Ofrezca los más caro

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Durante un tiempo trabajé en una farmacia que también ofrecía bijouterie, marroquinería -carteras- y otros productos. Cierta vez apareció un muchacho que buscaba algo para regalarle a su madre. Algún dije y una cadena. Le mostré los que tenía más a mano, tengo que confesar que no era un buen vendedor. El muchacho paseó la vista entre los dijes y señaló uno y me preguntó el precio. En este momento no recuerdo el monto, pero digamos que costaba 300 pesos.

-Es muy caro, no pienso pagar 300 pesos, mostrame otra cosa que tengas...

Yo estaba por mostrarle unas pulseras que a la sazón debían de costar como máximo 150 pesos, es decir la mitad del precio del producto anterior porque supuse que el muchacho contaba quizá solo con ese dinero. En ese momento la dueña de la farmacia me toca el hombro, me doy la vuelta y ella sonriendo y sin dejar de tocarme el hombro saca de debajo del mostrador una caja de anillos de plata y oro con piedras, había varios modelos.

- ¿Tu mami usa anillos? -dijo e hizo sobrevolar su mano sobre la caja de anillos como si hiciera un truco de magia -Si sabés su número podés elegir alguno de estos, cualquiera está 800 pesos. Imaginate que llegás y le das un anillo de oro, ¡qué regalo!

El muchacho eligió uno y se lo probó en el dedo meñique. "Sí, es que yo ya sé que mi dedo meñique es más o menos la medida de su dedo índice", dijo sonriendo. Lo cierto es que sacó la billetera y pagó 800 pesos al contado por el anillo, luego se fue agradecido. Yo no podía entender, si una persona se queja del precio, lo más lógico es ofrecerle algo más barato.

-No -me dijo Inés, la dueña de la farmacia-, el precio no importa. No es importante, cuando la gente quiere algo realmente no importa lo que cuesta, van a pagar con tarjeta, van a sacar en cuenta, van a pedir prestado, pero lo van a comprar.

Gracias Inés, ya puedo seguir explicando. Cuando alguien realmente quiere algo, 9 de cada 10 veces encontrará la forma de tenerlo. Las personas no compran productos, compran emociones. Emociones que les producen los deseos. Cuentan de Sócrates que avanzó por el mercado viendo cosas brillantes y bonitas, oliendo exquisitas comidas y bebidas. Al salir del mercado se dijo "qué felicidad que no necesito nada de eso". No necesitaba eso, pero sí necesitaba tiempo para pensar, alumnos para debatir, una polis para reflexionar sobre ella. Sus estudiantes muchas veces se niegan o se resisten a un tema con la excusa de que es muy complicado. No es cierto, lo que sucede es que, como el muchacho que atendí, no quieren pagar el precio del esfuerzo y el tiempo en eso que usted le propone. Suba la apuesta. Muestre algo más complejo pero esta vez, haga que visualicen qué pueden hacer con ese conocimiento.

El año pasado (2019), el director de la carrera del profesorado de informática, el ingeniero Marcelo Murad le llevó a los estudiantes de primer año un robot. Armado y programado. Se los mostró y les preguntó si querían aprender a armarlo y programarlo. Por supuesto que sí le dijeron. Esos estudiantes iban una hora antes todos los días para que el director, quien también iba una hora antes todos los días, les enseñara cómo armarlo y programarlo. Mientras otra profesora de los mismos alumnos me contó que venía pidiendo hacía unas semanas que lean un texto de 7 párrafos y le decían "es muy difícil, no lo entendemos".

Quiero decir, ellos pagan el precio del esfuerzo y el tiempo cuando se les muestra hacia dónde van y para qué sirve lo que están aprendiendo. Y no desde la perspectiva del docente, sino desde la de ellos. Yo no puedo decirle a mi hija que quiero que estudie y se convierta en médica para poder decirles a mis amigos "escuchen, mi hija es doctora"; tengo que pedirle que estudie para que ella pueda el día de mañana decir orgullosa "escuchen, soy doctora". Se trata de hacer sentir importantes a nuestros estudiantes.

En el ejemplo que di, Inés le propone una imagen al muchacho que iba a regalarle algo a su madre: "Imaginate que llegás y le das un anillo de oro, ¡qué regalo!". En ese momento, ese muchacho pensó en su madre sonriente mirando el anillo como si no hubiera nada más hermoso en el mundo. Ponga en situación a sus estudiantes. Le voy a contar una estrategia que uso hace un tiempo. Cuando uno o varios de mis estudiantes saca un 10, lo imprimo en una hoja y lo pego en un lugar donde todos puedan verlo. Desde que hago eso, para muchos, el solo hecho de imaginarse un renglón en el que aparezcan separados por celdas los siguientes datos "nombre y apellido; DNI; calificación 10" es suficiente motivación. Otros quizá necesiten otra motivación, búsquela y harán todo lo que usted les proponga.

El libro de oro del Docente ¡Conviértase en un docente extraordinario!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora