Anastasia estaba sentada junto a Jack. Después de que Betty lo fuera a visitar a sus habitaciones, ella había llegado con una bandeja con comida. El pirata estaba muy débil y necesitaba recobrar fuerzas. En el tiempo que estuvo inconsciente, solo podían alimentarlo con unas cuantas cucharadas de agua endulzada con miel, que introducían con un embudo que llegaba hasta su garganta. El curandero que lo había atendido les había dicho que no era muy probable que Jack sobreviviera debido a que las puñaladas en el estómago eran muy profundas, además de múltiples golpes en la cabeza, y dos costillas rotas.
La muchacha le había llevado un tazón de caldo de gallina, aunque Jack casi no comió. Su estómago aun no podía aceptar nada sólido. Pero el curandero les había dicho que eso era normal. Y que aún faltaba mucho tiempo para que se recuperara por completo.
Todo el torso de Jack estaba cubierto por vendajes de seda, que todos los días cambiaban por nuevas, para que las heridas no se infectaran otra vez. Tenía el cabello mucho más largo al igual que la barba. Esta estaba alborotada y le cubría casi toda la mitad del rostro. Las dos trencillas que siempre colgaban de su mentón estaban a punto de desaparecer por los mechones de cabellos retorcidos. También estaba muy, muy delgado, casi en los huesos y pálido. Sus ojos estaban hundidos en cuencos oscuros que le daban un aspecto cadavérico. A penas podía moverse. No tenía fuerzas para siquiera sentarse o hablar por mucho rato. Después de hablar con su padre y su nana, se había mareado y por poco se volvía a desvanecer. Pero tras descansar un largo rato, y comer unas cuantas cucharadas del caldo, se estabilizo nuevamente.
—¿Quieres que te traiga otra cosa? —preguntó la muchacha. Los risos dorados le caían sobre la espalda. Llevaba un vestido nuevo que extrañamente sentía haber visto antes.
—No, gracias. Te ves cansada.
—Estoy bien. —respondió. Pero Jack se daba cuenta de que no. Sus ojos estaban rojos e hinchados por el llanto. Estaba demasiado pálida, ojerosa y tan delgada que el vestido le quedaba grande.
El Capitán Jack Sparrow estaba furioso consigo mismo por fallarle a Anastasia. La nana Betty le había dicho lo que la joven le había contado. Que no solo Vane abusó de ella, tres tipos más también lo habían hecho. Jack tenía la sensación de que la anciana le ocultaba algo, algo que quería decirle, pero qué por alguna razón, no lo hacía. Se preguntaba qué podría ser.
—¿Es un vestido nuevo? —preguntó amable. Quería aparentar que se sentía bien, pero las heridas le punzaban, y en cada oración que hacía se le iba el aire.
Ella dibujó una leve sonrisa y asintió.
—La señora Betty me lo prestó —dijo mirando el vestido —, dijo que era de tu madre. Espero que no te moleste que lo use.
Jack le sonrió dulcemente, ocultando lo mal que se sentía.
—Ella ya no los necesita ahora. Te queda muy bien.
El pirata advirtió que la chica se esforzó para sonreírle. Su mirada expresaba profunda tristeza y hasta agonía. Se maldijo. En otra ocasión, ella se habría emocionado por sus palabras, pero ya no lo hacía. Supuso que estaba decepcionada de él por no haberla protegido de Charles Vane y sus hombres.
Quería pedirle perdón y jurarle que iba a matarlos a todos. Pero tenía miedo de que fueran solo promesas en vano y defraudarla nuevamente.
Las horas pasaron y el día se volvió noche. Anastasia había permanecido sentada en la silla junto la cama de Jack, y no volvió a pronunciar palabra alguna. Parecía ida y distante, con los ojos fijos en cualquier punto de la habitación, mirando sin mirar nada. Sparrow no soportaba verla así, inmóvil, callada y ausente.

ESTÁS LEYENDO
Cold Heart
FanfictionEl Capitán Jack Sparrow va tras un misterioso y gran tesoro que está lleno de secretos, misterios y leyendas. Se dice que, todos aquellos que fueron en su búsqueda, jamás volvieron. La única pista que el pirata tiene es Anastasia, una joven que casi...