Cap 83

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Keileb;

Me quedé dormido inevitablemente después de que aquella chica me dejará solo en la habitación.

Mi cuerpo se encontraba demasiado cansado.

No sé que es lo que me a dado, pero empiezo a soñar más seguido.

Mi imaginación vuela, y me proyecta un sendero de piedra.

Aquel lugar se me hacía conocido aún con la oscuridad que rodeaba.

Las siluetas de algunos árboles, arbustos y hojas en el suelo, me hacían recordar el bosque.

El viento frío que azotaban mis mejillas me hacía pensar que éste probablemente no era un sueño.

El sendero de piedra era demasiado largo, mis piernas seguían firmes caminando sobre él.

Cuando una ventisca levantó las hojas del suelo dejando un espacio libre de tierra que dibujaba un segundo camino de lado opuesto al que yo seguía.

Me quedé quieto, observando como se formaba lentamente frente a mis ojos.

Quise pasar de él y di un paso hacia delante para seguir en mi camino, cuando un aullido se logró escuchar.

Paré en seco, y giré hacia donde provenía, sabiendo claramente que era por ese extraño camino, cerré los ojos y respiré hondo, aquellos hermosos ojos de la loba que conocí se hicieron presentes.

Aquella mirada me hacía sentir triste, sus ojos estaban fijos en mí.

//¿Por qué?//

Desaparecieron instantáneamente después de que abriera los ojos, suspiré y me di cuenta de que ya me encontraba sobre aquél camino de tierra.

Caminé a paso decidido, escuchando los sonidos de las aves nocturnas en el trayecto.

Continúe así por varios minutos hasta darme cuenta que aquel sendero de piedra ya no se encontraba cerca de mí.

Disminuí el paso, realmente no sabía que hacía en ese lugar siguiendo quien sabe que cosas.

No entiendo porque me pasan estás cosas.

Seguí el camino hasta que terminará finalmente, lo raro es que el sendero no tenía un lugar como destino en sí.

Tuve que caminar más por mi cuenta para poder encontrar una pequeña casa demasiado alejada del pueblo.

Me escabullí en los arbustos al escuchar un aullido lobuno, el sonido de las pisadas se oían cada vez más cerca.

Con mis manos moví un poco entre las hojas para poder ver lo que pasaba.

Mi atención se encontraba concentrada en aquella pequeña casa de madera.

Una mujer joven con un vestido largo azul y con un velo blanco en su cabeza, salió por la puerta trasera con dos niños en mano.

Aquella señora, abrazó a aquél niño que en realidad no pasaba de 5 añitos, dándole un beso en la mejilla que podía imaginar que era seguro de una despedida.

Tomando la pequeña mano de una niña de unos 3 años, de ojos color Avella y cabello castaño, prosiguió a ser el mismo gesto, para finalmente con lágrimas en los ojos tomar su velo y ponérselo a aquella pequeña.

Ambos niños de tomaron de las manos y antes de irse, aquella mujer mencionó unas palabras.

Porque me encontraba a una distancia prudente no logré entender que fue lo que dijo.

Lo único que pude que leer en sus labios quiero suponer que fue el nombre que aquella pequeña.

-. Elena.-

El mate de la alfaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora