Capitulo 20

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Tyler.

A veces la vida me odia —lo digo en serio—. Estoy un miércoles muy temprano en el hospital, y lo peor es que no estoy atendiendo, sino firmando papeles y papeles —los cuales ni me molesto en leer—, solo los paso rápidamente para poder marcharme.

Extraño a Lia. Ella hacía mis días menos aburridos. Estúpida Eda, estúpida Lia también.

Bueno, igual no vendría a pesar del pequeño problema de Eda. Por sus vacaciones adelantadas y su nuevo trabajo de ser madre.

La verdad, cuando me lo dijo me quedé en shock; nunca pensé que ella quería ser madre —y eso que soy su mejor amigo—, pero fue un día normal y corriente en la cafetería del hospital cuando me lo confesó.

—Quiero adoptar a un niño —estábamos riendo de la nueva chica que había ingresado. Mejor dicho, yo me estaba riendo de ella, por confundir unos papeles.

Pero toda risa se quedó atrás cuando me lo dijo.

—¿Qué? —su risa se enganchó, sus mejillas se sonrojaron y me lo repitió de nuevo.

—Voy a adoptar, Tyler.

—¿Eh? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿A quién?

—Aún no sé.

—¿No sabes? ¡Vas a adoptar a un ser vivo, no puedes tomarlo a la ligera!

—¡Lo sé, lo sé! —la tomé de las manos.

—¿Estás segura de hacerlo?

—Sí.

—¿Cuándo lo decidiste?

—Desde hace cinco años.

—¿Segura?

—Sí, estoy segura —le solté las manos. Se acomodó la bata blanca del hospital y también se acomodó un mechón tras la oreja—. No sé si a un bebé, o un adolescente, o...

—¿Adolescente?

—Sí. Pero no sé si niño o niña.

—Ah...

—¿Es mala idea?

—No, que va —dije—. Es tu decisión y tu vida.

—¿Pero?

—No estoy listo para ser tío —bromeé.

Ella se la pasó haciendo trámites por un año completo, para poder obtener a Sebastián.

Cuando me dijo que estaba convencida de darle un hogar, especialmente a él, vi que sus ojos brillaban con ternura. Ella se iba a convertir en la mejor mamá del mundo.

Pero después vino todo esto de Eda y yo.

Sé que debo disculparme, pero me da miedo llevarme otro golpe de su parte. La última vez no fue agradable tener el ojo morado.

—¿Tyler? —llamó Bertha, la novata, interrumpiendo mis recuerdos.

—¿Dime?

—Eh...

—¿Necesitas ayuda en algo? Estoy muy ocupado.

—¿Sabes cómo sacar copia de ambos lados? —suspiré pesadamente—. Ya he dañado un paquete de hojas.

—Está bien, enseguida te ayudo —era mejor que estar sentado—, pero me voy a burlar de ti después.

—No lo dudo —rió ella.

Así que la ayudé a sacar la copia y volví a mi oficina a seguir firmando papeles.

Justo cuando ya tenía el último papel firmado, pude respirar de nuevo.

La Adopción CorrectaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora