HELENA
Me sequé las lagrimas mientras entraba en el avión, había sido todo una locura pero si me quedaba iba a ser peor. El deber, el deber es importante y el amor va después, hablaba de mi futuro, de mis oportunidades, de lo que podía conseguir sola, amaba a Paul pero con él la vida sería demasiado fácil y no quiero que sea así debido a que quiero mi propia vida, siempre esa ha sido mi meta y aunque temía dejarlo lo dejé.
-Señorita, ¿Se encuentra bien?- me preguntó la señora que se sentaba a mi lado en la primera clase, y eso fue lo único que le permití a mis padres pagarme, el boleto de ida, cuando llegue a Nueva York no dependeré más de mis padres pero si de su dinero, mi padre se había encargado de pagar la universidad, la acomodación sería por mi cuenta porque fui muy dura con ellos los últimos días y decidí que yo no debía necesitar de un apartamento lujoso y ellos me consiguieron un sitio económico en el cual quedarme, quedaba en Brooklyn y todavía no sabía que persona iba a ser mi acompañante.
-Estoy bien- respondí, miré a la agradable señora mientras me ponía mis audífonos y mis ojos se cerraron para dormir. Me despertó la azafata con la comida, en mis oídos resonaron los Beatles y recordé que seguía con los audífonos puestos, la comida de avión popular era pésima inclusive estando en primera clase, comí sencillo y luego conocí a la señora que estaba a mi lado.
La señora era Estadounidense, estuvo en Inglaterra varios meses de vacaciones y decidió volver a su hogar, tenía hijos, mucho mayores qu...sin darme cuenta estaba llorando, llorando y sin importar que me mandara a mi misma a detenerme no pude, pensaba en Paul y el daño que le estaba haciendo al dejarlo, se quería casar conmigo, quería que yo me casara con él, la chica de sus sueños y le partí su corazón en dos, ¡Debía devolverme a estar con él! Hablo con la universidad en la cual fui aceptada para medicina y así me voy a su lado y...lo amo
¡Soy una idiota!
¿Cómo demonios pude dejarlo?
-¿¡Señorita, quiere que le llame alguien!?- me preguntó la señora nerviosa, miré a la señora sollozando, no me salían las letras de su nombre, no podía pronunciar Paul, simplemente no podía...
-Beba un poquito de agua señorita- me comandó la azafata, había entrado en pánico, estaba triste, desamparada y sin Paul, ¿Por qué demonios permitió que me fuera de su lado? Si me decía que me amaba yo... ¡Paul nunca dijo que me amaba! Y...tampoco me pidió que me quedara...
Bebí agua agradeciéndole a su vez tanto a la señora como a la azafata, escuché que la azafata le preguntaba en murmullos lo que había pasado y la señora respondió que no lo sabía y que simplemente había empezado a llorar sin razón alguna con amargura, la azafata sonrió en mi dirección y después se alejó de nosotras.
-Dejé todo en Londres- me escuché decirle, la mujer sonrió.
-Me pasó lo mismo que a ti cariño, yo nací en Dallas, mi familia quería que me quedara con ellos pero yo deseaba ser esa gran actriz de Broadway, me fui de mi pueblo con el dolor de mi alma y aunque finalmente no me convertí en actriz, soy editora en una compañía , mi esposo es la única conexión que tengo con mi pueblo debido a que él también vivía en Dallas y nos conocimos en Nueva York en un aburrido año nuevo en el Times Square.
Le sonreí, que me contara de su vida en un viaje de siete horas era totalmente mejor que dormir, me siguió contando de cosas y cosas hasta que repentinamente me preguntó por mi vida.
-Mi madre es directora de cine y mi padre es médico, tengo dos hermanos, Robert y Phillip, son los niños de mis ojos, me dieron una beca para estudiar hotelería aquí y la acepté, no quería irme pero las oportunidades no aparecen dos veces en la vida y no podía permitirme perder la oportunidad aunque si perdí una gran parte de mi vida yéndome. Lo peor es que aún no tengo dieciocho años, cumplo en dos semanas y estaré sola, no conoceré a nadie y aunque jugaré fútbol todo el verano para mi universidad se que para ese día yo..- las lagrimas surgían nuevamente de mis ojos y la señora me dio un apretón cariñoso en mi brazo.
-Todo estará bien, ¿Cómo te llamas cariño?
-Helena Grant
-Seré la persona que te acompañe. Soy vieja, mi esposo murió hace dos años y mis hijos ya están muy viejos para acompañarme a mi, supongo que al menos un té de tu reina no nos hará mal.
Y así empezó mi amistad con una señora de sesenta y cinco años; lo primero que vi de Nueva York fue la Dama de la Libertad, era hermosa, y era mi primera vez en Nueva York, era de noche, todo estaba iluminado, todo era hermoso, mi tristeza se convirtió en curiosidad y sonreí, mi piel se había llenado de una emoción feliz, la señora Dawson me apretó el brazo y yo la miré de vuelta con una sonrisa en la cara.
Me bajé del avión en La Guardia, tome uno de esos taxis amarillos y me metí con mis tres maletas y mi morral, el tipo que me condujo a mi residencia era hindú, habló todo el camino conmigo, yo no respondía nada, estaba sonriendo mientras veía como nos acercábamos al puente de Brooklyn, había pasado media hora y el tipo ya me había explicado toda la historia de Nueva York.
-Mi examen de nacionalización es en una semana- dijo el hindú sonriéndome, seguramente iba a aprobar, sabía demasiado, desde compañías como presidentes que cruzaron por tal calle, finalmente me bajé del taxi y le pagué con una paca de billetes que mi madre me había dado, ¨necesitas efectivo ¨ me dijo horas atrás antes de subirme al auto de Paul para salir al aeropuerto, me dio mil dólares en efectivo, la cuenta fueron de cien dólares o algo así de La Guardia hasta mi residencia.
No había ayuda, a las tres de la mañana no había nadie en la calle, tenía que tocar en el piso 10 donde me quedaba, a ver si alguno de los que viviría conmigo bajaba a ayudarme...
-¿Helena Grant?-escuché detrás de mi, vi a una mujer flaca de unos treinta y cinco años, tenía puesto un vestido ajustado a su huesudo cuerpo e iba de la mano con un hombre que también aparentaba esa edad.
-¿Si?- le pregunté, miraba hacia los lados, había escuchado cosas malas de Nueva York, en Brooklyn a esa hora era peligroso o al menos eso supongo.
-¡Qué modales los míos, soy Meredith, tu compañera y este es mi cita Jacob.
-Un placer- dije confundida, me imaginaba a una persona más joven, no de treinta, ¿Cita? Nueva York empezaba a parecer raro para mi.
El hecho fue que ella y su ¨cita¨ me ayudaron a subir las maletas, el ascensor era viejo y temblaba, tenía miedo de quedarme atrapada ahí, era un típico edificio Neoyorkino, me encantó pero temía por mi vida.
Bajamos del ascensor con las maletas y Meredith abrió la puerta, el apartamento tenía un espacio normal, no tenía comparación con el apartamento que tenía mi madre en Londres, me lamenté no haber aceptado una mejor acomodación, soy demasiado terca.
Me mostró mi habitación, habían dos camas separadas, dos mesas de noches, un clóset, y una puerta que guiaba al baño, las paredes blancas me cegaron por un minuto y luego me lancé sobre la cama y dormí hasta las seis. Aunque no lo deseaba al día siguiente recibí un mensaje de Paul que empujé al fondo de mi memoria para no sufrir más, me encargué de meter todo en el clóset.
-Helena, ¿estás despierta?- escuché desde afuera, terminé de doblar mi ropa interior en la gaveta principal del clóset y salí de la habitación.
-Buenos días- dije, tenía los ojos hinchados, había llorado desde que me levanté y mas aún al leer el mensaje de Paul en mi teléfono inteligente.
-¿Estás bien? Si tienes alergias te puedo dar alguna pastilla, tengo como mil de esas...
No supe que decir, al menos no supuso que estaba llorando, le sonreí y cogí de su mano la taza de café que me ofrecía, me lacé a su lado, Meredith sonrió.
-No pareces ser tímida, pero no hablaste casi anoche, bueno no te culpo, eran las tres y yo soy una desconocida.
-Tranquila, no lo soy- me permití sonreírle,-, todo es tan nuevo para mi.
-Bienvenida a Nueva York, es lo único que puedo decirte entonces.
El resto del día estuve investigando en una cafetería local en donde estudiaría y mi parte en verano del equipo de fútbol o Soccer como le dicen acá, acabé a las dos horas y decidí conocer la ciudad. Como turista sola en Nueva York ¿Qué podía hacer? Llamé a la señora Dawson, ella vivía en Manhattan, ella me vino a buscar en su auto y me llevó a conocer los alrededores. Por ser verano había una cola del demonio, pasaba igual que en Londres, con todos esos turistas, vi mil caras diferentes, me estaba encantado y pensé en Paul, él había estado en Nueva York millones de veces, había pasado nueve navidades y dos año nuevo en la ciudad.
El lunes me vería con el rector de la universidad y me llevaría con el equipo de Soccer, se lo conté a la señora Dawson y ella sonriendo me dijo que conocía al rector de mi universidad, me contó que una vez editó un libro suyo de economía y finanzas, me dijo que tuvo millones de errores ortográficos y eso me hizo reír.
Dos semanas pasaron y me sentía en casa, el deporte llenaba el vacío que había dejado mi familia y Paul, le mandaba fotos a mi madre cada día por redes sociales, hablaba con ella todos los fines de semana, con las de mi equipo no me relacionaba mucho, todas eran demasiado engreídas para mi o no se, las gringas simplemente no me caían bien. Pasé el resto del verano jugando con ellas, fuimos a Jersey para un partido y ganamos, mi día de cumpleaños lo pasé con ellas en Portland, no supieron que era mi cumpleaños pero al menos bebí tequila en un bar después del partido y aprendí que a nadie le importaba la regla de los veintiuno. Después de todo me llevaba bien con ellas, no eran igual que mis chicas en Inglaterra pero me agradaban, eran amables con una extranjera, todas eran bonitas, con dinero, atléticas, me invitaron a correr con ellas un domingo y todo iba bien en mi nueva vida aunque una parte de mi no quería aceptarlo.
No me cansaba de Brooklyn, no tenía nada que ver con Manhattan pero me gustaban sus calles, me gustaba la gente rara que vivía por ahí, frente a mi edificio había una carnicería concurrida, aveces en las noches me asomaba a ver llegar las nuevas entregas y la carne me recordaba a Paul. Si, estaba obsesionada con él, había soñado todos los días de él, extrañaba sus besos, la fricción de su cuerpo, intenté llamarlo por Skype pero no funcionó, intenté llamarlo a FaceTime tampoco funciono, parecía que yo había muerto para él, pasé cinco noches llorando consecutivamente, ni las pastillas, ni el alcohol parecían mejorarme, me concentré en inscribirme en un gimnasio, seguir en forma para el equipo hasta que supe que los fondos de la universidad se estaban concentrando en otras cosas que en el fútbol femenino, mi beca ahora parecía un chiste pero ya no había vuelta atrás.
Mis primeros meses fueron solitarios, hasta que conocí a Sara y a Manuel, Sara Barletta una italiana mandada por sus padres, Sara era rubia y debo admitir que tenía pechos grandes, excesivamente grandes para mi copa normal, me impresioné cuando me habló, estábamos en la misma clase de administración, todos decían lo tímida que era y eso pero yo me consideraba más tímida que ella aún.
Conocer a Sara fue demasiado fácil y genial, me contó de su novio Giovanni que vivía en Roma, ella mantenía una relación a distancia y yo no, tragué saliva recordándome de Paul, ya ese nombre estaba alejado de mi memoria hasta ella. La chica tenía gustos caros y también tenía un hermanito viviendo devuelta en su país de la edad de Phillip, me hablaba de los chicos que frecuentaban en algunas materias con nosotras y yo sin tener novio no estaba interesada, había un solo chico para mi y ese era Paul Houben. Manuel fue el segundo que se unió a nuestra rara amistad, estaba profundamente enamorado de una chica china en la clase y ella nunca lo supo y a los tres meses se devolvió a su país porque su intercambio había terminado, en ese momento Sara y yo decidimos hablarle, era de México, Manuel Núñez venía de un sitio llamado Chihuahua, Sara y yo nos reímos de eso y después de un mes de hablarnos éramos el grupo de los tres. No frecuentábamos en todas las materias, Sara dejó unas materias para ir a su concurso de maquillaje y aunque Manuel y yo estábamos un semestre más adelantados seguía siendo parte del grupo, frecuentábamos bares el fin de semana y Sara solía ligar con muchos chicos y aunque nunca se terminaba acostado con ellos tenía fuertes momentos de lengua con ellos, Sara Barletta tímida, tenían que estar bromeando.
En año nuevo mis padres vinieron a Nueva York con mis hermanitos, lloré cuando llegaron a la puerta de mi casa, se quedaron en Manhattan, un hotel cerca del Times Square, les presenté a Sara y a Manuel, mi madre habló en español con Manuel y sabía que le encantaban ese tipo de oportunidades, mi padre también habló con Manuel en español, Phillip habló con Manuel en español, Phillip Grant mi hermanito sabía mejor español que yo, mi madre me contó que tenía desde que me fui yendo a clases después del colegio con su amiguita Julieta, Julieta era la hermanita de Prudence, me reí, Prudence debe estar impresionada con la conexión de nuestros hermanos.
Robert me contó de su novia Jane, a su edad yo no tenía novio... espera...tiene como trece años o catorce... así que si tuve a esa edad, es una mentira si digo que no. No hablamos de Paul en todo el tiempo que estuvieron conmigo en Nueva York, se quedaron una semana, habían pasado meses desde que terminamos y el vacío seguía igual.
A principio de Enero conocí a gente en una fiesta de una de mis amigas de Nueva York, era otra chica, que después me entere de que era lesbiana y que quería tener sexo conmigo, se lo conté a Sara y Sara riendo me dijo que su novio estaría de visita pronto, así que nos preparamos psicológicamente para recibir a su novio.
El novio de Sara llegó en un día lluvioso de Septiembre, Sara me dejó subir mi bicicleta a su auto cuando íbamos en el camino y sonaba en la radio una de las canciones que Paul y yo escuchábamos para hacer el amor, se revolvió mi estomago, Sara se la sabía de pies a cabeza, repetía.
Hold me, touch me as if there's no tomorrow
You can bring me down if you want
you can take hard,
i'm soft, let's make things nice.
-¿Helena, estás bien?- me pregunta en un semáforo, estaba fantaseando sobre Paul y yo, su cuerpo sobre el mío, su boca besando el lóbulo de mi oreja, sentía su aliento sobre mi cara en nuestros cuerpos sudorosos, me sonrojé y me incorporé en mi asiento.
-Yo... me dejé ir por los recuerdos- le dije, en los siete meses que llevábamos siendo amigas nunca le había hablado de mis relaciones, no tenía el valor de hablar sobre Paul todavía, era algo que encantaba mi cerebro cada noche, que alimentaba mi nostalgia lentamente, era todo para mi, trague saliva y voltee mi mirada hacia Sara- pero no es nada de lo que te debas preocupar.
-Amiga, tu eres una bóveda- se rió, me encantaba ese acento americano/italiano tipo Mario Bros que salía de su boca, provocaba darle un abrazo interminable.
Llegamos al aeropuerto y allí estaba su novio, ella se bajó y yo también, se hablaron en italiano por una eternidad y después se besaron lentamente, deseaba ese momento para mi con mi Paul, con mi ex novio, la envidié con todo mi ser y dejé de mirarlos.
-Esta es Helena- dijo, yo aparté la mirada de mi celular y le sonreí,- es británica.
-Por lo pálida se nota eh, ¿Es tan fría?
-No te imaginas- se ríe Sara, yo era calurosa con ella y con Manuel, calurosa... quiero decir cariñosa, les sonreí.
-Solo esperaba que sacaras tu lengua de su garganta- le dije a Giovanni, Giovanni se rió.
-Eres una inglesa diferente a todas las que he conocido...
-Llevo meses en Nueva York, ya se me pegó la mala educación- reí.
-¡Me gusta esta chica Eh! Así es, ¡Así es!- dijo Giovanni divertido, nos subimos al auto y de regreso al apartamento de Sara cantamos éxitos Italianos. Giovanni era totalmente para Sara, se notaba que la quería mucho y que ella lo quería a él, estaban locos el uno por el otro.
Dejamos las maletas de Giovanni en el apartamento junto con mi bici y fuimos al club que quedaba a veinte calles de allí, Manuel vino al club y estábamos los tres juntos.
-¿Manuel es novio de Helena?-le escuché preguntarle una chica desconocida a Sara, Sara negó con la cabeza y la chica se llevó a Manuel de mi lado. El hecho era que Manuel como latino era un excelente bailarín, a mi me encantaba bailar con él, en Inglaterra había aprendido bailar y recordé que se burlaban de mi por recibir clases pero a mi no me importó, mi madre era la mejor profesora que existía en el mundo.
-¿Quieres bailar?- me pregunta un chico,yo acepto, tenía demasiado tiempo sin escuchar la petición de un chico.
ESTÁS LEYENDO
Lo propio
RomantikLo último que pensaba era llegar a amar, lo único que quería era diversión y conocer a un nuevo país. Un brasileño le cambia completamente su vida al conocer a la chica que ama, ¿Una obsesión? ¿Un sentimiento adecuado? Ella sigue siendo la hija de u...
