Capitulo 14

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Sebastián

Lo único que me molestaba un poco era la lesión del tobillo que tenía. No me dejaba estar a mi cien por ciento. Pero, aunque no estaba en condiciones de jugar quería hacerlo.

No niego que la lesión del Cap me hizo reimplantarme si jugar o no, quería jugar mas no bien dejar que me jodieran más. Así que tenia que ver bien sus jugadas antes de lanzarme a ellos.

Por eso el entrenador Luis no quería que juegue, pero le insistí mucho y al final cedió. Y para aliviar su preocupación me dijo que cuando sienta que algo va mal conmigo solo levanté la mano en la cancha y el la verá.

Y con eso me sentía mas seguro con todo. Además que Lía estaba viéndome y no quería que se preocupara por mi.

Amelia

Sebastián se encontraba calentando con sus amigos —Sin Andrés— al parecer no quería jugar por estar devorando los bocadillos que habíamos traído.

Pero claro con estos minutos que lo había conocido Andrés seguía siendo Andrés.

— Deberían correr más —opino con la boca llena— mira a Sebastián no corre para nada.

Mire a mi chico.

Se había sentado por un minuto.

— ¿Será acaso que Andrés tiene alguna habilidad en el futbol que no sea criticar? —pregunto un chico rubio.

— ¿Habilidad? —río Antonio— la única habilidad que él tiene es la de hostigamiento.

Se me salió una pequeña risa por el comentario. Pero no duro mucho.

— ¡Menos charla más ejercicio! —grito el entrenador. Los chicos al escuchar su fuerte voz saltaron y dejaron de reírse.

—¡Si entrenador Luis! —y comenzaron a correr.

—¡Y tú! —Andrés dejo de comer y guardo rápidamente el sándwich— ¿Vas a jugar?

— No señor —respondió

—¿Y por qué?

— No me siento bien señor —claro que había mentido.

El entrenador Luis, como lo había dicho los otros chicos su nombre lo examinó de pies a cabeza y asintió.

— Bien —Andrés lanzó un suspiro delatador y antes que el sacará de nuevo su comida el entrenador volvió a gritar— ¡Entonces ve y pásale agua a tus compañeros!

—Ay... ¿Por qué? —se levantó desanimado.

— ¡Muévete cinco! —lo llamo por si número de camisa— ¡Tus compañeros tienen sed!

— ¡Si señor! —él se marchó por las botellas de agua corriendo.

— Niños —negó— cada día menos trabajadores. —yo pegué un pequeño saltito porque me había mirado.

— Pues son niños —dije tímidamente.

— Pues yo también lo fui una vez —lo miré.

Él tenía aspecto de unos cuarenta y siete años.

— y déjeme decirle que a su edad ya tenía como tres trabajos y un emprendimiento.

¡No me diga!

— ¿Y usted? —agache la cabeza y lo tomo como respuesta— ya veo. Está generación.

Y se marchó a gritar por otro lado.

Me senté en las gradas de nuevo mientras ellos ya se encontraban en la cancha.

Digamos que al comparar mi infancia con el entrenador iba a resultar muy mal. Ya que nunca trabaje de pequeña. Y obvio su infancia resultaba ser más dura que la mía.

La Adopción CorrectaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora