Acto 3, parte 1: El primer día

1.3K 144 44
                                        

Después de trapear los suelos y caminar a uno de los baños para arrojar el agua sucia, el mexicanito se percato que su nuevo trabajo sonaba sencillo pero, en realidad, era más demandante de lo que esperaba

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Después de trapear los suelos y caminar a uno de los baños para arrojar el agua sucia, el mexicanito se percato que su nuevo trabajo sonaba sencillo pero, en realidad, era más demandante de lo que esperaba.

-Entendido- Nicaragua sujeto el radio a su cinturón y suspiro con pesadez.

-¿Cuándo tendré uno de esos?- pregunto México con envidia.

-Si duras lo suficiente- respondió el otro-. Toma tus cosas y sígueme, hubo un accidente frente a los restaurantes y quieren que lo limpiemos.

-¿Un accidente? ¿Alguien vomito?- pregunto el mexicanito mientras hacía malabares con su trapeador, cubeta y trapos.

-Eso espero chico- suspiro el tapir con las orejas gachas. Su respuesta aumento la curiosidad y miedo del mexicanito, tal vez, había llegado el momento de su bautizo de fuego.

Salieron de la sala con sus respectivos equipos y empezaron a caminar por los vacíos pasillos, aún era muy temprano y había pocas personas. Mas pronto que tarde, llegaron a lo que México catálogo de inmediato como la escena del crimen.

Gente vestida de blanco hablaba con un oficial de seguridad del centro comercial, señalando una enorme mancha naranja en el suelo y a un niño que temblaba como sonaja en invierno, siendo auxiliado por otro chico con orejas de gato.

-¡Perú!- México salió corriendo en cuanto vio a su hermano temblando y con una frazada cubriéndolo, aparto con brusquedad al otro sujeto, quien ofendido se alejó de ellos.

Una mujer de cabello negro y labios rojos se separó del oficial y le hizo señas a Nicaragua para que se acercará.

-¡Que bueno que llegaron! ¡Miren este desastre! Espero puedan ayudarnos a limpiarlo- el mexicano la ignoro y tomo las manos temblorosas de su hermanito.

-¿Qué pasó?- pregunto México, ignorándolo todo a su alrededor.

-Me...-

-¡Uff! ¡Hermano! ¡Iugh!- un olor agrio y penetrante inundo sus orificios nasales- Apestas a tlacuache leproso sudado, rociado por tres vagos, vomitado por un basurero y puesto a secar en el sol.

-M-me atacaron- Perú tenía pequeñas lágrimas en sus ojos, que se agrandaron por lo dicho por de su hermano. Aun así, señalo el piso, donde un vaso rojo destacaba en el suelo, rodeado de una sustancia viscosa y de color naranja oscuro.

-Dios- murmuró Nicaragua, asqueado porque la sustancia que parecía cuajarse, separarse, pegarse y esparcirse aún más al suelo.

-¿Quién te hizo esto?- le pregunto México, tapándose la nariz.

-N-no lo se.

-¡Hey! Apártate y ponte a hacer tu trabajo- era el guardia de seguridad, quien frunció el ceño y le señalo el desastre.

-Perdónelo, esta chiquito- Nicaragua salió en su rescate y lo aparto de ahí- No te metas con él. FBI siempre tiene la mecha corta- trató de advertirle, pero el chico lo ignoro.

Nuestro veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora