Auron quería unas cosas de la habitación de Merlon, unas cosas que le ayudarían a saber el por qué Merlon era mitad demonio, mitad ángel. Y no, no era porque uno de sus progenitores fuese de una especie u otra, ya que la mayoría de las veces lo que sucedía es que el cuerpo se decantaba aveces por una y otras veces por la otra. Y para conseguir esos papeles tenía que entrar de una forma, un tanto ilegalísima, como diría su gran amigo Samuel.
Reborn, le chupaba un huevo todo lo que sucedía en ese lugar, pero no quería dejar solo a Auron entrar a la boca del lobo después de lo que había hecho por él el día de la caída, ayer justamente.
- Sé lo que os traéis entre manos, y no, Merlon ahora no está en su habitación, tened las llaves - contribuyó Lolito con aquella misión.
-¡Gracias, gracias, gracias!- repitió Raúl todas las veces que hacía falta.
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-¡No los encuentro!- Auron se estaba desesperando, tenían que estar por ahí, pero se habían pasado toda la tarde buscándolos, hasta Rubius los echaba de menos para el castigo.
-¡Está viniendo, nos tenemos que esconder!- avisó el ángel tirando de su amigo hacia el armario.
Ahí estuvieron hasta que escucharon la puerta abrirse, y supieron que la habían cagado un poco.
- Joder... El aire me ha alborotado todos los papeles - se quejó el director mientras hablaba con alguien por teléfono -¿Quieres información de ese chaval?
- Menuda ropa de viejo tiene este...- murmuró el demonio tocando las chaquetas.
- Tuvimos que incubrir el crimen porque sino nos cerraban el colegio...- explicaba Merlon - además, nos favoreció bastante hacerlo... Ese chaval tiene potencial.
-¿Está hablando de mí?- le susurró Auron al ángel que tenía al lado.
- Raúl no es un chico sencillo, ya lo conoces... Pero lo necesitamos aquí.
- Pues sí, era de tí - le afirmó Reborn.
- Aparte su padre está pagando de más para que esté aquí... No tiene ni puta idea de lo que le espera a su hijo - se burló sin ninguna consideración.
Auron se tapó la boca horrorizado ante lo que escuchaba, esta vez no podía decirle nada a su padre, por el simple hecho de que no lo creería.
- Sí, sí... Yo también lo he pensado - rió a carcajadas antes de poder acabar la frase - acabará como su pequeña Sara.
Reborn miró de reojo a Auron, sabía que era listo y no iba a salir de ahí, pero aún así quiso comprobarlo. El demonio tenía los ojos cristalizados, se notaba que no quería llorar allí, pero era difícil viendo la situación.
-¿Tenéis vigilada a Mónica las 24 horas del día?- preguntó el mitad ángel - así me gusta...
-¿Qué cojones...?- susurró Reborn para cortar el ambiente.