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35. Madre e hijos.

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Daenys llegó al castillo esa misma tarde, todo se encontraba muy tranquilo pero no vio a su hermana por lo que supuso estaria en su habitación.

Se dirigió hasta esta para verla tendida sobre su cama, con los brazos abiertos y mirando hacia el techo.

“¿Por qué estás ahí tumbada como si no tuvieras que reinar?”

Se sentó a su lado.

“¿Alguna vez has pensado en el gran peso de la corona?”

“No.”

Admitió tumbandose ahora en su lado.

“Nunca he querido ese sombrero de oro. Ni ese asiento de hierro. Siempre ha sido tuyo o cuando tuviste a Jacaerys siempre he defendido que sería suyo.”

“Pero ahora tu hijo debería llevar este peso.”

Rhaenyra comentó y Daenys no supo contestarle. En su plan no estaba quedarse allí viendo cómo mataban a los niños, ni seguiría siendo parte de aquella guerra. Así que no había pensado sobre su hijo siendo rey.

“Mi hijo ya lleva una carga desde antes de nacer. Y es su nombre. Su es capaz de sobrevivir a su apellido, entonces será capaz de reinar.”

“Yo no soy tan valiente como tú.” —Rhaenyra le agarró la mano. Sus manos ahora unidas en medio de la cama.—

“¿A qué te refieres?”

Giró la cabeza para verla de perfil. Vio una lágrima caer en la cama.

“He mandado a Aegon y a Viserys a Essos. Para que estén a salvo.”

“¿Cómo?”

“Si algo me llega a pasar a mi, no sé qué les pasaría a ellos y mientras Jace y Joffrey son mayores para comprender lo que ocurre, ellos morirían sin saber porque su madre los abandona.”

“Has hecho bien, hermana. Pero, deberías haberme avisado. Yo podría haber ido con ellos, o alguien leal para saber que están a salvo.”

“Están con hombres leales a mi.”

Para Daenys eso no era suficiente. Los hombres eran débiles, pero ella tenía un dragón.

Siguió con su plan a pesar de que su hermana hubiera empezado sin ella. No podía saber dónde se encontraban los niños, pero salvaría a los hijos de Helaena.

Aquella misma noche se encontró con Alicent fuera de la habitación. Por su cara pudo intuir que ya se había despedido de los niños.

“¿Los volveré a ver?”

“Si sobrevives a la masacre y el reino se estabiliza, no veo porque no.”

Daenys cogió con cuidado al más pequeño y le agarró una mano a la niña.

“Ahora daremos un paseo con Skypie. Él es mi dragón, no debéis temer. Puede ser algo gruñón al principio pero os acercareis agarrados a mi mano y con cuidado a él. ¿De acuerdo?”

Daenys nunca había montado a nadie en su dragón, por lo que temía la reacción de Skypie pero sabía que era posible hacerlo. Su propia abuela había volado con sus hijos en su dragón y no les había pasado nada. Ella podía hacerlo también.

Cuando se acercaron a su dragón, él los observó durante unos segundos y Daenys hizo que la niña tocará a Skypie manteniendo la mano ahí para vez la reacción del dragón. Cuando notó que él dejó de importarles, se montó poniendo a la niña delante y al bebé abrazado a ella mientras Daenys lo abrazado con un brazo, ocupaba el otro para rodearla a la pequeña y agarrarlos bien a ambos y no hubiera un accidente.

Llegaron a Rocadragón a salvo, y Daenys respiró aliviada por el viaje sin incidentes, sin compañías indeseadas.

Pero cuando abrió los ojos, en un palpadeo, se vio rodeada por hombres que había visto con anterioridad en Desembarco del rey, cuando Aegon había reclamado el trono.

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🚦 Historia de mi invención basada en la Danza de dragones que se encuentra en la obra de Fuego y Sangre de George R.R Martín. ¡NO se permite su copia!

Daenys, la azul.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora