Dayla Wilson, es la hija del empresario más influyente de Seattle, ella lleva una vida como cualquier persona normal.
Como estudiante de derecho, aspira a convertirse en una de las abogadas más destacadas del país. Sin embargo, todo cambia una noch...
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Desconocido Italia Un año antes
Me bajo del coche y me dirijo hacia el enorme portón que se muestra frente a mí. Uno de los guardias de seguridad al verme reacciona de inmediato y lo abre con rapidez, con una mirada cargada de respeto. Más allá, la mansión, imponente y antigua, se alza majestuosa ante mí bajo la luz de la noche.
Atravieso el portón y camino hasta la puerta principal, mis pasos resuenan con el empedrado del camino. Toco y, en menos de un minuto, veo la figura de Luisa, la ama de llaves. Ella me saluda con una leve inclinación de cabeza, a lo que yo le devuelvo el gesto.
—Él lo espera arriba, señor—Me miró brevemente antes de retirarse a sus quehaceres.
Sin más palabras, me dirijo a las escaleras principales. Los escalones de mármol parecen multiplicarse bajo mis pies mientras subo al segundo piso. Me detengo frente a una de las muchas puertas del pasillo y la abro.
Él está ahí, sentado en una silla frente al escritorio. Cierro la puerta detrás de mí y camino hacia él.
—Te estaba esperando —habla con voz grave, señalando una de las sillas frente a él para que me siente.
—¿Para qué me llamaste? Sabes que no me gusta que me molesten —me crucé de brazos.
Él toma su vaso de whisky y bebe un sorbo mientras me observa con una expresión difícil de descifrar.
—Quiero que la traigas, traigas a ya sabes quién. Creo que ya llegó el momento de que esté aquí. Ya es hora de que ocupe su lugar, el lugar que le pertenece.
—¿Los demás saben sobre esto? —pregunto, intentando leer entre líneas.
—Solo quienes necesitan saberlo. Cuando sea el momento adecuado, y ella esté lista, se lo haré saber a los demás.
Asiento en silencio, consciente de lo que implica su petición. Me levanto y salgo de su despacho, dejando que la puerta se cierre suavemente detrás de mí.
Mientras bajo las escaleras, mi mente ya está trabajando en lo que se viene.
Entro en el coche encendiendo el motor y empiezo a conducir hacia mi casa.
Hay trabajo por hacer.
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