—Y este es el despacho de mi madre —señaló SoonYoung la puerta, que no podía abrir porque tenía prohibido entrar en esa habitación, a menos que su madre se lo ordenara.
JiHoon sólo observó la blanca y bonita superficie de aquella puerta, mientras enarcaba las cejas.
—¿Tus padres tienen despachos separados? —cuestionó con cierta sorpresa, su voz todavía siendo apenas más que un susurro.
Se había acostumbrado a hablar de esa manera una vez más, como si temiera perturbar la precaria tranquilidad en que vivía ahora. Había vuelto a ser lo que solía, y no tenía intenciones de cambiar nunca más.
—Sí, ellos dicen que trabajan mejor por su cuenta —explicó el rubio, incluso cuando sabía que sus padres apenas se toleraban. Así que para evitar matarse el uno al otro, mejor era tener espacios separados en tantos lugares de la casa como fuera posible—. Cuando tienen un caso qué atender juntos, como las cosas del hospital de tu familia, van a la biblioteca.
SoonYoung le guio a través del pasillo hasta llegar a un par de grandes puertas marrones, las cuales abrió para él.
Una biblioteca, algo parecida a la de su propia, casa apareció ante los ojos del castaño, quien miró aquellos montones de libros, de los que probablemente no entendería mucho, pues él era un buen médico, y su compañero un abogado. No era que tuvieran muchas cosas en común, pero a lo largo de esos días, JiHoon había aprendido a convivir poco a poco con SoonYoung, más por obligación que por elección propia.
Desde que lo conoció, había pasado todas y cada una de sus tardes, a veces incluso de sus mañanas, junto a ese joven de redondas mejillas y cabellos como el oro. Sus madres se reunían a cada día, siempre con un nuevo pretexto y, por alguna razón, tanto SoonYoung como él se veían envueltos en sus visitas, como si fueran dos niños pequeños que son unidos para que sus madres puedan ponerse al día con los últimos chismes en total calma.
Esa tarde había sido el turno de los Lee de visitar la casa de los Kwon para la merienda. JiHoon nunca había visto a su madre faltar tantos días al trabajo, pero no había preguntado nada hasta el momento, así que en cuanto pisaron aquella bonita mansión y terminaron la comida, todo lo que hizo fue aceptar que el rubio le llevara a dar un paseo por su hogar. Era la primera vez que el castaño abandonaba su fortaleza desde que había empezado a tomar la cura, así que se sentía extraño poder tener un cambio de aires, por ínfimo que éste fuera. Y aunque SoonYoung preferiría poder llevar a JiHoon a un lugar donde no fueran vigilados constantemente, sabía que la salud de ese chico era lo suficientemente precaria como para poder pasar todo un día fuera sin que algún percance ocurriera. Además, los doctores Lee eran estrictos en cuanto a que el destinado de su hijo pudiera aparecer una vez más en la vida de su retoño, algo que el menor no sabía ya, evidentemente.
JiHoon dejó que su acompañante le explicara las mil y una cosas que quería, mientras procuraba poner atención a la mayoría de sus palabras.
Su relación con ese joven era curiosa, a decir verdad. SoonYoung realmente podía hablar durante horas y horas sin inmutarse ni quedarse sin tema de conversación, así que JiHoon se aprovechaba de esa cualidad y simplemente dejaba que fuera el más alto quien se encargara de llevar las conversaciones y de contarle todo lo que quisiera. Bastaba con que el castaño respondiera con un par de palabras para que su compañero sintiera que estaba siendo escuchando y continuara con todo un nuevo tema. Y lo cierto era que agradecía el que no tuviera que abrir la boca de más, no sólo porque sabía que sus habilidades para establecer una amena plática con otro humano eran nulas, sino porque se sentía lo suficientemente débil y triste como para querer contar nada.
En todo ese tiempo, JiHoon sabía ya que aquel chico adoraba cambiar el color de su cabello, había estado fuera del país durante muchos años para poder seguir la misma educación que su padre tuvo en escuelas del extranjero, que le gustaban los tigres, incluso cuando lucía más como un hámster, y otras tantas cosas más que no podía memorizar del todo, porque SoonYoung desprendía demasiada información en unos cuantos minutos como para poder recopilarlo todo y seguirle el ritmo.
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Red lights
أدب الهواةDonde una luz se enciende en las personas al encontrar a su destinado. En un mundo donde la sociedad está en crisis debido a las almas gemelas, un estudiante de medicina enciende La Luz en la persona menos esperada.
