Usted se sorprenderá de lo profundo que es el deseo de sus estudiantes de ser y sentirse importantes. Así como el de todas las personas. Le voy a contar algo que me refirió un amigo de mi padre cierta vez que coincidimos en una cena. Usted sabe que los recuerdos de nuestra primera infancia son escasos, y se vuelven más nebulosos conforme pasan los años. Sin embargo, este hombre con un frondoso bigote me narró la siguiente historia como si hubiera sucedido el día anterior a nuestro encuentro. Usted se dará cuenta de lo hondo que calan los registros de importancia que guardamos en nuestra mente.
Esta historia involucra a un niño, un padre, una bicicleta y una mesita ratona recién retirada del fabricante. El padre iba pedaleando y atrás su pequeño hijo de 3 años iba sosteniendo la mesita, sentado en el portaequipaje de la bicicleta. En un estrecho y pedregoso camino, la bicicleta perdió equilibrio y el padre no pudo evitar la caída. Cayó este hombre frente a la bicicleta y su hijo voló por encima de él para caer de cara al piso y romperse la nariz. La sangre le bañaba la cara cuando apenas se levantó y vio que su padre corría hacia él desesperado. El padre lo tomó de los hombros, lo sacudió varias veces mientras le preguntaba "¿Por qué soltaste la mesita?".
El hombre que me hablaba era el niño de esa historia. Ya rondaba los 65 años...
Cuando usted está frente a su clase y enfrenta una situación, sobre todas las cosas debe tener en claro cuál es su prioridad. Su responsabilidad es muy grande y ahora que lo sabe, su liderazgo debe ser excepcional. Usted es un modelo a seguir y en consecuencia sus virtudes serán exaltadas, pero también sus defectos. Dice un proverbio italiano que la memoria es mala para las cosas buenas, y es muy posible. Lo que explica la psicología freudiana es que ciertas situaciones son demasiado dolorosas y es por eso que nuestra psiquis se defiende. La historia, el concepto que empleamos lo definimos en "Fortalece tu armadura y ni en cien batallas serás derrotado", deja en nosotros una huella mnémica que se conforma de dos partes. Por un lado, el afecto y por otro lado la idea. Es decir, por un lado, lo que sintió esa persona y por otro lado, lo que sucedió, que eventualmente puede olvidar o no. Eso afectará la manera en la que se desenvolverá con los demás -lo relacionado a los mecanismos de conversión por el cual eso se somatiza, o la imposibilidad de esta instancia con lo cual se presenta la representación obsesiva son temas que no van a ser tratados ahora, pero le recomiendo que los investigue-. Ahora bien, ¿por qué nos interesan estos conceptos? ¿De qué forma me puede ayudar a ser un mejor docente? ¿Y qué tiene que ver esto con las prioridades? Para responder, le voy a contar lo que me ocurrió cuando tenía 12 años y estaba en primer año de mi querido colegio de Comercio.
No recuerdo a todos mis docentes, pero sí recuerdo un episodio que creo que es clave para entender qué me llevó a estudiar un profesorado e inclusive escribir este libro. Yo me sentaba en frente de todos junto a un compañero con mis mismas convicciones. La verdad es que no fue ninguna estrategia ni nada por el estilo. En la primaria me sentaba al frente, no vi razón para cambiar en la secundaria. Mi madre siempre dice de mí que tengo la habilidad de hacer de cada lugar en el que me siento un trono. Es decir, me siento de manera relajada con los brazos descansados y las piernas estiradas. Nunca hubiera pensado que esa actitud me iba a valer uno de los peores retos y quizá el más ridículo que escuché durante todo mi secundario.
- Me tenés podrida, ¿qué te pasa? -dijo Milena, la profesora de Biología, ¿me hablaba a mí? O sea..., yo estaba sentado atendiendo la clase, traté de pensar si había hecho algún gesto o algo... - ¡Cada vez que paso me manchás el pantalón con tus zapatos! ¿Podés meter las piernas? ¡Gracias! ¿Y qué te quedás mirando con cara de "no hice nada"?
Ustedes podrán imaginar la sobreexposición, la humillación frente al aula y lo peor: lo pequeño que me sentí frente a una profesora altisonante, alta, con un desprecio perfecto y sobre todo cruel e insensible. Recuerdo que inmediatamente me pregunté ¿Esto es una profesora?, ¿esto hace una profesora?... Pero esperen que hay más. Más tarde, tomó la lista de los estudiantes y sin venir a cuento me dijo riendo "¿vos te llamás Ramón?" No, la verdad es que no me llamo Ramón. De hecho, tengo tres nombres, pero ninguno es Ramón. No, le dije "¿Qué raro porque acá tengo Ozuna Ramón?" Volvió a decir y a reírse. Los estudiantes, no todos, también se rieron. Ahora yo pregunto, ¿Qué buscaba esta docente?, ¿cuáles eran sus prioridades?
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El libro de oro del Docente ¡Conviértase en un docente extraordinario!
Non-Fiction¿Te has preguntado alguna vez cómo mantener la atención de tus alumnos o qué hacer cuando parece que nadie valora tu esfuerzo como docente? Usted no está solo. En este libro, lo invito a un viaje donde no solo encontrará respuestas a esas preguntas...