Tony Stark, un hombre joven con un matrimonio fallido, escapa de la ciudad y de las garras de su marido abusador. Así es como llega a Wolfind, un pequeño pueblo leñero apartado de todas las luces y ruidos de la ciudad. Ahí conoce a Steve Rogers, un...
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Wolfind. 1 de septiembre a las 11:03. 24 días para la próxima luna llena.
Dos sujetos se encontraban sentados afuera de la única cafetería que se encontraba en Wolfind, en la acera. Una estaba entusiasmada y maquillada de forma perfecta. El otro estaba incómodo y hacía todo lo posible para no hacer contacto visual con la mujer enfrente de él, sentada en la pequeña mesa redonda en la que ambos se encontraban.
—Me alegra que al fin aceptaras mi invitación —pronunció la bella mujer—. Sí que te hiciste del rogar, ¿eh?
Se obligó a apartar la vista de la muy interesante roca del suelo que se había mantenido observando para posicionarla sobre ella. Sonrió de forma muy forzada.
—Sí... —contestó de forma incómoda. La mujer lo notó, pero lo dejó pasar, o simplemente no le importó.
Si era sincera con ella misma, sí le había enojado bastante que el hombre frente a ella le hubiera rechazado las citas no una, ni dos ni tres, sino cinco veces. Pero después de mucha persuasión, maquillaje, prendas provocativas y un poco de encanto femenino, lo consiguió. Y ahora se encontraba ahí, tomando un café con el hombre de sus sueños. Sí, era sólo un café, pero poco a poco irían escalando peldaños hasta llegar a la cima: el clímax.
—Oye, ¿escuchaste sobre los dos hombres que asesinaron hace unos días? —preguntó para entablar una conversación amena. Ya llevaban un rato en el lugar, incluso ya habían recibido sus pedidos, y el hombre apenas y había querido pronunciar palabra.
—Ah, sí. Otra vez en luna llena. Una tragedia, la verdad.
—¿Crees que la leyenda sea real? Ya sabes, todo ese asunto de la bestia devorahombres.
Él encogió de hombros.
—La verdad es que no lo sé.
—Sea como sea, me alegra tener a alguien como tú a mi lado para protegerme de ese monstruo. —Posó su delicada mano en la fuerte y tosca del otro, quien la mantenía sobre la mesa.
Sonrió aún más forzadamente, pero no apartó el tacto de la mujer. Sí, reconocía que era bella y simpática (a veces). Y sí, también le atraía. Pero había algo que no le terminaba de convencer del todo de ella, razón por la cual no se animaba a aceptar sus invitaciones de salir a cenar algo o tomarse unas copas. Al final, había decido darse la oportunidad de conocerla mejor y más allá de una simple amistad, pero con la condición de que su primera "cita" fuera en un lugar tranquilo y ameno.
Ellos se habían conocido hace algunos meses, cuando coincidieron en una fiesta de despedida que organizaron unos amigos a otros que dejaban el pueblo. Era una noche dura para él, puesto que se estaba despidiendo de su mejor amigo y de la novia de éste. La pareja había decidió contraer nupcias, pero lo querían hacer lejos de Wolfind y de todo el drama y problemas que arrastraba consigo por culpa de la supuesta leyenda.