Treinta y cuatro.

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     ¿Qué más podía decir? Sus explicaciones no eran del todo razonables para justificar su comportamiento, incluso había sido malagradecido cuando su padre aún estaba vivo, luego lo fue más, cuando conoció a Fei

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     ¿Qué más podía decir? Sus explicaciones no eran del todo razonables para justificar su comportamiento, incluso había sido malagradecido cuando su padre aún estaba vivo, luego lo fue más, cuando conoció a Fei. ¿Pero valían sus razones? 

     Antes de alzar los ojos al rostro de su hermano, éste ya estaba presionando su hombro con una mano en un contacto que parecía demasiado bueno para ser cierto. Quiso hablarle, pero él fue más rápido.

-Con la pérdida de Emily, creo que la vida te ha dado más de una bofetada -susurró.

-Pero mi niña no merecía pagar por mis errores, si la vida quería hacerme daño o hacerme cambiar, ¿por qué eligió esto?

-No lo sé, tampoco sé si justificarte con lo que pasó con Fei sea aceptable, pero ya pasó -el tono de su voz era inusualmente confortador para alguien que guardaba rencor-. Estamos acá, salvaste la vida de Marinette, y la vida misma te trajo de nuevo a la mía. Vamos a tener que luchar por muchas cosas, ¿sabes? -él asintió al borde de las lágrimas, otra vez-. Y nos va a tomar tiempo acostumbrarnos a tratarnos como hermanos, por cierto, tendrás que lidiar con Clementine para contarle todo lo demás. ¿Quieres estar a solas con ella, o que estemos juntos los tres?

-Sólo con ella, sería lo más justo y apropiado, pero ¿cuándo? ¿Dónde está? ¿Qué está haciendo?

-Es toda una mujer ahora. En unos minutos estará por llegar, sólo le he dicho que fuiste tú quien salvó a Marinette y que el resto de explicaciones se las darás en persona, tienes que tener cuidado, porque no sé cómo pueda reaccionar.

-Gracias -se secó las lágrimas con el dorso de la mano, era todo lo que podía decir por el momento.

-Después de conversar con ella, ve al hospital para que un médico te revise bien, espéranos al señor Dupain y a mí para acordar algo importante, y si es posible lleva a Fei, por favor -iba a salir del despacho sin más, pero se volteó y sin previo aviso lo abrazó fuertemente. Era la primera vez en muchos años que tenían un contacto físico tan real como este, Adrien no sabía por qué lo hacía, ni tampoco por qué no tuvo reparos en hacerlo antes, simplemente el deseo de apoyarlo en este momento era más fuerte que todo lo demás.

     Félix aceptó el abrazo, haciendo todos los esfuerzos para no terminar llorando en el suelo. ¿Quién era él para merecer siquiera el abrazo de a quien rechazó antes por ser mudo?
     Ayer había sido todo un caos y ahora estaba con su hermano entre sus brazos. No pedía perdón, pero de alguna forma indirecta, Adrien se lo estaba dando. Si esto era una segunda oportunidad, no iba a desperdiciarla por nada del mundo, porque Dios sabía muy bien por qué lo estaba haciendo.

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Lunes 17 de diciembre, 2029.

Cuatro días después.

     La energía de una persona es muy poderosa cuando nuestra alma más lo necesita, sobretodo si se trata de alguien a quien amamos en lo más profundo de nuestro ser.
     El sonido del monitor era lo único que antes se escuchaba en la habitación, pero en este minuto la voz profunda de Adrien inundaba las cuatro paredes.
     Lo que más le gustaba hacer era eso, ver fascinado cómo el monitor mostraba un aumento de la frecuencia en su corazón cada vez que abría la boca para dedicarle una canción, preguntarle cómo estuvo su día o si soñaba con él.

Here || Adrinette AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora