Capítulo 1

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En el verano de cuando Aoi tenía dos años, la familia Tezuka y la familia Sanada, fueron a Okinawa, para que mientras los abuelos tenían un torneo de shogi, los niños disfrutaran de la playa.

—¡Paya!—grita Aoi sin pronunciar bien mientras corre al agua.

—¡Aoi!—los dos niños de tres años corren detrás de la pequeña que se iba directa al mar y no sabe nadar.

—¡Kunimitsu!—la sra. Tezuka llama a su hijo mayor—Ten un ojo sobre Aoi—.

—¡Genichiro!—la sra. Sanada llama a su hijo menor—¡Ten un ojo sobre Aoi!—.

—¡Lo sabemos!—responden ambos niños de tres años que maduraron de golpe por culpa de la desastrosa Aoi.

Ambos consiguen sujetarla de las manos y evitar que se zambullera en el agua con el vestido y sin flotador.

—La atrapé primero—Genichiro indica a Kunimitsu.

—No, yo fui primero—Kunimitsu responde.

Ambos se enfrentan entre ellos pero no sueltan las manos de Aoi por nada en el mundo.

—¡Ieo ua!!—grita Aoi mientras se remueve y le empieza a caer lágrimas porque la están conteniendo.

—Ah—ambos niños dejan de pelearse y mandan su atención en Aoi.

—Aoi, pimeo hay que ponese los fotadoes —Kunimitsu indica intentando pronunciar bien pero le cuesta.

—Eso—Sanada dice y se la llevan hacia donde están sus padres mientras Aoi patalea y llora con fuerza.

Al final, consiguen ponerle crema solar, un sombrero y un bañador y por debajo un pañal y jugando en la arena con Kunimitsu y Genichiro.

—Atilo, Atilo—Aoi dice mientras intenta hacer un castillo, pero no sabe hacerlo bien mientras Kunimitsu y Genichiro compiten por ver quién hace el mejor castillo. Cuando parece que Kunimitsu va ganando, Genichiro ve a Aoi de espalda a ellos y la pica en la mejilla. Se gira con curiosidad por saber quién lo ha llamado y aplasta el castillo de Kunimitsu—Geniuo—.

—¡Has hecho tampa!—Kunimitsu señala.

—No hice—responde Genichiro.

Aoi se pone de pie, destroza el castillo de Genichiro y se lanza para caer sobre él mientras ríe.

—Mi castillo—Sanada dice al verlo destrozado por Aoi pero no puede regañarla, lo hizo sin querer.

Desde fuera, los adultos observan con una sonrisa, que los dos niños mayores no regañan a Aoi por haber destrozado sus castillos y menos se ponen a llorar.

Al cambio de escena están en la orilla del mar, Aoi con su madre mientras Genichiro y Kunimitsu compiten por ver quién recoge más conchas de la costa.

—Le daré todas a mi hermana—Kunimitsu le dice a Genichiro.

—Yo recogeré más para dárselas a Aoi—Genichiro responde.

Vuelven a discutir e ir a por las conchas mientras la sra. Sanada los vigila con una sonrisa.

—Han salido a sus respectivos abuelos. Aunque... Aoi-chan ¿A quién salió?—pregunta con una pequeña risa viendo como los señores Tezuka son tranquilos y serios, incluso su abuelo es igual.

—Salió a mí—entonces se gira y observa a una hermosa señora mayor de cabellos blancos y ojos azules. Ella es la mujer de Kunikazu y abuela de Kunimitsu y Aoi. Alemana que se mudó a Japón tras la Segunda Guerra Mundial y conoció a Kunikazu con quién se casó—Cuando era joven tenía mucha energía—.

—Oh, comprendo—responde con una sonrisa—Entonces cuando crezca será tan tranquila como usted—.

La abuela se pone a reír con ternura y Kunimitsu que lo escuchó se queda pensativo y recuerda como su abuela actúa en casa.

—¡Abuela!—Kunimitsu corre hacia ella y le entrega un cubo lleno de conchas—Mira, las he recogido para dárselas a Aoi, pero tú también puedes recibir—.

A su vez, Genichiro se queda atrás con su madre porque él no tiene abuela porque falleció, antes de que él naciera.

—Muchas gracias, cariño... pero ¿Por qué no lo compartes también con el resto de personas? Hay muchas—sonríe y toma una de color rosa—Con esta me vale—.

—Sí, tienes razón—Kunimitsu indica y le da también a la sra. Sanada y luego a su madre.

Aoi por su parte toma la mano de Genichiro que observa que ha vuelto a perder contra Kunimitsu y al sentir la pequeña mano de Aoi, baja la mirada.

—Geniio—lo llama y con una sonrisa tira de él para llevarlo a recoger conchas. Sanada se pone de cuclilla mientras Aoi se queda embelesada con conchas muy bonitas y las enseña a Genichiro y se las regala.

Sanada sonríe y empieza a recogerlas con Aoi, mientras juegan a buscar las de un color correspondiente.

Al atardecer, llegan los abuelos del torneo de shogi y van al hotel a descansar, para al día siguiente, volver a Tokio.

La dama del tenisHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora