17. En el que el Comodoro recibe una propuesta

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   Lord Belmont Harker, hombre de cincuenta y dos años, habitante de la Isla Santa Lucía y Gobernador de esta misma, corría desesperadamente desde su despacho hasta el recibidor de la mansión donde vivía. El motivo era que un Jacob Rogers, mayordomo de confianza de la familia, había llegado con noticias bastante desagradables: el Monarca, barco donde su hijo viajaba junto con la familia Randall, había sido atacado por los piratas y todo indicaba que no habían quedado muchos sobrevivientes.

Dicho mayordomo había abordado la nave con el propósito de servir, sobre todo cuidar del joven André.

Jacob era un hombre joven, que desde su niñez había trabajado incondicionalmente a los Harker, y cuando le fue encomendada la tarea de asistir a la compañía de Randall, aceptó sin tapujos.

Como sirviente, su vida era bastante monótona: sus días consistían en despertar muy temprano, arreglar su uniforme, ver que todos en la mansión estuvieran listos para servir, asegurarse de que el ama de llaves hiciera bien su trabajo y asistir en absolutamente todo al Gobernador Belmont, desde ayudarlo a vestirse, a tomar el desayuno, entre otras cosas.

A sus casi treinta y cinco años, había descubierto lo aburrido que era la rutina diaria, así que cuando su jefe le ordenó directamente acompañar a su hijo a la expedición, no dudó en aceptar. Y durante las siguientes noches, el pobre hombre, no podía conciliar el sueño de la emoción que se acumulaba en su pecho. El viaje, representaba tal vez la única oportunidad de hacer algo diferente, aunque sabía que de igual forma serviría a un Harker, pero en esta ocasión, habría una aventura de por medio.

La mañana que abordó la nave, sintió mariposas en el estómago, y creyó que se trataba de un presagio que auguraba algo bueno.

Su aventura comenzó cuando a lo lejos vio que André era menospreciado por su prometida, la hija del Dr. Randall, y pudo darse cuenta de que sufría por ello. Así que comenzó a darle consejos de cómo acercarse sin que ella saliera corriendo. Jacob le recomendó ser amable, no presionarla, entre otras cosas, logrando que la muchacha empezara a aceptarlo. También le entregó una flor de papel para que pudiera regalársela y ella se conmoviera, ganándosela.

Una noche, André Harker llegó emocionado a su camarote, contándole que el plan había funcionado y que Anastasia Randall le había dado un beso. El mayordomo estaba orgulloso. Hasta ese momento, todo indicaba que el viaje iba de maravilla, hasta que uno de los marinos dio la señal de ser atacados y los bombardeos comenzaron.

Cuando los piratas subieron a la nave y al ver que la tripulación del Monarca estaba en desventaja, Rogers sacó al joven Harker a escondidas, y escaparon juntos en un bote salvavidas. Quedando a la deriva y a merced de las inclemencias del mar.

El hijo del gobernador, lejos de estar agradecido con Jacob, estaba muy molesto. En barias ocasiones intentó saltar de la nave y otras tantas discutieron. El pobre mayordomo no sabía que era peor, si la ingratitud del muchacho o el calor y la sed que padecían en ese momento.

Afortunadamente para ellos, dos días después de escapar del barco, fueron rescatados por una nave que tenía por nombre El Medusa; el Capitán, al conocer el parentesco que tenía André con el Gobernador de la isla y sobre todo al saber de la cuantiosa recompensa que recibiría por regresarlos a Santa Lucía los llevó de inmediato trayendo un gran alivio para el sirviente.

Cuando por fin llegaron a la Isla Santa Lucia, los pobladores que estaban trabajando en el puerto, se sorprendieron al ver al joven Harker de vuelta y tan pronto, sobre todo en las condiciones en que había llegado.

En cuanto el Gobernador Harker entró al vestíbulo encontró a Jacob de pie en el centro de la gran habitación, y frente a él a su hijo André. El pobre muchacho estaba muy delgado, su piel estaba quemada y maltratada por el sol y la ropa que traía puesta era la de un mozo cualquiera.

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