III

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Advertenciade sangre y escenas muy explícitas. Lean bajo su responsabilidad.

 Lean bajo su responsabilidad

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Wolfind. 23 de noviembre a las 19:37. Menos de una hora para la próxima mitad del ciclo lunar.


Tony se encontraba desparramado en todo lo largo del sillón de tres plazas en la sala de Peter. Mantenía la cabeza apoyada en el descansabrazo, y un libro grande y bastante pesado entre las manos, apoyado en su pecho para que él pudiera leerlo. Esa era siempre su posición favorita a la hora de querer perderse en las palabras, las oraciones y los párrafos de un buen libro; aunque, para su mala suerte, el libro que se leía en esos momentos la estaba resultando bastante incómodo de sostener. La culpa la tenía lo grande que era, lo que terminaba por cansar sus manos al sujetarlo, o su pecho al tenerlo un tiempo considerable sobre él. Aun así, nada le haría renunciar a esa posición. Si no se acomodaba de esa forma, era incapaz de concentrar su tención cien por ciento en la lectura.

Detrás de su cabeza, sobre una mesita, se encontraba una lámpara encendida. La luz era tenue, pero suficiente para permitirle vislumbrar las palabras con claridad. El resto de habitaciones del hogar estaban a oscuras, excepto tal vez el baño, donde intuía que su amigo musculosos y leñador tomaba una ducha para quitarse todo el sudor del cuerpo.

Leer era una de sus actividades favoritas, aunque últimamente no había tenido mucho tiempo para abrir algún libro otra vez ya que todo su tiempo libre lo destinaba exclusivamente a besuquearse con su rubio novio. Sin embargo, ese día ambos romperían su rutina, ya que no se verían. Lo que le sirvió para rebuscar entre la pequeña colección de volúmenes prestados con la que ese había armado después de esa noche que visitaron la biblioteca de Wolfind. Se había hecho un gran amigo del anciano bibliotecario, cabe destacar; y éste no paraba de soltarle anécdotas pubertas cada que lo iba a visitar. Ya conocía el tamaño del miembro flácido y erecto de ese hombre, aunque era algo que hubiera preferido no conocer jamás; las pollas con arrugas y verrugas no es algo que le apasionara.

El libro que mantenía entre las manos era nada más y nada menos que It del gran Stephen King. Hacía no mucho le vio de reojo entre las estanterías de la biblioteca, y había escuchado muy buenas reseñas de él, por lo que se animó a darle una oportunidad. Era irónico que todo el asunto relacionado con Pennywise le recordaba demasiado a lo que ellos vivieron en Wolfind, con la bestia que, gracias al dios en el que no creía, ya estaría condenado a la horca en esos momentos.

Tal vez podrían llamarlo un devora libros, pero, en su defensa, la lectura era su única forma de distraer su mente de las malditas ganas que tenía de correr a la casa de Steve y aferrarse a él. La televisión no había funcionado, y mucho menos lo hizo el intentar dormir todo el día; resentía demasiado el calor del cuerpo de su novio.

A petición del mismo Steve, habían acordado no reunirse ese día, ya que el rubio había alegado que necesitaba entregar unas pinturas en unos pocos días y que apenas tendría tiempo para concluirlas, por lo que se pesaría todo el día encerrado en su estudio con pincel y paleta en manos. Él no puso ninguna objeción. Aunque pensaba que bien pudo echarse a leer en el estudio de su novio, sin hacer ruido y deleitándose con la forma en la que Steve creaba arte sobre el lienzo, no insistió. No quería fungir como cualquier tipo de distracción y que el rubio se metiera en problemas por culpa de eso, y era superconsciente de que su simple presencia en el estudio o en la casa sería suficiente para que Steve perdiera la cabeza y terminaran robándose el aliento allí mismo. Además, el tiempo a solas también era necesario.

La Bestia de Wolfind (Stony)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora