Los cuatro hijos mayores de papi luchon España: Argentina, Chile, México y Perú, se las verán negras cuando empiecen a trabajar, todo para ganar unos centavos y ahorrar para cuando sean libres e independientes, claro, si papi luchon no les mina sus...
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El español era feliz porque tenía la tarde libre. La fábrica donde trabajaba, como supervisor, le estaba yendo tan bien que habían contratado a un segundo para cubrir los horarios en la tarde. Menos trabajo y con la misma paga, era una oferta de locos.
El hombre bestia se había dejado caer cual costal de papás en su sillón favorito, disfrutando del silencio. Que mayor alegría para un padre luchón que tener la casa sola. Con su nuevo horario, ya no tendría que escaparse a mitad del trabajo para recoger a las niñas de su curso de verano ni de ir a las prisas a dejar a sus hijos en sus empleos, tendría tiempo de cocinar, limpiar y ordenar la casa. Así es, desde ese día España sería un adulto más productivo... en cuanto se levantará del sillón.
Después de estar sentado mirando a la nada durante una eternidad, soltó un suspiro pesado mientras tomaba impulso y levantaba su cómodo trasero del bendito sillón, arrepintiéndose casi al instante.
Fue a su pequeña cocina y empezó a limpiarla, saco trastes del horno y les dio un nuevo espacio, reviso las alacenas y tiró todo lo que ya pudiese estar caducado, de ahí fue a la sala, el comedor y el baño de visitas. Cuando termino, se sentía entre agotado pero satisfecho, más sabía que era muy pronto para bajar la guardia.
Con pesadez, subió al primer piso, listo para enfrentar su calvario: los cuartos. El de las niñas no estaba tan desordenado, por lo que fue sencillo la limpieza, incluso se descubrió cantando baby shark sin notarlo. Cerró la puerta del cuarto color melocotón tras él y se le cayó la sonrisa.
Frente a él, a la derecha, estaba el cuarto de México y Perú, y a la izquierda, el de Chile y Argentina. Como persona adulta y responsable, y como padre paciente y amoroso, no quería entrar a ninguno de esos lugares.
-Será lo que Dios quiera- murmuró, se persigno y abrió el cuarto de la derecha.
Los hijos menores compartían una litera, un escritorio y un armario, pues su cuarto era el más pequeño. La cama de arriba, desordenada y llena de plumas y escamas era de México, mientras que la de abajo, igual de desastrosa, pero con pelaje suave marrón, era de Perú.
Con enfado, tomo las sábanas de los adolescentes y las sacudió con fuerza, haciendo caer cada pluma, escama y pelo al suelo, antes de volver a colocarlas en su lugar. Sacudió el único escritorio del cuarto, un mueble más viejo que su abuelo, y barrio los pisos con cuidado. No se atrevió a abrir el closet que compartían sus hijos, no por respeto a su privacidad, sino por miedo a lo que pudiese encontrar.
Al terminar, dejó abierta la ventana del cuarto y salió para enfrentar al jefe final.
-Mierda- susurro derrotado apenas vio la zona de guerra que era el cuarto de los mayores, la habitación más grande de toda la diminuta casa. La visión de horror se resumía en: camas desordenadas, el suelo estaba saturado de revistas, envolturas de frituras, juguetes, ropa sucia; las sillas de los escritorios tenían manchas sospechosas y los escritorios estaban tan llenas de polvo que seguro se formaban sus propias tormentas de arena. Lo único limpio era la estúpida computadora y el "Nintendo ese de los jueguitos".
Con ganas de quemar el cuarto y dejar a sus hijos sin comer durante tres semanas, empezó la titánica tarea de poner orden a la habitación. Su convicción flaqueo cuando, al intentar meter la ropa en los closets, más ropa sucia y hecha bola cayo como avalancha sobre él.
-Me van a escuchar- amenazó al viento y con ira empezó a ocuparse de la ropa.
No supo cuánto tiempo paso, pero sentía que no era suficiente. Miro el reloj de su muñeca, aún tenía hora y media antes de ir a recoger a sus hijas. Cansado, se dejó caer en una de las sillas. Sintió asco cuando la tela de su pantalón pareció pegarse al asiento, pero estaba tan agotado como para hacer algo al respecto.
-Solo un rato- puso un temporizador en su teléfono y se iba a recostar para descansar sus parpados cuando la laptop de sus hijos hizo un sonido. El gato en él sintió curiosidad, así que abrió el "aparatito".
Ahora, ningún padre, por más preocupado que este, debe violar la privacidad de su hijo, más España se pasó esa norma por el arco del triunfo, además, era una computadora familiar, todos la ocupaban... por lo que no encontró le pidieran alguna contraseña.
De inmediato aparecieron dos ventanas, una que estaba en inglés y otra de un juego de cubitos. La nostalgia lo invadió, recordó que el primer videojuego que llevó a casa fue de Mario, y como pasaba horas con sus pequeños y tiernos cachorros jugando como si no hubiese mañana. Sus lindos cachorros que ahora eran unos adolescentes majaderos, sucios y respondones.
Dio clic para iniciar una partida, pero la ventana en ingles no lo dejaba iniciar.
-¿Pero qué coño? Como jodes. Listo, aceptar, joder- Esperaba que no le hubiera metido virus al computador, pero la lucecita en el marco de la pantalla no debía significar nada ¿no?
Más feliz de que la molesta ventana se fuera, regreso al juego para iniciar alguna ronda.
-¿Por qué todos son cubos? ¿Qué se supone...? ¡Ah! Ya lo pilló, hay que talar. Bueno tío, que fuerza tiene este mono en el brazo que yo ni abrir un frasco de abrefácil puedo- murmuró sin sentido, relajado por la música del juego.
Pero se estaba empezando a aburrir, ese juego de "leñadores a puño limpio y cubitos" se le estaba haciendo muy monótono.
-Pero que cojones, ¿cómo que ya es de noche? Me cago en la... ¿qué es eso? Tío, estas más feo que una blasfemia con gonorrea ¡No! ¡Aléjate! Jajaja te golpee gilipollas ¿Por qué brillas? ¡ME CAGO EN LA HOSTIA! -
El monito brillante explotó y le bajo bastante vida, pero también noto que había adquirido varios materiales del hoy cuadrado que había quedado. Debido a su casi muerte, el toro en él había despertado su sed de venganza. Pronto entendió que el juego era de destruir y coleccionar. Sin saber como, en la mano de su monito tenia un trozo de madera, y con eso golpeaba a un zombi.
-Es, muy, difícil, matarlos, con, esto- murmuraba frustrado mientras golpeaba al zombi y desmadraba sin piedad el mouse.
>>Haz una espada
De pronto leyó un mensaje en su pantalla.
-¿Me viste cara de herrero? Mierda, ¿Qué sos? ¿El tutorial? Bien ahora os da la gana de aparecer, cuando estoy más jodido que la caca aguada.
>>JAJAJA
>> JAJAJA
>> F
>> F
>> F
>> jajajajahdbdehbfhs
>> Ayuda, me muero, este tipo
-¿De qué reís? Que de chistorete yo nada. ¡Ah! ¡Arañas! Las odio. No, no, no, no, no, no, corre, corre, ¿pero que haces? ¿pero que haces? ¡Corre al otro lado!
Mientras España intentaba correr en el agua, logro leer las instrucciones que el tutorial mandaba para hacer una dichosa espada.
Esta tan feliz matando a los monstruos con su espada de madera, que apenas noto cuando el temporizador le aviso que el tiempo se había acabado.
-Pero que ganas de molestar- estiró el brazo y apago el teléfono. Cerró las pestañas sin guardar el juego, se estiro de brazos y se levantó en papel de padre responsable, dispuesto a ir por sus nenas por el amor que les profesaba, nada tenía que ver que lo multarían con una fuerte cantidad de dinero si llegaba tarde.