Treinta y cinco.

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     Si tomaran la velocidad con la del famoso maratonista Usain Bolt, que corrió por tanto tiempo, y la compararan con la velocidad con la que Adrien había corrido hace unos minutos, Agreste sería el ganador indiscutido de una carrera

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     Si tomaran la velocidad con la del famoso maratonista Usain Bolt, que corrió por tanto tiempo, y la compararan con la velocidad con la que Adrien había corrido hace unos minutos, Agreste sería el ganador indiscutido de una carrera.

     Había ido a despejar su mente y a hacer sondeo de mercado en los centros comerciales de Nueva York, pero la llamada de su hermana lo sorprendió a tal punto que abandonó de golpe las conversaciones con un dueño de una tienda. ¡Marinette había despertado!

     No le habían dicho en qué condiciones y tampoco iba a tener cabeza para prestar atención a ellas, su único objetivo era llegar a la clínica, pero como estaba eufórico no pensó que sería más útil pedir un taxi, no, llegó literalmente corriendo.

     Alguien que obviamente no quiso resguardar la información había subido parte de ella a Internet, era esperable que estuviera atestado de periodistas clamando una respuesta. ¿Consecuencias neurológicas? ¿Pérdida de memoria? ¿Tuvo algún tipo de derrame?
     A Agreste lo ingresaron por una entrada privada, de esa forma pudo llegar al tercer piso de la unidad donde Marinette descansaba.

     Todas las esperanzas de verla de inmediato se fueron a la basura cuando una enfermera le prohibió la entrada con la excusa de que el equipo médico estaba evaluando a la paciente.

-No les doy más de diez minutos, sino entraré igual.

-Señor Agreste, es necesario hacerle evaluaciones y preguntas de rigor para saber qué le pasa a la señorita Dupain-Cheng, usted no interrumpirá nada si no quiere que llame a seguridad para que lo saquen de acá.

-¡Usted no entiende nada!

-Adrien -Tom puso una mano en su hombro. ¡El pobre temblaba entero!-, no interrumpamos por favor, por el bien de nuestra Marinette, no hagamos algo estúpido.

     Neurólogos estaban frente a la cama de la azabache tratando de saber qué le pasaba, haciendo comentarios, pedirían exámenes necesarios para evaluar su cerebro, porque no sólo sufrió fractura de costillas, seguramente se había dado un golpe en la cabeza que pudo afectar algún área cerebral y sólo ahora lo podían saber.

     Media hora después, cinco hombres y una mujer de mediana edad salieron de la sala acompañados de enfermeras y algunos paramédicos que escucharon la conversación. Los padres de Marinette fueron de inmediato con los médicos, pero Adrien se apartó y entró a la habitación sin pedir permiso.

     Lo primero que vio fue a la azabache mirar hacia el techo respirando sin la mascarilla de ventilador mecánico, ahora sólo estaba con una naricera que le administraba un poco de oxígeno. Los ruidos, las conversaciones, todo lo demás desapareció cuando ella desvió la mirada hacia Adrien. ¿Respirar? ¿Qué era eso?
     Se olvidó de todo en el momento en que Marinette decidió observarlo, quería llorar, pero no tenía claro si era por miedo o alegría. ¿Lo reconocía? ¿Qué estaba pensando? ¿Lo odiaba?

Here || Adrinette AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora