Capítulo 21

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Aoi Tezuka, tras la charla con Hoo-nii, se queda sentada mirando un panfleto que le dio Edwind-san cuando lo conoció.

—Una pista de tenis callejero donde puede jugar cualquier persona... ¿eh? —dice con una sonrisa mientras se levanta—. El problema es que, si ven que soy mujer, seguramente no quieran jugar conmigo o no se esfuercen al máximo...

Saca el móvil y escribe un mensaje a Yuuta. Este se encuentra con su hermano mayor cuando recibe el mensaje: "Mañana a las 10:00. Necesito comprar ropa."

—Es Aoi, mañana quiere que la acompañe de compras —dice Yuuta a su hermano.

—Adelante, pasa tiempo con tu mejor amiga. Yo seguramente me ponga a practicar —responde Syusuke con una sonrisa.

Al día siguiente, Yuuta y Aoi están en un centro comercial, dentro de una tienda deportiva.

—¿Por qué estamos en la sección de hombres? ¿No deberíamos ir a la de mujeres? —pregunta Yuuta, intrigado.

—Fácil —responde Aoi sin mirarlo—. Necesito travestirme para jugar contra gente de todo el mundo.

Yuuta se queda en silencio unos segundos, luego grita:

—¿¡Eh!? ¡¿Qué dices!?

—Así que quiero que te quedes conmigo en la pista. Por si me desmayo de cansancio, estés ahí —añade Aoi con una sonrisa, mientras se prueba chándales de hombre.

Finalmente, elige uno con sudadera negra con capucha. En la espalda tiene el dibujo de dos alas negras y la palabra "Demon", acompañada de unos pantalones negros. Debajo de la capucha lleva una gorra negra que cubre su rostro.

—Ahora aparento ser un chico.

—La verdad es que sí. Pero... ¿cómo te vas a llamar? Que yo sepa, tu nombre puede ser reconocido —dice Yuuta mientras se dirigen a la cancha de tenis callejero.

—Es verdad... no lo había pensado. Bueno, vamos a dejarlo para más adelante —dice Aoi con una sonrisa despreocupada.

Yuuta suspira. Mientras pasan por un escaparate, se ve que él también va tapado.

—¿Por qué yo también tengo que disfrazarme? —pregunta, llevando una gorra negra, un chándal gris con capucha y pantalones negros.

—Fácil: para que no me reconozcan —responde Aoi con una sonrisa.

Cuando llegan a la pista callejera, ven a Mifune y Edwind esperándolos.

—Parece que ya llegaste, mocosa —dice Mifune—. Vamos a usar esta pista de tenis callejero para que superes tu punto débil. La usarás desde hoy hasta que lo domines. Tienes hasta que acabe el torneo.

—¡Sí! —responde ella, entusiasmada.

—Aoi... ¿quién es el hombre occidental al lado de Mifune-sensei? —pregunta Yuuta.

—Es Edwind-san, de quien te hablé. Será quien me entrene a partir de ahora —responde Aoi.

—¿Qué quieres decir?

—Yuuta, voy a estrenarme en el mundo, y quien se encargará de entrenarme será él —dice con una sonrisa. Luego entra en la pista con un antifaz negro y, en perfecto alemán, pregunta si alguien quiere jugar contra él.

Ese día, Aoi Tezuka jugó muchos partidos contra distintos jugadores amateurs del mundo que habían venido como público al torneo. Fue tan sorprendente que un desconocido alemán, sin pertenecer a ningún equipo, derrotara a todos los que lo retaron.

—¿Quién demonios es él? Lleva jugando horas y no muestra ningún cansancio —dice uno en inglés.

—Está atardeciendo y sigue jugando. Es increíblemente aterrador —comenta otro.

La dama del tenisHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora