Dayla Wilson, es la hija del empresario más influyente de Seattle, ella lleva una vida como cualquier persona normal.
Como estudiante de derecho, aspira a convertirse en una de las abogadas más destacadas del país. Sin embargo, todo cambia una noch...
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—Buenas noches, damas y caballeros. Espero que tengan listas sus billeteras. Aceptamos efectivo, motos, coches... incluso departamentos —anunció con entusiasmo uno de los anfitriones de la velada.
Nos encontrábamos en una de las llamadas "Cavernas" de Leonardo, lugares subterráneos donde se organizaban las peleas clandestinas. El ambiente estaba cargado de expectación, humo, apuestas y gritos.
El maestro de ceremonias agitaba los ánimos, incitando a los presentes a arriesgar sus pertenencias mientras los luchadores aguardaban en la penumbra. De pronto, las luces se apagaron brevemente. En ese breve instante de oscuridad, el murmullo se transformó en un rugido de emoción.
Un haz de luz iluminó al primer peleador al salir. Era alto, de complexión poderosa, cabello oscuro y actitud desafiante. Caminaba hacia el ring golpeando el aire con precisión y rabia contenida.
—¡Y ahora, con ustedes, el favorito de la noche, el rey del ring! —tronó la voz del comentarista, justo antes de que el segundo contrincante hiciera su aparición.
Este último, de cabello rubio y mirada decidida, recibió una ovación ensordecedora. Su nombre era coreado como si se tratara de una celebridad. Sin duda, era muy conocido en aquel circuito.
Ambos se encontraron en el centro del ring. Se midieron con la mirada, tensos como resortes, hasta que la campana sonó. El combate comenzó.
El moreno lanzó el primer golpe, rápido y directo, pero el rubio lo esquivó con agilidad felina. Contraatacó de inmediato, aunque su primer impacto apenas desestabilizó al oponente. El moreno respondió con una patada certera al abdomen, obligándolo a retroceder. A partir de ahí, tomó la delantera.
La campana marcó el final del primer asalto. En el segundo, la intensidad subió aún más. El público gritaba enloquecido. Entonces, un movimiento inesperado: el rubio conectó un golpe preciso en la cabeza de su rival, dejándolo aturdido. Aprovechó la oportunidad con una patada que lo hizo caer de espaldas contra la lona.
El sonido metálico de la campana anunció la victoria.
Un hombre se acercó al ganador, le alzó el brazo mientras proclamaba con voz triunfal:
—¡Niclas "The King"! ¡Es el vencedor!
Así que Niclas era su nombre.
Tras el combate, me retiré del lugar y me dirigí hacia el coche que me esperaba para llevarme de vuelta a la mansión. Habían pasado tres días desde aquella fiesta en la que Leonardo reveló mi identidad, y desde entonces no le había vuelto a ver ni a él ni a Salvatore. La ansiedad crecía dentro de mí con cada kilómetro recorrido. No podía dejar de preguntarme qué habría ocurrido después de aquella interrupción en la cocina.
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Al llegar a la mansión, Luisa me recibió con su habitual amabilidad.