por celebrar el cumpleaños de su hijo. 
Durante el descanso le llevó un almuerzo especial que preparó la noche pasada y le hizo saber lo mucho que lo amaba. Aunque el chico le había dicho un montón de veces que no quería nada estaba dispuesto a darle algún regalo pero no se le ocurrió nada. Al principio pensó en algún vídeo juego pero no sabía con certeza cuales tenía y cuales no así que descarto la idea, luego pensó en alguna pieza de ropa pero no quería equivocarse en algún detalle y luego tener que regresarla a la tienda, ¿Joyería? No estaría seguro de que elegir, ¿Un libro? No sabía de que temática sería interesante, ¿Un disco? No conocía los gustos musicales del contrario. De modo que se dio por vencido, igual ese día debía ir al doctor para que le quitaran, por fin, el yeso. Así que se perdería el pastel del chico, incluso pidió permiso para faltar a las grabaciones del juego. 
Al salir de la escuela vio el auto de su padre en la entrada, y entró en un gran conflicto: debía despedirse de Alice y se supone que era su novia pero no podía arriesgarse a que lo viera su verdadera pareja.
-Ahí esta mi padre- mencionó- Tengo una idea pero no te muevas-
-De acuerdo- respondió ella.
Se paró frente a ella y se acercó un poco, jugó un poco con la perspectiva para que a ojos de su padre pareciera que la besó.
-Suerte con tu yeso- antes de irse agregó- ¿Ya sabes que darle a tu amado?-
-Se me ocurren algunas opciones, nos vemos mañana-
El viaje hasta el doctor fue tranquilo, iba en silencio con la radio a todo volumen, extrañaba charlar con su padre pero en ese preciso momento no tenía tema de conversación. La sala de espera estaba repleta de niños, lo malo de tener 16 años es que aún te atienden en la sala infantil;  pasaron varias horas, su padre tuvo que salir a comprar comida para los dos, al cabo de las 8:30 lo pasaron a quitarle aquel objeto; sintió que el brazo le pesaba dos kilos menos y le recomendaron empezarlo a mover con normalidad para evitar una contractura. Estuvo de vuelta en casa a las 9, cansado y algo fastidiado pero por fin había pensado en su regalo bastante arriesgado.
Observó por su ventana durante una hora, y cuando vio que las luces de los cuartos de abajo de su vecino estaban apagadas se puso en acción. También se aseguró de que sus padres estuvieran en su habitación para salir.
Salió de casa y cruzó la calle, recordó como lo había hecho antes.
Mientras tanto, dentro de su habitación estaba Kazuto sentado frente al escritorio, estaba recibiendo una felicitación bastante vergonzosa por parte de su amigo Klain, escuchó unos golpes, se desconectó del juego y empezó a buscar el origen del sonido; luego de revisar la puerta miró la ventana, sus cortinas estaban cerradas, caminó a ese lugar y removió la cortina; lo que encontró fue un total deja vú.
-¿Qué haces aquí?- preguntó abriendo la ventana y dejándolo pasar- Te pudiste caer otra vez además no es bueno que hagas tanto esfuerzo con tu brazo cuando recién te quitan un yeso ¿En qué estabas pensando?-
-Quiero darte tu regalo de cumpleaños- contestó susurrando.
-¿De qué hablas? No necesito nada, no era necesario que arriesgaras tu salud una vez más por mi- lo regañó.
-Claro que valía la pena, además- sacó un moño de su bolsillo y se lo colocó en la cabeza- Yo seré tu regalo- le sonrió provocando que el contrario de sonrojará.
-¿Qué estás diciendo?- desvió la mirada- Es muy vergonzoso- 
-Solo por hoy podemos hacer lo que tu quieras, además no estamos rompiendo la regla de tu madre porque esta en casa- se le acercó.
-Exacto ella esta en casa y también Suguha, no podemos hacerlo- retrocedió un poco.
-Solo debemos ser cuidadosos y no hacer ruido, esta bien ¿verdad?- lo miró- Pero si no quieres puedo irme a casa y pensar en otra cosa para ti- se dio media vuelta y caminó a la ventana.
Fue detenido por el pelinegro, le había tomado de la manga, estaba totalmente rojo.
-Me encantó mi regalo, Eugeo- susurró- Gracias-
-Entonces- se dio la vuelta para poder verlo- ¿Esta bien si continuamos?-
-Si- contestó con una voz temblorosa.
El rubio lo tomó del mentón para poder mirarle el rostro, sonrió al ver la perfección de su pareja y después se acercó para comenzar a besarse.

Volví sin tarea y con un 10 en mi proyecto. Una disculpa si los deje esperando por mucho tiempo.
Vota y comenta ¿Les gustaría recibir a Eugeo como regalo de cumpleaños? Si que si.
Pregunta número 2: ¿Recuerdan a Eji de Ordinal Scale? Si no será mejor que lo tengan en mente por un rato.
Los quiero mucho, nos leemos en el siguiente capítulo con el regalo de Eugeo.
Cuídense.
    

Enamorando al gamerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora