Dayla Wilson, es la hija del empresario más influyente de Seattle, ella lleva una vida como cualquier persona normal.
Como estudiante de derecho, aspira a convertirse en una de las abogadas más destacadas del país. Sin embargo, todo cambia una noch...
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Mis ojos comenzaron a abrirse lentamente de forma vaga observando todo a mi alrededor, mi vista se encontraba envuelta por la obscuridad.
Un pequeño rayo de luz se mostraba por una ventanilla pequeña que se encontraba a mi costado, esta pequeña luz me hizo sentir un poco aliviada, pero a la vez asustada, porque me veía atada de manos y pies sobre una silla.
—¡Ayuda!, ¡Por favor! ¡¿Hay alguien ahí?!—Mi voz se torna desesperada y llena de terror—¡Ayuda! —el silencio vuelve a llenarse en la habitación, y solo se oía mi respiración agitada.
De pronto, oí unos pasos fuera del lugar en que me encontraba. Un chirrido hizo que mis ojos se abriesen plenamente y un escalofrío recorriera mi piel al ver una luz entrar por una puerta, a pocos metros de mí.
Una figura masculina empezó a acercarse a mí.
—Ya despertaste—Habló el hombre que tenía enfrente.
—¡¿Quién eres?! ¡¿Qué hago aquí?!—Intentaba soltarme de las cuerdas que me ataban las manos.
—Tranquila, no te haré nada si es lo que te preocupa—Quería verlo, pero no podía por la escasa luz.
Seguí intentando soltarme de las malditas cuerdas, pero me era imposible. Estaban muy bien atadas.
—Oye para, te harás daño—Me daba igual lo que me dijese el hombre, yo seguía intentándolo —Deja te las quitaré antes de que te lastimes—El hombre se acercó a mí, sacó una navaja de su bolsillo y cortó las cuerdas de mis manos y pies, luego se alejó y se fue a encender una lámpara cercana. Gracias a eso, pude ver mejor el lugar; parecía ser una especie de sótano.
También pude ver mejor a aquel hombre. Se veía joven, no creo que pase de los 25.
—Bueno, te preguntarás el porqué estás aquí—Asentí con la cabeza.
El hombre agarró una silla, la colocó frente a mí y se sentó, mirándome.
Al tenerlo cerca mía pude detallarlo un poco mejor. Sus ojos son de un color verde oscuro, similares a los míos. Su cabello es castaño oscuro y sinceramente se veía musculoso. Lo estuve observando hasta que volvió a hablarme de nuevo, dejándome helada con sus palabras.
—Me llamo Salvatore Corleone y estás aquí porque soy el que te entrenará estos meses para que puedas ser la líder de la mafia más importante y poderosa de toda Italia.
Espera acaba de decir ¿líder de la mafia? este hombre está loco.
—Sé que te puede parecer raro, pero, aunque no lo creas así es.
Lo miré incrédula por sus palabras; seguramente era un loco que se había escapado del psiquiátrico y me había secuestrado para contarme esta tontería.