A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

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EL SECRETO DE SAILOR JUPITER

CAPÍTULO 45

A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

P. O. V. MAKOTO

La agonía que sufrí los últimos seis meses de mi vida, no fueron nada comparado con lo que vendría tras mi muerte, pues aún me esperaba el castigo reservado por haberme sacrificado para salvar el alma de mi eterno amado y mi niña: Verlo y saberlo todo desde mi infierno personal sobre las personas que fueron importantes en mis dos cortas vidas sin poder intervenir.

Así, desde mi infierno, pude ver lo que había en el corazón de las personas que fingieron valorar mi amistad y de las que en verdad lo fueron; y sufrí con quienes si valoraron mi cariño al no poder ayudarlas, pero lo que más me dolió, fue ver a mi amado Andrew sufriendo por mi partida, sintiéndose culpable por no haberme podido salvar ni hacer nada por vengar mi muerte, y que los momentos de felicidad que le ha dado tener a su lado a nuestra hija se hayan visto empañados por el miedo latente a que en algún momento el pasado los alcanzara y la desgracia cayera sobre nuestra Midori.

Y mientras Andrew sufría, yo sufrí con él, pues desde mi infierno pude ver que mientras él se esforzaba por cuidar de Midori y hacerla feliz; Luna y sus secuaces como viles aves de rapiña buscaban a "Jupiter", y que era cuestión de tiempo para que la verdad saliera a flote, pues Kioko un día crecería, y Rei dejaría de ser la única con poderes de adivinación del equipo.

Como si se tratara de un mal presagio, el pasado ha alcanzado a Andrew y a mi hija; y por desgracia, aunque cuando ofrecí mi vida por la de ellos supliqué que mi pequeña gozara del mismo beneficio de invulnerabilidad ante los ataques que su padre, ese deseo no me lo concedió la diosa de la muerte.

¿La razón?

Es un designio del universo que quien nace con poderes no puede ser invulnerable porque eso estaría cerca de igualarlo a los dioses; así como también es ley del cosmos que el mortal que goce de la invulnerabilidad a los ataques no debe saberlo, y que en caso de que quien le concedió el don se lo haga saber, perderá la invulnerabilidad y morirá, pues estaría cerca de igualarlo a los dioses, y podría corromper su alma.

Sin embargo, al ver que la desgracia se cernía sobre mi pequeña, Persefone, que no sólo es la diosa de la muerte, sino también la deidad de la primavera y fue muy venerada en Júpiter; me ha concedido la gracia de volver al mundo de los vivos con un cuerpo mortal, pero sólo hasta el equinoccio de primavera, pues para entonces, tanto si logro salvar a mi pequeña como sino, deberé volver al mundo de los muertos que es a donde ahora pertenezco.

Por supuesto el encarnar de nuevo un cuerpo mortal para tratar de salvar a mi hija cuando ya no pertenezco a este mundo tuvo un precio: Mientras esté de nuevo habitando de nuevo un cuerpo mortal, pierdo la capacidad de ver en la mente de las personas para saber qué es lo siguiente que pretenden hacer, dejo ser omnipresente, y no puedo ni debo encontrarme con mi amado Andrew por mucho que lo desee, pues el resultado podría ser catastrófico.

Así pues, tan pronto la diosa Persefone me concedió la gracia de volver a habitar un nuevo cuerpo mortal, me hizo aparecer donde mis queridas Rei y Minako estaban librando una encarnizada batalla contra Serena, Michiru y Diana (la hija de Luna); y tras dejar desmayadas a quien fuera la princesa a la que le juramos lealtad, a la hija de nuestro verdugo y dejar fuera de combate para siempre a Sailor Neptune; corrí con todas mis fuerzas por el camino que me indicó Rei que había huido mi pequeña siendo perseguida por Luna, Zoycite y Setsuna.

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P.O.V. MAKOTO

Corrí con todas las fuerzas de mi cuerpo terrenal guiada por mi instinto para ayudar a mi niña; pero de pronto, con horror miré que mientras Andrew la empujaba tras él para tratar de protegerla de Zoycite, Luna y sus secuaces desde otro lado del bosque aparecían.

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