QUE ME ALCANCE LA VIDA

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P.O.V. ANDREW

—¡Papá, espera!— Me llama Midori desesperada mientras baja las escaleras.

—¿Ya se te pasó el berrinche?— Le pregunto mientras apresuro mi taza de café, pues aunque los sábados es raro que trabaje, tengo agendada una cirugía el día de hoy.

—¡No es berrinche, pero hablaremos de eso cuando vuelvas del hospital!— Exclama mi hija — Papá, anoche me desvelé y ya leí todo el diario de mamá. Llegué a la última página que escribio en el diario. ¿Por qué la última página tiene fecha del 5 de diciembre de 1998 si falleció meses después?

—Porque esa fue la última vez que escribio en el diario. Después ya no quiso escribir más en el diario.

—¿Por qué?— Me pregunta mi hija alterada— ¿No estaba feliz? ¿Ya comenzaba a mostrar señales de enfermedad? ¿Qué pasó ese día?

—No estaba enferma. Una semana antes de su cumpleaños número veinte nos hicimos estudios médicos y estaba bien— Le comento a mi hija— Creí que estaba feliz. Me dijo que era feliz. Se veía feliz. ¿Pero ahora entiendes porque te digo que creo que las outhers y la gata tuvieron la culpa de que se muriera?

—Claro— Responde mi hija— No es normal que una mujer sana de menos de veinte años compre un seguro funerario por si se muere y seguros de vida para dejar como beneficiario a su marido. Es como si hubiera estado preparándose para morir.

—Y eso no es todo— Le cuento a mi hija— Desde meses antes comenzó a tener comportamientos extraños

—¿Cómo qué?

—Pues, por ejemplo, su sueño era ser chef y no quiso entrar a la universidad. También le propuse que abriera una cafetería y no quiso.

P.O.V. MAKOTO

¡Y no andas tan errado, amor mío!

Si no quise entrar a la universidad ni abrir una cafetería fue porque sabía que mis días estaban contados y que el tiempo para que comenzara mi agonía se acercaba, así que quería disfrutar los días de felicidad que Sailor Saturn me había regalado antes de que la pesadilla comenzara.

16 años antes

Julio de 1998

—¿Te gusta? ¿Si está bueno?— Preguntó Makoto esperando ansiosa por la respuesta de Andrew. Dado que dos de las cosas que amaba eran cocinar y complacer el paladar de su amado; una de las actividades en las que invertía su tiempo además de cuidar de Midori, era poner en práctica sus habilidades culinarias, las cuales cada día mejoraban, en parte gracias a unos libros de cocina internacional que Andrew le había regalado, pero también en gran medida por su habilidad natural en el arte culinario.

—Es delicioso— Comentó Andrew tras pasarse aquel bocado de fetuccini en salsas Alfredo con camarones que Makoto le había preparado.

—Y yo misma preparé la salsa Alfredo.— Agregó Makoto orgullosa de si misma.— Y deja espacio para el postre, porque preparé un pastel red velvet que estoy segura de que te va a encantar.

Andrew tomó una de las manos de su mujer y le besó el dorso.

—¡Tienes talento, mi amor!— Exclamó Andrew— Por cierto. Esta mañana antes de llegar al hospital pasé por Le cordon bleu Londres y traje unos folletos del plan de estudios para que los veas. Las clases comienzan en dos meses, así que ya deberías inscribirte.

Makoto se forzó a sonreír ante el comentario de su amado, pues aunque le habría gustado que le alcanzara la vida hasta para cumplir sus sueños de ser una chef repostera, sabía que ya el tiempo se le estaba terminando, y cada momento que tuviera quería aprovecharlo al lado de su hijita y del hombre de su vida.

EL SECRETO DE SAILOR JUPITERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora