11. Que se presenta a Charles Vane

603 62 31
                                        


   Anastasia corría entre la niebla y el humo. Las fuertes detonaciones de las armas de fuego y de los cañones le lastimaban los oídos. En ese sueño tenía otra vez ocho años y buscaba por todos lados a su padre, llamándolo a gritos, y él no aparecía por ninguna parte. Siguió corriendo hasta que a lo lejos alcanzó a distinguir su silueta; su papá estaba de espaldas, pero comenzaba a alejarse de ella. La chiquilla trató de ir tras él, de gritar más fuerte para que la pudiera escuchar y se detuviera, solo que el hombre no parecía reaccionar. Al correr, Anastasia tropezó y cayó al suelo, intentó levantarse varias veces y sin lograrlo, como si no tuviera fuerzas. Al verse sola en medio de la nada y al contemplar como su padre desaparecía entre la niebla empezó a llorar desesperada. Y despertó.

   La poca luz que se colaba por las rendijas de la pared le lastimaba los ojos. Instintivamente intentó levantarse del suelo húmedo y sintió como la cabeza le dolía a reventar. Recordaba muy poco y todo era muy confuso aún. Solo se sentó y tanteo con una mano donde había un muro para apoyarse mientras que con la otra se sostenía la cabeza, descubriendo qué a la altura de la sien derecha, tenía un fuerte golpe que le había hinchado un poco el ojo. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, se miró las manos, encontrando que sus dedos estaban manchados con unas gotas que parecían sangre seca. Repentinamente todo volvió a ella: los gritos, las explosiones, su padre encerrándola en el camarote, los tipos que abrieron la puerta y el pirata que le propinó un puñetazo en la cara.

   Pero ¿dónde estaba? Inspeccionó con la mirada el lugar: el lugar era una pequeña bodega, un poco oscura, muy sucia, con costales llenos de quién sabe qué y además rotos, también había algunos barriles y otras cosas que parecían basura y que además ya tenían mucho tiempo ahí abandonadas. No sabía distinguir si seguía abordo del El Monarca, porque, aunque había navegado en la nave durante algunos días, no conocía todas sus secciones. Buscó con la mirada la puerta y se arrastró hasta ella. Tembló al ponerse de pie y sintió que todo le daba vueltas. Quiso abrir el umbral, pero este se hallaba cerrado bajo llave. Golpeó la puerta y gritó, recibiendo solo insultos y burlas que provenían de unos hombres que estaban por fuera de la bodega. Llamó a su padre y a André, incluso al Capitán Philips, pero ninguno de ellos le respondió. Solo se seguían escuchando las risas de los desconocidos. Asustada, volvió a sentarse en el suelo y volvió a ponerse a llorar de angustia.

 Asustada, volvió a sentarse en el suelo y volvió a ponerse a llorar de angustia

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


     El Ranger era el navío comandado por Charles Vane, quien a su vez era uno de los piratas más infames de Nassau*. Y en dicho barco, los tripulantes se quejaban del pobre botín que habían obtenido en su último asalto. Todos, junto con su Capitán, esperaban haber interceptado un barco mercante, con galeras llenas de mercancía valiosa o con pasajeros ricos con cofres rebosantes de oro y joyas. Pero en vez de eso, se habían cruzado con un barco que no poseía casi nada de lo que ellos deseaban. Solo habían logrado conseguir dos pequeños alhajeros y un pequeño cofre con monedas, fuera de eso, solo muebles, víveres, ron, algunas botellas de vino y ya.

Cold Heart Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora