Los cuatro hijos mayores de papi luchon España: Argentina, Chile, México y Perú, se las verán negras cuando empiecen a trabajar, todo para ganar unos centavos y ahorrar para cuando sean libres e independientes, claro, si papi luchon no les mina sus...
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-Buenos días- lo saludo Etiopía, una mujer negra, delgada, calva y más vieja que la tierra.
-Buenas, buenas, ¿Cómo amaneció la doña más guapa?- saludo México.
-Se te va a achicharrar el hocico por andar de bienhablado mentiroso- sonrió la mujer caimán. Pero era cierto, a ojos de México, la anciana tenía un aire elegante y ojos misteriosos que guardaban muchos secretos.
Le sonrió y se colocó su overol gris para el trabajo. Extrañamente, amaba su uniforme raído, viejo y aguado, lo hacia sentir... cómodo.
-México, tienes algo en el cabello- Etiopía se acercó y con su escamosa mano le quito un broche azul con un moño rojo.
-¡Ah! Si, no, es que... mi ,mi,mi, mi hermanita, ¡ella me lo puso cuando jugábamos!, y eso, si...- se puso nervioso y arrojo el accesorio a su mochila, desviando la mirada.
-Combinaba bien con tu cabello- comentó ella y le guiño un ojo. México esperaba que ese comentario fuera una broma, por lo que sonrió sin ánimo. Suspiro y tomo su equipo de trabajo, luego se sentó y espero a que llegara Nicaragua, pues, al parecer, todavía no estaba listo para andar por su cuenta.
-Lo primero es limpiar el barandal y las bancas, luego barrer y al final trapear- le indico Nicaragua con calma, como si fuera un niño de tres años y con cerebro de mosca. Estaban en la sección 7, en el primer piso.
-Si señor- respondió el mexicano sin mucho ánimo.
-Tu tomarás ese lado y yo el otro, nos reuniremos en la siguiente intersección, ¿de acuerdo?
-Sipi- contesto.
Nicaragua lo dejo hacer y se separaron, cada uno por su lado. Mientras México pasaba su trapo húmedo por el barandal, frotando con energía, sus ojos cayeron en el escaparate de una tienda. Los maniquíes usaban ropas coloridas de vestidos y chaquetas, atrapando su atención. Sus ojos analizaban la caída de los vestidos y el entalle de los suéteres, completamente hipnotizado, giro un poco sus ojos y vio su reflejo.
Miro a ambos lados del pasillo y a su espalda. No había nadie a su lado y Nicaragua estaba muy concentrado en su tarea. Con lentitud, se movió un poco a la derecha, lo suficiente como para que su reflejo pareciera usar el conjunto de falta y blusa del maniqui.
¿Se le vería bien? La sola idea hizo alterarse y entrar en pánico, sacudió con fuerza la cabeza, como si quisiera sacar esa pregunta por sus oídos y se puso a continuar con su faena.
-Bien, ahora vamos a barrer- musito su jefe y emprendieron la vuelta de regreso.
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-Argie- Gales se acercó por detrás, haciendo que brincará del espanto-, toma esto, cambia a los maniquíes de enfrente.
Argentina sonrió chueco y tomo la pila de ropa que le dio la mujer. Al llegar al escaparate, se encontró a cuatro seres de madera que, de tener rostro, estarían mirándolo con vergüenza por estar desnudos, pero Argentina no sintió empatía alguna.
Bostezó sin disimulo alguno, o pasaba algo digno de mantenerlo despierto o se dormiría de pie ahí mismo. Total, estaba seguro de que lo confundirían con un maniquí.
"Es que... soy tan guapo" se vanaglorio mientras empezaba a vestir a uno de los hombres de madera, pero estaba tan cansado, que inicio por colocar los zapatos primero. Al esta hincado, se sorprendió de que la alfombra se sintiera tan calientita y cómoda. Perfecta para recostarse unos minutos...
Toc, toc, alguien golpeo la ventana, sacándolo de su siesta de cinco minutos.
La cara burlona de México le sonrió del otro lado del cristal, con su celular apuntando directo a su cara.
-Hijo de las remilputas- exclamo Argentina y se levantó del suelo. Al verlo, el mexicanito salió corriendo, carcajeándose a mandíbula suelta.
-Me las pagarás- Argentina se levantó y se acomodó el cabello. Miró alrededor, agradecido con Dios de que el único testigo fuera su hermano, pues solo cavaría una zanja en el patio y no más.
Fue que recordó la tarea que se supone debió de haber hecho, vio las personas de madera aún desnudas y se le paso el enojo. Si Gales se enteraba de que, aparte de no acomodar los maniquíes, se había dormido, seguro lo corrían. Era un buen plan, podría recostarse hasta que esa bruja lo encontrará, pero... Él era Rio de la Plata Argentina Mapuche de Sevilla, con un nombre así no merecía que lo corrieran cual perro vagabundo.
Sonrió con malicia e inicio su plan.
Gales estaba muy entretenida revisando la existencia de camisas, contando cada una y que coincidiera con sus registros, cuando sintió una presencia a su espalda. Al girarse, casi se cae de la impresión.
-Hola- saludo la persona frente suyo con una voz grave, vestida con ropa muy holgada, percings y tatuajes en el rostro y brazos.
-Bu-buenas tardes- respondió ella, recomponiéndose y mostrando un gesto amable.
-Buenas tardes, disculpe, me preguntaba si me podrían mostrar un vestido de gala- Gales trato de ocultar su sorpresa y confusión, pues frente a ella, o al menos que se hubiese vuelto loca, estaba de pie lo que a todas luces era un hombre.
-¿Disculpe?- pregunto ella sin comprender.
-Si, vi uno muy bonito en el maniquí de la entrada y quería probármelo. Tengo un evento este fin de semana y sería ideal. Ya me vi, seño, ya me vi- comento el joven con un gesto amanerado
-Eh... well, of course, sir, I mean, ma'am?- ¿cómo debía llamarlo? Antes de que el cliente dijera algo, Gales llamo a Escocia y le pidió atenderlo.
Mientras el par se alejaba, Gales camino furiosa a la salida de la tienda.
-¡Argentina!- El joven sonrió victorioso, más borro su risa y traro de verse tranquilo apenas se giró para enfrentar a su jefe.
-¿Si, señora?- pregunto fingiendo inocencia, aunque casi se le sale una carcajada al ver la ira de la mujer.
-¿Pero que hiciste?- Ante ella, sus maniquíes de madera estaban en posiciones de bailar, saltar o cruzados de brazos, lo peor, era que el argento había vestido a los varones con vestidos y a las mujeres con trajes. Dios, ¿cómo era posible?
Mientras Gales se recuperaba del shock, Argentina estaba escuchando el dulce grito de la libertad, sonrió con ganas, anticipando el dulce sabor de la victoria, pero...
-¡Wow! This is my store?- Argentina y Gales se giraron al mismo tiempo. Frente a ellos, un joven delgado y de apariencia elegante miraba con una sonrisa el escaparate.
-My, Mr. England- Gales hizo una especie de reverencia- No sabía que regresaría tan pronto, yo bueno, esto...
-Looks awesome- el aludido la ignoro y tomo una foto- Esto se vera genial en las redes, ho ho, atraeremos mucha clientela joven y LGBT, justo lo que necesitamos para aumentar las ventas. Bien pensado, Gales.
El joven dio una palmada en el hombro de la muy confundida mujer.
-And you are?
-Fired!- contesto Argentina con una sonrisa que no iba al caso.
-No, no, no- al venado se le fue la sonrisa- Es nuestro nuevo empleado, Argentina. Él hizo esto- de furiosa ahora la gerente parecía... ¿contenta?
-Really? Bueno, sigue así- Inglaterra le guiño un ojo y lo deslumbro con una sonrisa.
Gales e Inglaterra regresaron al local, pero la mujer salió al poco rato y arrastró al muy confundido argentino de regreso.