[Secuela de Stay]
Si en la mejor noche de tu vida te hubieran humillado, engañado y acusado de algo que no hiciste, ¿qué harías? Adrien Agreste es un buen ejemplo de que no puedes huir para siempre.
Dicen que si algo está destinado a ser, será...
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Tal y como Marinette le había dicho, llamó a su chofer para que lo llevase a la dirección anotada en la pequeña tarjeta que le entregó. Apoyaba el rostro en el vidrio, sin poner atención a las cosas que adelantaban, los hoteles, las edificaciones y las luces del alumbrado público que intermitentemente iluminaban su piel, nada le llamaba la atención, porque su mente estaba conectada en algo más.
No podía entender la actitud de Marinette Dupain-Cheng, en toda su estancia en Francia jamás le había dicho alguna grosería cuando algo le molestaba, quizás elevó un poco la voz, pero nada comparado con lo que le había dicho. ¿Tendría que ver con la presencia de Kagami en su oficina?
Por supuesto que iba a averiguar qué pasaba entre ellas, porque era imposible que la azabache tuviera rechazo hacia ella con haberla visto sólo una vez.
El chofer sonrió de medio lado cuando llegaron, puesto que también sabía de la sorpresa que a su jefe le esperaba. Le abrió la puerta a Adrien y dejó que bajara hasta quedar con un rostro estupefacto. ¿Por qué estaban en la puerta de un restaurante -aparentemente- cerrado?
-Toque la puerta de vidrio -mencionó el chofer antes de hacerse a un lado. Agreste iba a tocar, pero de pronto las puertas se abrieron automáticamente y unos cuantos estallidos de confeti le saltaron en la cara.
-¿Qué? -murmuró confundido, apartando los papelitos que caían sobre él. Oyó un grito de 'sorpresa' y fue allí que abrió los ojos completamente. No supo en qué momento estaba dentro del restaurante rodeado de muchas personas-. Oh -seguía confundido, pero el calor de la emoción en su pecho no se lo quitaba nadie-. Dios, yo...
-¡Felices 28 años, Rey del Universo! -dijo Nino de forma burlesca, aunque el cariño infundido en el abrazo era muy real-. Felicidades Adrien -murmuró antes de soltarlo, pocas personas podían contar el haber tenido un abrazo con él.
Así, la gran parte de los presentes empezó a acercarse para saludarlo, allí estaban sus empleados con una sonrisa y sólo por eso ya se sintió culpable, él anduvo con un humor de mierda todo el día y la había cargado con ellos.
El decorado del restaurante era precioso, sabía que el mismo era famoso por su sofisticación, pero en ese momento se habían lucido. Todos se reunieron en un gran y enorme círculo en lo que se suponía era un espacio dispuesto para un baile. Eran más de setenta personas, y muchas se quedaron fuera de recibir una invitación porque sólo serían las personas más cercanas. Alzaron sus copas con champagne y otros bebestibles para hacer un brindis en honor al cumpleañero. Por supuesto, el primero en tener el honor había sido su mejor amigo.
-Quiero hacer un brindis por la persona que está hoy en su día, por un amigo que llegó de forma inusual a mi vida y con quien aprendí el verdadero significado de la amistad -alzó la copa hacia Adrien-. Adrien, es un honor trabajar contigo a pesar de tu peculiar humor -todos rieron, menos él que se había sonrojado, era cierto-. Todos lucharemos por hacer de G&E el sueño que tu padre quería. Salud.