CAPÍTULO 29

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Durante el interrogatorio, Plan llegó al hospital, se sentó junto a ellos, esperando a que los oficiales salieran de la habitación y terminaran con las preguntas.

- ¿Cuánto tiempo llevan ahí dentro?

- Más de una hora- respondieron a la misma vez Mean y su padre.

Plan se mordió las uñas de los dedos, mientras veía a su hermana muy callada al lado de su padre. Podía apreciar la preocupación de su padre, en su mirada. ¿Qué sucedería ahora? No podía creer en que War hiciera algo como intentar suicidarse.

Mean tomó uno de mis dedos con disimulo, rozándolos aun con la mirada al frente, sin voltear a verme, sentí una paz infinita a pesar de que tenia miedo de lo que pasaría más adelante en nuestras vidas.

- Mean – susurré bajito, obteniendo su atención – Todo va estar bien ¿verdad?

- Todo estará bien, estoy aquí – susurró en respuesta.

Mean recibió una llamada, al responder solo me miró y mencionó que regresaría. Parecía muy concentrado mientras hablaba por teléfono, al parecer aquella llamada era muy importante. ¿Quién podría ser? – Mean desapareció por el otro corredor. Escuché la puerta de la habitación abrirse, mi padre se levantó del asiento, los oficiales salieron para decirle a mi padre que aun no terminaban las investigaciones, pero War podía quedarse en el hospital hasta que sus heridas estén totalmente curadas.

Mi padre y Prim regresaron de vuelta a la habitación, esperé por Mean aun sentado y minutos después el apareció por el pasillo con la mirada triste, se sentó junto a mi y tomó una de mis manos sobre las suyas.

- ¿Te encuentras bien? – pregunté. Mean solo negó con la cabeza, recostándose en mi hombro.

- Mi madre no se encuentra bien de salud, creo que debería ir a mi casa este fin de semana.

- ¿Qué es lo que tiene? ¿es grave?

- No es grave, solo desea verme.

- ¿puedo ir contigo? – Quisiera ver a tus padres y tratar con ellos. En verdad me gustaría.

- Me gustaría que vinieras conmigo, pero debo advertirte que mi casa es pequeña y no tenemos muchas cosas que ofrecerte mientras estés de visita. ¿aun así te gustaría ir?

Asentí.

- Deseo conocer todo de ti, no soy una persona superficial, nunca me han importado las apariencias – Estar contigo es suficiente para mí, yo también deseo estar en los momentos más difíciles de tu vida, como lo haces conmigo.

Mean sonrió cálidamente, apretando mi mano entre la suya. Deseaba tanto un beso suyo... ¿era correcto hacerlo aun cuando podían ser vistos por cualquiera? – miré a la izquierda y luego la derecha, comprobando que no se encontrara nadie en los pasillos, besé a Mean con un piquito rápido y volví mi mirada hacia el frente como si nada hubiera pasado.

- Atrevido – susurró Mean con una sonrisa en los labios.

*

*

Cuando llegamos a la gran mansión, mi padre parecía derrotado, sus hombros medio encorvados, la manera en la que arrastraba los pasos mostraban su cansancio. Desapareció en su habitación, mientras Mean llevaba a mi hermana en sus brazos, cargándola aun dormida.

- Debe estar muy cansada, estos días han sido muy estresantes para ella – mencioné desde la puerta de su habitación.

- Lo está – vamos dejémosla descansar.

Mean cerró la puerta detrás suya, camino junto a mi hasta mi habitación y dándome un beso suave se despidió.

- ¿No vas a quedarte esta noche? -

- Hoy debo trabajar en algunos documentos y análisis de Prim.

Plan estaba decepcionado, quería quedarse junto a él. Hizo un pequeño puchero con los labios y murmuró.

- ¿Puedo quedarme en tu habitación?, prometo no molestar –

Ya en la habitación de Mean, plan observó a Mean muy concentrado mientras leía unos documentos. La cama parecía extensa y fría, jugueteo con su celular, respondiendo algunos mensajes de Blue y sonriendo con cada ocurrencia suya. Mean lo observada cada dos segundos, regañándolo, pidiendo que hiciera silencio y lo dejara trabajar.

Pasada la media noche, Mean subió a la cama, acurrucándose en el borde, tratando de no caer. Acaricio las suaves mejillas de Plan y dándole un pequeño beso en los labios lo abrazo para quedarse dormido junto a él.

*

*

El fin de semana Plan salió de casa muy temprano por la mañana, su padre en el comedor cuestionó su salida y este con una gran sonrisa solo se despidió sin dar explicaciones.

Mean busco a Plan por toda la casa, pero al no encontrarlo, decidió marcharse a casa. nunca imagino encontrárselo en la calle principal, esperándolo en su auto rojo. El sonido de la bocina lo hizo saltar, volteo la mirada en dirección del sonido, Plan lo saludo con la mano, llamándolo.

- ¿Estuve buscándote?, pensé que no irías conmigo a la casa de mis padres-

- Jamás me lo perdería – vamos sube al auto.

La pequeña casa de Mean, cabía en mi habitación, su padre nos esperaba frente a la puerta, con una mirada triste y la cabeza cabizbaja.

- ¿Traes un invitado? – preguntó su padre.

Mean asintió y yo con mucho respeto salude con una reverencia.

- Un gusto volver a verlo Joven – respondió su padre, para dirigir su mirada en Mean y darle una seña con los ojos.

Entramos, la pequeña sala estaba muy limpia, el olor a lavanda inundo mis fosas nasales y cuando por mi mente paso en el aroma tan parecido al de Mean, su padre interrumpió sacándome de mis pensamientos e invitándome a tomar asiento en el pequeño sofá negro. Mean desapareció en la habitación frente a la sala, su padre me ofreció un jugo de naranja y se sentó frente a mí.

- Joven – me hablo con mucho sigilo antes de continuar.

- Dígame Sr. Attachitsataporn.

- Mean no está causando ningún problema verdad – siento haber llamada tan de repente.

- No señor, es culpa nuestra el que no pueda venir tan seguido – Espero nos disculpe.

Mean apareció con su madre de la mano, parecía perdida y cuando su mirada se dirigió hacia mí, obtuve una sonrisa. Se acerco lentamente y sentándose a mi lado, tomó mis mejillas en sus manos y dijo con mucho cariño.

- Mi hijo – cariño, te he extrañado ... mamá te extraño mucho.

Miré a Mean muy sorprendido, pero solo pude apreciar las lágrimas acumuladas en sus ojos, mientras Mean luchaba por no dejar que caigan. El sonido de un gemido ahogado, seguido de un llanto suave llegaron a sus oídos. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el padre de Mean también lloraba?

Se dejó abrazar, sintiendo la calidez del cuerpo de la mujer mientras le susurraba cuanto lo amaba. Mi hijo ... mi hijo

Las manos de la madre de Mean no me soltaban, entrelazando sus manos con la mía. Tomé las bolsas que traje junto a mi y se las di. La reacción de la mujer ante el hermoso chal rojo vino, martillo mi corazón. La mirada triste del padre de Mean, no habían cambiado en ningún momento, Mean hablaba por teléfono algo alterado, repitiendo una y otra vez el comportamiento de su madre.

Todo era tan extraño. 

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