El Capitán Jack Sparrow va tras un misterioso y gran tesoro que está lleno de secretos, misterios y leyendas. Se dice que, todos aquellos que fueron en su búsqueda, jamás volvieron. La única pista que el pirata tiene es Anastasia, una joven que casi...
Los últimos días en compañía de Jack Sparrow y su tripulación, habían sido un bálsamo para Anastasia. Los piratas bajo el mando del capitán la entretenían con sus historias extrañas, incluso algunos le enseñaban cómo se realizaban algunas de las tareas dentro de la nave, tales como hacer los diferentes nudos con las amarras, cómo se controlaba el aparejo o acomodar las velas según la dirección del viento.
También conversaba mucho con Tobey Read, el más joven de los marinos. Siempre que se encontraba sola andando por la cubierta, él aparecía para hacerle compañía. Ambos hablaban de cosas sin importancia, como el clima, y las actividades que hacían durante el resto del día. Y cuando el muchacho intentaba saber algo sobre el tesoro, la rubia evadía el tema y se retiraba.
Aunque no le gustaba mentir, tenía que ocultar que no poseían ningún mapa para encontrar el tan preciado tesoro que buscaban. Todo con tal de proteger a Jack y a sí misma.
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Referente al Capitán del Perla, él siempre estaba muy atento con la rubia, sobre todo pendiente de que no hablara de más con los otros piratas, solo que Anastasia, no se daba cuenta de que era vigilada. Para ella, Jack Sparrow solo era amable, tal y como siempre lo había visualizado en su mente.
Pero no solo la chica estaba bajo la mira dentro del barco, puesto que, mientras el famoso pirata se encontraba en sus asuntos, ella adoraba contemplarlo a la distancia, perdiéndose en sus fantasías y recordando cada uno de los sueños que había tenido con él.
Por supuesto que Sparrow sabía muy bien que era observado por su invitada; en un principio llegó a sentirse extraño, incluso incómodo, pero con el transcurrir de los días, terminó por resultarle divertido, ya que había descubierto que tenía una admiradora a bordo de su nave. Una que lo miraba perdidamente, con añoranza.
>>Así como Elizabeth miraba a William... Así como yo la miraba a ella.<< Jack comparaba con cierta tristeza, cada vez que la descubría.
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Para no aburrirse en su viaje de regreso a Tortuga, el pirata había encontrado como pasatiempo coquetearle a la muchacha.
Siempre que tenía la oportunidad, llegaba a ella con cualquier pretexto, inventando una conversación cualquiera y después usando cualquier pretexto para lanzarle algún piropo que lograse alterarla. Jack disfrutaba ver cómo se sonrojaba y acaloraba, incluso en algunas ocasiones la chica logró olvidar lo que ella estaba hablando en ese momento.