Me llevé varios días ido. Me abstraje de toda la movida de ciencias va arte porque en mi cabeza solo rebotaba el eco de los gemidos de una chica y de Gero. Me atormentaban y a penas me dejaban dormir, y cuando lo conseguía, ellos seguían apareciendo en mis sueños, Gero y una chica sin rostro. Lo peor de todo es que no entendía el por qué, por qué me afectaba a mí aquello de esa manera.
Javi se dio cuenta de mi ausencia el primer día de laboratorio.
- Flavio, sí mezclas eso ahora vamos a provocar una explosión y no tengo ganas de quedarme limpiando.- me advirtió.
Yo me detuve y dejé el tubito al lado del resto. Javi se puso al mando de la situación y siguió él con el experimento mientras me pasó su portátil para que fuera documentando nuestros avances.
- ¿Se puede saber que te pasa? Estás ennortao, tío. Algo te ronda en esa cabecita.
No entendí la expresión que usó. Él chasqueó la lengua antes de vertir nuestra mezcla.
- Que estás ausente estos últimos días.- me explicó.
Yo realmente sabía que él llevaba razón, deambulaba por dónde fuera como si me tratara de un figura de The Walking Dead. Y es que no me lo podía sacar de la cabeza.
- Paso mucho tiempo estudiando y, bueno, estoy descansando poco.- le mentí.
- ¿Se lo has contado a tu aliada de la resi?
- Perdona, ¿a quién?
- ¿Sam? ¿No era esa la que estudiaba psicología?
- Ah, sí. No, no le he comentado nada. No somos amigos y ella todavía no es profesional como para que yo vaya a contarle lo que me ronda por la cabeza.
La reacción empezó y mié tras Javi la controlaba y yo apuntaba, estuvimos unos segundos en silencio.
- Pues debes encontrar a alguien en quien confíes para contárselo. Es que, mira tu cara, tienes pinta de no haber dormido en una semana.
Realmente había otras cosas que me preocupaban a parte de la identidad de la chica que gemía en la habitación de Gero. También estaba como Ava me evitaba. Y que no había llamada a mi casa desde entonces, incluso había ignorado los mensajes de mi hermana. Entonces me di cuenta de que Javi llevaba razón, necesitaba contarle a alguien lo que me pasaba, sino un día explotaría.
- De acuerdo, buscaré a alguien en quien confiar y en quien contarle mis cosas. Gracias por el consejo, tío.
- De nada, para eso estamos... LA VIRGEN, FLAVIO ESTO SE NOS HA DESMADRAO.
Ahí acabó nuestra conversación, pues la reacción se había descontrolado en a penas tres segundos en los que no la miramos y ahora estaba toda la mesa de trabajo cubierta de una sustancia que no siquiera debería ser de ese color. El profesor se acercó hasta nosotros alertado por el chillido de Javier. Nos miró con condescencia y nos indico el armario de la limpieza al final del laboratorio. Javi y yo fuimos mientras él refunfuñaba por lo bajo, se reñía a sí mismo por no concentrarse en lo que debía estar.
De vuelta, en el metro en hora punta, tenía que seguir llevando el aire acondicionado, pues la cantidad de personas y de calor humano que había hacía sudar a todos los pasajeros.
Cuando llegué, Bruno y Maya me estaban esperando para comer con el resto del comedor ya recogido.
- Ya era hora.- bromeó Bruno cuando me vio entrar a la carrera.
- Siento el retraso, he salido más tarde porque la he liado en el laboratorio.- me excusé.
Maya no había dicho nada, pero me miraba seria y preocupada.
- Fla, ¿estás bien?
Los dos me miraron, con un aire casi paternalista.
- Sí, sí.- mentí como un bellaco.
- Pues no los parece, para nada.- siguió ella.- Vamos a tener que establecer un código para saber cómo te sientes porque no sé descifrarte.
Miré a Maya, que me observaba con amabilidad sosteniendo su tenedor en el aire.
- Solo echo de menos mi casa.- le dije.
Puede que no fuera todo, pero mi respuesta la contentó.
- Bueno, entonces eso es algo normal. A todos nos ha pasado, a mí todavía me pasa y llevo muchos años viviendo fuera de casa de mis padres.- me dijo.
- Yo echo de menos mi casa y mi país continuamente.- añadió Bruno.
Y la conversación pasó hacia nuestras ciudades y nuestras familias. Por un parte, seguía sintiéndome extraño, pero saber que era normal y que no era al único al que le pasaba me reconfortaba de alguna forma. Dicen que a mal de muchos, consuelo de tontos.
También me di cuenta de que si había soltado algo, no era por presión. Por presión yo nunca soltaba nada, al contrario, solo hablaba cuando me encontraba en, a lo que a mí parecer era, un entorno seguro, acogedor y amable. Maya representa na todas esas cualidades, y Bruno, por su parte, también era agradable y siempre tenía buenos consejos para darme. Si tuviera que contar algo a alguien, seguramente fuera a alguno de ellos dos.
Tras la comida, me encerré en mi habitación con música en mis auriculares, muy fuerte. Quería silenciar ese eco que rebotaba en mi cerebro y evitar oír una réplica en la habitación de enfrente. Me metí de lleno en la asignatura más tocha del cuatrimestre, la cual llevaba al día porque en esas dos semanas solo había estado en mi habitación y solo salía de allí para alimentarme. Si llamaban a mi puerta, no contestaban, si me escribían para cualquier cosa que no fuera de clase, lo ignoraba.
Era la hora de merendar cuando decidí hacer un descanso e ir al baño. Cogí mi teléfono y la llave y fue hasta al baño. Quizás me diera un paseo antes de volver a la habitación, para estirar las piernas.
Abrí la puerta y Sam estaba delante de mí puerta con los brazos cruzados. El entrecejo fruncido y los labios apretados. Todo aquello me dejaba claro que estaba enfadada conmigo por alguna razón.
- ¿Me permites salir? Quería ir al baño.- le pedí.
Ella me miró entrecerrando los ojos y se apartó. Pero nada más salí se pegó a mí hasta el baño incluso cuando salí estaba ahí fuera.
- Deja de evitarme, Flavio. Tenemos que hablar.
Odiaba aquella frase. Un 'tenemos que hablar' siempre es un tema delicado o importante, sino, se diría sin más. Yo me paré de camino a mi habitación. Me rendía, no podía huir de la locura de los bandos.
- Hemos quedado en mi habitación esta noche tras la cena. Como faltes te vas a ganar una enemiga y yo de enemiga soy lo peor, Flavio.- me advirtió, hablándome muy cerca de la cara, tanto que note su respiración acelerada mientras hablaba rápidamente y aparentemente sin pausas.
Ella despareció por el pasillo dirección a las escaleras, mientras yo me quedé ahí, como un pasmarote viéndola marchar.
Tal y como me dijo Sammy, fue a su habitación tras cenar con Maya y Bruno. Cuando llegué Fali y Hugo estaban jugando a meter monedas dentro de un vaso de un solo bote.
- Por fin estamos todos.- se quejó Sammy cerrando la puerta tras nosotros dos.
- ¿Qué era tan urgente?- preguntó Maya, como si estuviera molesta porque le hubieran arruinado los planes.
Sammy cogió una cesta, de esas que usábamos para las coladas y vacío su contenido.
- ¿No os habéis percatado de que os faltaban estas prendas de ropa?
Vislumbré mi camiseta naranja, que ahora tenía un dibujo negro.
- Nos han robado y tintado o pintado la ropa.- dijo ella escandalizada.
Pero yo no veía problema alguno, la mayoría de las prendas habían mejorado.
- Tenemos que buscar nuestro siguiente movimiento y, dadas las fechas, tenemos algo a nuestro favor.- dijo antes de empezar a explicar su plan de contraataque.
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Paralelas | Flaviard
Fanfiction- Sois como dos líneas paralelas. Condenados a amaros eternamente pero sin encontraros nunca, por mucho que se prolongue vuestra trayectoria al infinito
