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33. Sueños.

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Daenys estaba dispuesta a salir en vuelo con su dragón, pero trágicas noticias llegaron a sus oídos incapaz de dejar Desembarco.

Su media-hermana, su hermana, su familia, Helaena se había lanzado por la ventana suicidándose y Daenys había salido corriendo buscando a Alicent. No por ella, aunque también sentía pena por la madre, lo que realmente quería ver era que los niños estaban bien antes de despedir a su hermana.

En el funeral, ella misma había pedido incenerar a su hermana. Nadie más sentía el dolor de ella, a parte de su madre que no contaba con un dragón. Así que se lo había pedido a la reina, y ella lo había permitido.

Le dolió romper aquel silencio en el todos se encontraban, despidiéndose en silencio una última vez de la princesa.

“Dracarys.”

Skypie lanzó una llamarada de fuego contra el cuerpo muerto de su hermana y Daenys se secó las lágrimas de las mejillas.

Daenys esperó a que todos se acabarán yendo para poder hablar con Alicent sin oídos desconocidos.

“¿Vas a llevartelos verdad?” —Alicent le preguntó sin apartar la mirada del lugar donde se encontraba antes el cuerpo de su hija. Ahora había una llamarada apagándose.—

“Es lo mejor. Este lugar no es seguro para ellos y menos si esto no ha terminado. Tanto tus nietos como los hijos de Rhaenyra. Debo salvarlos.”

“No creo que la reina te deje que te lleves a sus hijos.”

“La reina no se va a enterar.”

Daenys la dejó a solas para que tuviera su tiempo de luto.

La princesa se tumbó durante unos minutos. Descansando antes del viaje. Había decidido ir a Rocadragón para esconderse mientras decidía otro lugar más seguro.

Sin darse cuenta sus ojos se cerraron comenzando con aquel sueño.

De repente estaba frente al mar, las olas venían e iban, merciendose suavemente.

Pero de fondo vio la tormenta acercándose. Y junto con ella, dos dragones. Ambos estaban enganchados en una pelea. Daenys pudo reconocerlos.

Caraxes quien parecía haber agarrado bien a Vaghar. Sus dientes hincados en el cuello de la dragona, y sus garras le habían abierto las tripas.

Daenys lo entendió. Allí estaban peleándose su tío y Aemond. Vio como los dragones caían sobre el agua muy violentamente y la tormenta se iba sin dejar rastro.

Daenys se levantó exaltada, con la respiración agitada y sudando.

¿Que había sido aquel sueño? Parecía muy real.

Ella nunca había creído en los sueños premonitorios. No en los suyos. Sabía de la familia que los padecía, su familia. Pero no todos lo sufrian. Solo unos pocos elegidos y ella no podía ser una.

Se levantó rápidamente y vistiéndose salió en busca de su dragón para ir en busca de Aemond.

No sabía dónde lo encontraría, pero si había tomado Harrenhal, debía estar allí. No podía estar en ningún otro sitio.

Cuando llegó al castillo, lo encontró vacío pero Daenys no se rindió. Lo esperaría allí hasta que Aemond apareciera.

Eso no ocurrió hasta unas horas más tarde, cuando la puerta se abrió violentamente y lo vio entrar dirigiéndose a ella.

Ambos se observaron por más de un minuto. Analizándose de arriba a abajo, viendo si estaban a salvo.

Daenys alzó la mano hacia la mejilla del príncipe y allí, tras acariciarla, la separó y volvió a ella violentamente golpeándole. Desahogandose.

La rabia consumió su corazón, las lágrimas sus ojos y mejillas.

“Eres un imbécil, asesino, cabron, capullo, mentiroso, infiel,...”

Aemond la interrumpió con su propia boca, dándole un beso brusco. Y ella se separó poniendo las manos sobre los hombros varoniles.

“Dejame terminar. No he terminado, príncipe mentiroso, bastardo, canalla.”

“Te quiero tanto, te he echado tanto de menos.”

“Me da igual. Yo no te he echado de menos. No te quiero.”

“Entonces, ¿qué haces aquí?”

“Para regañarte. Porque si te morias sin yo decirte todo lo que tengo dentro, me voy a axfisiar.”

“¿Y ya te has desahogado?”

“¡No!”

Aemond guardó silencio, aún observándola y Daenys logró tranquilizarse.

“No te casaste con Lady Baratheon.”

“Tú te casaste con tu sobrino.”

“Como si tú fueras muy inocente, tuerto.”

“Tienes razón, también he tenido mis sábanas calientes.”

“¿A si? Con alguna furcia. Al menos yo estoy con mi esposo. Solo con él.”

“Oh si, solo con él. ¿Y por qué has venido a buscarme?”

“Ya te lo he dicho.”

“Si, seguro.” —Aemond le agarró las mejillas apretándolas con una sola mano.— “una de esas furcias tiene la habilidad de soñar cosas, cosas que no han ocurrido aún y ella me avisó sobre ti. Justo después de que me avisará de Daemon.”

Daenys abrió los ojos sorprendida. Ellos ya sabían sobre su tío, pero también sobre ella. Había alguien más que soñaba.

“Yo también he soñado cosas, Aemond.”

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🚦 Historia de mi invención basada en la Danza de dragones que se encuentra en la obra de Fuego y Sangre de George R.R Martín. ¡NO de permite su copia!

Daenys, la azul.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora