19. Un corazón roto

495 36 35
                                    

La Divina Pecaminosa estaba repleta de clientes que bebían descontroladamente. Todos estaban ebrios y tenían aspectos grotescos y extraños. Algunos cantaban mientras otros reían o peleaban. Había quienes tenían compañía y se daban afecto frente a todos. Y algunos otros completamente solos, embriagandose para olvidar el dolor que esto les probocaba. 

El tintineo de las copas cuando eran chocadas para brindar dominaba el lugar, seguido de murmullos, risas y canciones.

Anastasia Randall tenía nauseas debido a la mezcla de oloresctanto el de la cera de las velas, el aceite de las lámparas, el alcohol y el hedor de las personas ahí dentro. Deseaba salir, pero no se atrevía a hacerlo sin Jack, solo que este se encontraba sentado en otra mesa rodeado de otros piratas y mujeres con poca ropa.

Frente a ella había un plato de madera que contenía algún extraño guiso que una de las mozas le había llevado para que cenara, pero tenía mal aspecto y a diferencia de las comidas servidas por el cocinero del Perla Negra, tenía un olor bastante peculiar y hasta podría decirse que algo desagradable. Aunque la muchacha tenía hambre, prefirió no arriesgarse.

Algo que también tenía, era mucho sueño. Estaba cansada por la larga caminata que habían hecho desde el barco de Jack hasta la Divina Pecaminosa. Llevaban mucho tiempo ahí dentro y quería volver para dormir en completo silencio, pero el Capitán al que acompañaba, no se le veía un mínimo de interés de salir de ahí y regresar, ya que él estaba muy contento, hablando de incoherencias y bebiendo.

No muy lejos de Randall, había un hombre que se encontraba dormido por lo borracho que estaba. Anastasia consideró que se veía muy tranquilo a pesar de todo el alboroto dentro de la cantina; llegando a la conclusión de que tal vez ella también podría irse a un rincón del pub e intentar descansar un poco. En ese momento, otros dos sujetos se acercaron al pirata y poco a poco y sobre todo sin pena alguna de que alguien los pudiera ver, empezaron a tomar las pocas cosas de valor que poseía, tales como la espada, la pistola y unas cuantas monedas. Y no conformes con eso, lo tomaron de ambos brazos y lo sacaron arrastrando del establecimiento. El pobre sujeto seguía dormido y sin darse cuenta de lo que ocurría.

Anastasia estaba sorprendida por lo que acababa de presenciar, descubriendo que no era nada seguro ni conveniente que durmiera o por lo menos bajara la guardia en ese lugar.

Miró a su alrededor resignada. De la tripulación de Sparrow, solo estaba Gibbs entre los clientes. Él estaba en otra mesa no muy lejos de la de su jefe, y era acompañado por una mujer regordeta y que también vestía extravagante como las otras.

Todos ahí parecían pasarla bien, menos ella. Anastasia era la única mujer que estaba sola en las mesas. Estaba cansada, hambrienta y aburrida. Aunque afortunadamente, gracias a que la habían visto llegar con Jack, ninguno de los borrachos se le había acercado para molestarla. Incluso las mozas del bar la miraban a lo lejos de mala manera. Suspiró triste y se arrepintió de haber aceptado la invitación de Jack. Si no hubiera bajado de la nave, no se habría cruzado con el pirata aquel ni tampoco su vestido estuviera lleno de lodo. Sobre todo, no se sentiría humillada. Le dolía haber quedado como una tonta una vez más. Nuevamente había estado a punto de besar a Sparrow, solo que él, tal vez en un intento por proteger la integridad de ella, se detuvo. O por lo menos era lo que ella pensaba.

Tan cerca estuvo de los labios del pirata, pero se quedó con las ganas de probarlos como muchas veces lo había hecho en sueños.

Las detonaciones de unas armas de fuego la sacaron de su ensimismamiento. Miró a su alrededor y todo se veía normal: como un total caos.

Deseó tanto tener compañía. Por lo menos a cualquiera de los subordinados de Jack, de preferencia a Tobey, ya que él le caía muy bien, aunque de vez en cuando le parecía un tipo algo extraño.

Cold Heart Donde viven las historias. Descúbrelo ahora