Los cuatro hijos mayores de papi luchon España: Argentina, Chile, México y Perú, se las verán negras cuando empiecen a trabajar, todo para ganar unos centavos y ahorrar para cuando sean libres e independientes, claro, si papi luchon no les mina sus...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
-Coño...- susurró impresionado el español cuando detuvo su viejo auto frente a una lujosa mansión de paredes blancas.
-El que comes.
-¡Argentina!- y ¡pam! coscorrón sume molleras para que aprendas a no molestar a tu padre.
La mansión se iluminaba con luces propias de un escenario pop, el jardín estaba atestado de adolescentes mayores con ropa cuestionable y abundaban los vasos rojos en sus manos.
En otras palabras, no parecía una fiesta supervisada. España frunció el ceño, según la francesa, los hermanos de su esposo estarían de vigilantes, pero con una mirada bastaba para saber que nada estaba bajo control.
Como si el destino le diera la razón, la puerta se abrió de un golpe y dos chicos en patineta salieron a tal velocidad que cruzaron el jardín en tiempo récord hasta estrellarse en uno de los pequeños muros que rodeaban la propiedad.
Los vítores y aplausos de adolescentes con poco sentido común alabaron su peligrosa hazaña.
Los cinco antropomorfos hispanos se quedaron en el auto, ninguno con intención de salir. Chile y Argentina porque los trajeron a la fuerza, México porque odiaba al cumpleañero, España porque la fiesta se veía demasiado "liberal" como para dejar a sus retoños y Perú, pues, estaba nervioso.
-Bueno, a darle- España le había prometido a Francia que dejaría a sus hijos asistir, y una promesa es una promesa.
Los cuatro chicos suspiraron y uno a uno bajaron del auto, pero ni bien dieron cinco pasos cuando su padre bajo el vidrio y les gritó:
-¡No hagan ningún escandalo! ¡Compórtense como la gente decente! O finjan serlo, como mínimo, y apenas den las diez pasaré por ustedes, ¿comprendido?
-Si, papá- mascullaron los avergonzados adolescentes, siendo el objeto de sonrisas burlescas y susurros.
España estaba verdaderamente preocupado, si las fiestas de hoy en día eran tan insanas como él creía, sus hijos podrían terminar en mitad de una pelea de ebrios, o ser ellos los borrachos; o alguien les daría droga y se harían adictos; o peor aún, terminar embarazados y con alguna enfermedad.
Pese a usar un suéter holgado, México llevaba unos pantalones demasiado ajustados, su pequeño Perú jamás había tomado gota de alcohol, Chile era un bruto busca peleas y Argentina un irresponsable calenturiento.
Tenía tantas razones para meterlos de nuevo en el auto...
-Oye, no te preocupes, papá. Estaremos bien- le prometió Chile.
-De ti no me preocupo- la serpiente sonrió orgullosa-, los otros tres tienen más futuro- la serpiente frunció el ceño.
España apretó el volante, sus hijos intercambiaban miradas incomodas entre ellos, la multitud y él. En algún punto sabía que tenía que soltarlos para que ellos pudieran crecer, pero ¿este era el mejor momento para hacerlo?
-¡Hola!
-¡AH! ¡OSTIA PUTA!- rugió espantando el toro-león. El rostro de una mujer joven, una loba, se apareció sonriendo en su ventana.
-Pe-perdón- se disculpó ella- ¡Hola Perú! Que lindo verte, ¿son tus hermanos? A ti te recuerdo, ¿Picante, cierto?
-Chile.
-Ese mero. ¿Y ustedes?
-Holi, yo soy México, un gusto.
-Ay no es cierto, ¡tengo un suéter igualito! Pero sin la cosita de en medio, aún así es super lindo.
-Yo soy Argentina, ¿qué tal?.
-¡Pero mira! ¿No sos un galán? ¿Verdad que me salió el acento? Jajaja. En fin chicos, soy una de las encargadas de mantener esta fiesta en paz, si yo digo que no va, pues no va, ¿vale? Si se pasan de listos, los regaño, castigo o expulso, ¿qué cómo lo hago? Así, miren.
Para demostrarlo, la loba tomó al par de chicos que se habían estrellado, los amarró con una soga y escribió: "La stupida della mamma" (el tonto especial de mami) en sus frentes con plumón permanente.
El resto de asistentes los señaló y se rieron de ellos.
-Nada como una buena dosis de humillación publica para enderezar a estos descarriados. Así que, ¿no me causaran problemas, verdad?- les preguntó la mujer en cuanto regreso a donde estaban.
-No, para nada- contestaron las semibestias.
-Nos portaremos bien, Italia- aseguró la alpaca.
-Perfecto- celebró la loba y luego se giró para mirar al español-. No sé preocupe, señor, tenemos todo controlado.
-Este, si, ejem, disculpe la pregunta, pero, ¿es usted hermana de UK? No la recuerdo...- preguntó el león.
-Nop, trabajo con Francia, prometió pagarme si hacía de niñera. Además, siendo una alfa puedo ejercer control sobre, bueno, nuestra especie.
España la miró con detenimiento, en la sonrisa confiada de ella destacaban un par de colmillos caninos y su atlético cuerpo no dejaba lugar a dudas de su habilidad. Además, era la única con ropa deportiva, llevaba un silbato en el cuello y el cabello recogido en una coleta alta, con sus orejas lobunas rectas y atentas.
Además, sus profundos ojos marrones, pese a su dulzura y alegría, daban un aire santurrón, bromista y dominante.
-Si gusta puede dejarme su número, por si ocurre algo- propuso ella.
-¿Podría ocurrir algo?
La loba soltó una risa.
-No, nada, se lo aseguro.
España asintió y decidió confiar. La joven parecía capaz, trabajaba con Francia y, más importante, parecía haberse ganado a sus hijos.
Una vez dio su número, la loba se despidió con amabilidad, les guiñó un ojo al cuarteto de hermanos y regresó trotando a la casa.
-Diviértanse chicos. Si, am, si sucede algo, pueden llamarme, estaré al pendiente y... que Dios los cuide- podría intentar arrastrarlos de regreso al auto, pero no quería avergonzarlos más de lo que seguramente ya estaban.
Odiaba actuar como "mamá gallina", pero de verdad creía que el mundo era muy peligroso y era el único que podía protegerlos.
-Estaremos bien, nos vemos en un rato, papi- aseguró su niño peruano con una enorme sonrisa.
España decidió tragarse sus preocupaciones, encender el auto y dar reversa para salir de tan privilegiado barrio, deseando que nada les pasara a sus retoños, que se cuidaran entre ellos y que la loba cumpliera con su promesa.
-Debí pedir los datos también, mínimo su nombre- masculló pensando en sus ojos marrones.