Al llegar a casa mis pies empezaban a doler, así que cambié mis tacones en la entrada por un par de sandalias cómodas.
Me dirigí hacia la pequeña isla que dividía la sala de estar y la cocina, y dejé sobre ésta las bolsas de supermercado que cargaba conmigo.
Junto con Lidia y Seung-tae, salimos al centro comercial para adquirir nuevas compras para la siguiente semana. Lácteos, algunos embutidos, carne, verduras y una que otra golosina.
Productos de limpieza y de higiene personal. Todo lo que nos hacía falta para sobrevivir durante nuestra última semana de trabajo.
Estuvimos fuera casi cinco horas. Además de nuestro paseo por los pasillos del supermercado, también estuvimos dando algunas vueltas por tiendas de ropa y zapatos. Un poco de vanidad no nos hacía daño.
Aprovechamos la oportunidad para visitar una gran tienda de vestidos, en un intento por encontrar lo que usaríamos para el desfile de Vogue.
Había una gran cantidad de ellos, en todos los colores, tallas, cortes y estilos. Varios de ellos habían llamado nuestra atención, y por ello fue muy difícil elegir entre la variedad. Entonces, decidimos que consiguiríamos una opinión más profesional sobre la moda, para elegir el atuendo correcto para aquel día.
Finalmente, antes de volver a nuestro hogar, pasamos por una cafetería para comprar bebidas con cafeína y disfrutar de ellas.
Seung-tae, Lidia y yo, organizamos todo lo que habíamos adquirido en la alacena, refrigerador y estantes de la cocina. Cuando finalizamos optamos por preparar la cena para los tres.
Bueno, en realidad era Seung-tae quien se estaba haciendo cargo de todo.
Había dejado a un lado el saco de su traje para usar un delantal que cubriera su blanca camisa y así evitar ensuciarse.
Preparaba bulgogi, cortando la carne en pequeños trocitos y marinándola en una salsa agridulce. En otra sartén hervían dos sobres de ramen y algunos vegetales como acompañamiento. Mientras tanto, Lidia colocó un poco de arroz dentro de la arrocera, y yo coloqué algunos bols para comer en la isla, además de unos vasos.
Minutos más tarde los platillos estaban listos para comerse.
— Por Dios cariño, ¡Esto está delicioso! — dijo Lidia a Seung-tae cuando introdujo el primer bocado a su boca. Asentí hacia el hombre, dándole la razón a mi compañera — ¿Cómo aprendiste a cocinar?
— Mi madre me enseñó. Ella tiene un pequeño restaurante en Gwangju. Espero que algún día puedan visitarlo.
— Vaya que lo haremos. Tu madre te enseñó muy bien, — fue mi turno de halagar — todo es muy delicioso.
Seung-tae sonrió — Muchas gracias, Sun hee.
— Mi arroz también ha quedado bastante delicioso, ¿A que sí, Vic? — me cuestionó Lidia, con la mandíbula en alto, orgullosa de su creación.
Sonreí y negué al mismo tiempo.
— Claro que sí.
— Já, ¿La oíste, cariño? Ahora puedo casarme.
— Sí cariño. Eres una gran cocinera.
Lidia y Seung-tae sonrieron uno al otro, mirándose a los ojos como si ambos fuesen los únicos seres existentes en el mundo. Hacían una gran pareja. Se preocupaban el uno por el otro, se apoyaban y siempre que podían pasaban el tiempo juntos.
Aun cuando Lidia hablaba coreano para poder comunicarse con su novio, Seung-tae estaba haciendo un esfuerzo por aprender algunas palabras en español, solo por ella. Porque incluso el amor mutuo que sentían superaba las barreras del idioma.
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EUPHORIA [JJK]
Fanfiction~𝑻𝒐𝒎𝒂 𝒎𝒊𝒔 𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒂𝒉𝒐𝒓𝒂 𝑬𝒓𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒖𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒆𝒖𝒇𝒐𝒓𝒊𝒂. Victoria Solari tenía perfectamente claro el propósito de su estancia en Corea del Sur. Pero nunca se imagino que Jeon Jungkook se convertiría en una viñet...
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