III

293 33 11
                                        

Wolfind

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Wolfind. 28 de septiembre a las 08:57. 26 días hasta la próxima luna llena.


La oscuridad de la noche le envolvía. Los altos árboles parecían no tener fin. Y la enorme luna llena en lo alto era un recordatorio constante de que no debería encontrarse ahí, y mucho menos solo y desarmado.

Daba pasos sigilosos, temerosos, escuchando el crujir de las hojas secas debajo de sus suelas. El inmenso bosque estaba sumergido en un silencia aterrador, ni siquiera los insectos ni animales nocturnos parecían existir. Era como si todo el bosque supiera que la bestia estaba ahí, merodeando, acechando, buscando a su próxima víctima, o tal vez a su cena de esa noche.

Tony giró hacia un costado cuando escuchó pisadas provenientes de ese lugar. Sus ojos irradiando miedo, incapaces de enfocar qué era aquello que se escabullía entre los troncos de los árboles y le seguía entre las sombras. Pronto, su mirada hizo contacto con otra. Era salvaje, determinada y amenazante. Le veía desde donde estaba, oculto en la oscuridad.

—¿Quién eres?

Era incapaz de distinguir el color de esa mirada. ¿Verde? ¿Marrón? ¿Azul? Pareciera que fuera un color único que su cerebro era incapaz de procesar.

Quería correr a toda velocidad, huir de ese lugar, preso del pánico. Pero sus piernas y sus pies no les respondían. Era como si aquello que le observaba tuviera control absoluto sobre su ser y las reacciones de su cuerpo. Sentía que esa mirada le atravesaba, le analizaba, se metía en sus pensamientos y le dominaba.

—Siempre he estado cerca de ti —habló el dueño de esa mirada tan aterradora.

—Eres tú quien asesino a ese hombre, ¿no es así?

—Tony, mi amor, pensé que me conocías. ¿Tantos años juntos y crees que yo sería capaz de hacer algo así? Son palabras hirientes.

—¿Mi amor? ¿Quién eres? Déjate ver.

La luna, que había sido ocultada por una nube, volvió a iluminar el bosque. Pudo observar un poco mejor al poseedor de esa mirada. Era un hombre alto y robusto. Sin embargo, la luz seguía siendo insuficiente para poder apreciar su rostro. Aun así, Tony sintió escalofríos de tan sólo ver la silueta oscura de aquel sujeto frente a él.

—Sal a la luz —ordenó.

—Él no puede darte lo que yo. —Esta vez, la voz sonó distante, errática, como si fuera un espectro quien le estuviera hablando.

—¿De quién hablas?

—No puedes enamorarte otra vez. No puedes porque me perteneces.

—Yo no me estoy enamorando de nadie.

—Me están quitando lo que me pertenece. Y lo peor es que no te das cuenta de ello. No lo permitiré. Mi amor... batallé tanto para encontrarte. —Observó con horror cómo la silueta daba pasos hacia enfrente, queriendo salir de las sombras hacia la luz de la luna que se filtraba entre las hojas de los altos árboles—. Ya es hora de que vuelvas conmigo. Ya es hora de recuperar aquello que me arrebataron. —Lo último fue pronunciado cuando el rostro de ese ser quedó completamente visible para los ojos de Tony.

La Bestia de Wolfind (Stony)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora