Hasta que no lo sacaron del calabozo y le quitaron las esposas, Kenny no se creyó aquella patraña de que lo liberarían de forma condicionada.
Y cuando fue escoltado hasta la bodega de Sina con el armamento provisional restante de la guerra para que se abasteciera a su gusto, fue como si algo dentro de él cobrara vida nuevamente.
Tenía que matar a Eren Jaeger.
Poco le importaban las ordenes de la realeza y la milicia. Odiaba a esas escorias repulsivas que lo obligaban a ir y venir a su antojo. Pero este asunto ya era personal.
Se volvió enteramente de su incumbencia cuando el bastardo de su sobrino decidió fastidiarlo en el juicio, y cuando el malnacido de Jaeger hurtó los registros para hacerlos públicos.
De entre todo el alboroto, una sola cosa era segura para Kenny Ackerman y era que Eren significaba mucho para Levi.
¿De forma amistosa, pasional?
Qué diablos le importaba. Si Levi había abandonado su cargo solo para llegar a salvarlo era porque definitivamente Eren significaba algo para él.
La dulce ironía de la vida.
Disfrutaría más viendo sufrir a Levi al arrebatarle lo que más amaba en el mundo. Así como él perdió a su querida hermana por su culpa.
Saldaba su deuda con la realeza, limpiaba su reputación, quedaba en libertad y se desquitaba de cada maldito embuste que le había tendido ese par.
—No saldrán de aquí— murmuró, haciendose con una de las armas—. No mientras yo viva.
"Prepárate para pagar, Levi"
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Eren caminaba titubeante detrás de Levi, observando su espalda de forma distraída a medida que se adentraban en el sendero rodeado de densa vegetación y una enorme extensión de árboles.
Sería muy fácil perderse si daban una vuelta en falso. Por ende debían seguir siempre en línea recta. Sólo unos quince kilómetros hasta llegar a la zona despejada.
Ambos portaban el uniforme de la legión de reconocimiento que Floch Forster (cochero y desertor de la policía militar) había llevado para ellos.
Las capuchas servirían para despistar un poco en caso de que los siguieran.
Solo debían llegar hasta el buque varado en la isla y zarparían a salvo. Habría viveres a bordo y todo lo indispensable para hacer el viaje de tres días hasta Marley.
Era todo cuanto Levi le había confiado respecto al plan.
Ya empezaba a anochecer para cuando se detuvieron en un claro a descansar. La oscuridad envolvía el entorno, distorsionando las siluetas de los árboles. Ahora cada sonido de los animales y la naturaleza era amenazador a los oídos de Eren.
La paranoia lo estaba alcanzando. Levi pareció notarlo porque le extendió su cantimplora con agua para mantenerle ocupado en algo.
—No, gracias— rechazó, tratando de hacerla a un lado. Sin embargo Levi no movió el brazo un ápice. Eren se sentía sofocado bajo la capucha. Quería quitársela de una vez, pero sabía que no era posible.
Tuvo que aceptar la cantimplora. Y vaya que le sentó de maravilla beber el agua fresca. Hasta entonces no había advertido que tenía la garganta reseca. En realidad tenía sed, y mucha, pero la adrenalina del escape, el miedo a ser descubiertos, la agitación de dejar atrás los destrozos de su antiguo hogar para iniciar una larga caminata en silencio junto a Levi. Todo en conjunto lo tenía demasiado confundido y agobiado.
