26: Anabell

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Capítulo 26: Anabell

Al día siguiente, cuando ya me encontraba intentando desayunar en la cocina y después de haberle explicado toda la situación a mi familia y a Hannah del porqué de mis ojos hinchados, estábamos en silencio, un silencio largo y profundo en el que sólo se escuchaban el tintineo de las cucharas contra las tazas de porcelana.

Tanto era el silencio, que se sentía un ambiente extraño, como cuando algo malo está a punto de suceder, pero debe ser paranoias mías. Al cabo de unos minutos tocaron el timbre, el cual resonó por toda la sala provocando que todos nos miráramos entre sí para saber quién abriría la puerta. Pero todos siguieron comiendo como si nada, así que no me quedó más opción que abrir yo misma. Les dediqué una mirada fulminante a todos y con pereza me levanté de la silla.

Cuando me iba acercando a la puerta volvieron a tocar el timbre provocando que saliera de mi boca un odioso: ¡Voooyy!

Y apenas abrí la puerta me quedé estática porque quién tocaba la puerta era esa mujer que estaba con Ezra ayer en el supermercado.

No sabía qué decir, y por lo visto ella tampoco, porque ambas nos quedamos viendo como esperando que la otra dijera algo pero ninguna decía nada.

Tal parece que ella tomó la iniciativa porque se aclaró la garganta y seguido de eso abrió su boca para proferir la siguiente pregunta.

-¿Pu-puedo pasar?- Tartamudeó un poco y luego tragó saliva con pesadez.

¿Me está preguntando si puede pasar a mi casa?

¡¿Y esta tipa está loca o qué?!

Respiré profundo y traté de disolver la pequeña molestia que se había generado en mi interior.

Ni siquiera entendía porqué me molestaba, cuando claramente ella fue otra víctima de Ezra.

Quizás ella se encontraba aquí para platicarme lo que había sucedido, quizás me comentaría todo desde su perspectiva, o quizás sería como una de esas mujeres locas que vienen y te amenazan para que dejes en paz a "su hombre".

Pero en fin, dejé de imaginarme todos esos escenarios y reaccioné. Le hice una seña con la mano para que pasara adelante y una vez que ya estaba adentro cerré la puerta. Ella se quedó con sus manos entrelazadas, nerviosa, estática y mirando hacia las personas que se encontraban desayunando tranquilamente y que aún no se habían percatado del incómodo ambiente que abundaba entre ella y yo.

Ahora que me fijaba mejor, ella tenía los ojos rojos e hinchados justo como los míos, eso sólo quería decir que había llorado a mares. Pero la entiendo, si yo me siento de la mierda no me imagino cómo se sentirá ella cuando le han sido infiel.

-¿Quieres algo de beber?- Pregunté cortezmente para romper el silencio incómodo.

Ella con vergüenza asintió levemente la cabeza. -Sólo agua.

La llevé hacia la cocina sin llamar mucho la atención de John, Hannah, mi madre y Paul. Abrí la nevera y le serví un vaso de agua que no estaba tan fría pero tampoco caliente.

Ella lo tomó con sus manos y se quedó viendo hacia otro lado como si estuviera escogiendo las palabras correctas. Decidí darle su tiempo, no quería presionarla.

Me apoyé de la nevera y esperé que tomara el impulso de hablar.

-Se que te debes estar preguntando porqué estoy aquí...- Dijo ella todavía con la mirada en dirección contraria hacia mí.

-Así es.- Me aclaré la garganta en un gesto incómodo.

-Primero que nada quiero aclarar que me llamo Karen y soy la hermana mayor de Ezra.- Dirigió su vista hacia mí, que me encontraba totalmente sorprendida y sobre todo apenada por haber hecho tantas suposiciones.

Tan cerca pero tan lejosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora