Influya a pocos para ganarse a todos

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¿Qué hago cuando identifico a un líder entre mis alumnos? Debo promoverlo. Ni más ni menos. Debo agregarle valor. Es conocido el truco de las maestras cuando uno de los chicos es muy inquieto y parece que odia quedarse sentado, lo nombran secretario y le piden tareas que los hacen sentir importante, al nivel de su inocente y precoz liderazgo. Agregarle valor acaricia su ego y logra que colaboren. Si un estudiante es alto le decimos "pásame eso vos que sos alto", si es observador le diremos "decinos vos qué viste que sos muy observador". Mantenga ocupado a los inquietos, eso es todo.

Le voy a explicar algo. Cuando usted era pequeño la palabra de más peso y más importancia que aprendió fue la palabra "no". Esa palabra tan breve significaba para usted el rechazo a lo que quería, lo que decía, lo que realizaba. Cuando sus padres le decían "no", lo estaban formando para la vida adulta. Usted se iba a encontrar con muchos "no" en la escuela, y si los acataba podía navegar con éxito en la vida social. Piénselo, "no se levanten" es decir que permanezcan sentados; "no hablen mientras yo hablo", es decir que permanezcan callados. Es curioso cómo nos alegramos cuando el niño por fin ha aprendido a hablar para luego durante todos los años de escolarización aprenda a estar callado o como dice Virginia Carmona, que nos enseñan a hablar, pero nunca a usar la voz. Mucho menos a cuidarla o practicar la oratoria. Un niño callado y quieto, es un socialmente un niño bueno. Usted puede que sea la excepción, pero muchos estudiantes del profesorado, al iniciar sus prácticas, enmudecen frente al alumnado. Lo he visto infinidad de veces. El residente tiene el conocimiento, preparó la clase, entró y saludó y borró el pizarrón... pero no puede hablar, ¿por qué? Porque tiene miedo al rechazo. A que le digan que no. Es extremadamente traumático el rechazo, pregúntenle a un adolescente enamorado cuya novia lo dejó o a cualquier joven egresado que deambula con su Curriculum siendo rechazado por todas las empresas que lo entrevistan. Este miedo es el que impide a las personas dar su opinión frente a un grupo de personas o frente a alguien específico. Por lo general, son personas que, en ciertos extremos, resuelven con la fantasía esas inconductas que se echan en cara o los avergüenza. Para no afrontar las preguntas "¿cómo no le dije esto?, ¿por qué no di mi opinión? O ¿seré un cobarde?" estas personas cuentan lo sucedido agregando aquello que en realidad no sucedió. Resuelven en la ficción, lo que no pudieron resolver en la realidad. Esto les genera estrés, ansiedad, depresión y en un caso extremo puede degenerar en conductas autodestructivas. Usted tiene el poder como docente de evitarle todo este sufrimiento a sus estudiantes. Para Lograrlo debe hacerlos sentir importantes, hacerles saber que sus opiniones valen.

Durante una de mis clases, unos estudiantes de 5° año me pidieron los últimos minutos para proponer algo al resto. Puse condiciones, pero accedí.

-Bueno..., nosotros llevamos juntado hasta ahora 400000 pesos para nuestro viaje, yo estaba pensando... estábamos pensando -en ese momento llamó mi atención el lapsus verbal (aquello que se dice sin intención de decirse). Mi estudiante se llamaba Martín, tocayo, jugaba al Tenis, hablaba fuerte y tenía movimientos enérgicos. Martín había dicho "estaba pensando", lo más probable es que él haya sido el de la idea y los demás solo lo siguen. Un líder- que podríamos poner la plata en un plazo fijo, de esa forma mientras juntamos más plata, protegemos lo que logramos y generamos un interés...

Los estudiantes lo miraron con expresiones entre sorprendidos e incrédulos. Uno dijo que sí, otro dijo que sí... y al poco tiempo todos estaban convencidos de realizar ese movimiento económico del que no tenían ni idea, pero del que fueron convencidos sin muchos argumentos. El único que no parecía convencido era Gustavo, un estudiante menudo de anteojos gruesos que varias veces me había hablado de economía porque supo que yo había estudiado en la escuela de comercio. Gustavo, le dije, ¿vos qué opinás? No profe, yo ya les dije lo que vamos a hacer, dijo Martín. Gustavo lo miró y levantó los hombros.

-Bueno...-dije-, ya tomaron una decisión y aun así quiero saber qué opinás Gustavo.

- Yo opino -dijo Gustavo-, que la variación del plazo fijo reporta menos intereses que la inflación. La mejor opción es comprar dólares. No podemos saber qué nivel de devaluación podemos tener y es muy posible que la inflación se coma los intereses. Es una cuestión de confianza... Yo opino que debemos comprar dólares.

Luego de este discurso, más de la mitad del curso abandonó la idea de Martín. Aquí hay otro líder, Gustavo. Los líderes influyen en los demás ¿Qué decisión tomaron?, no es importante. O al menos no debe preocuparnos. Lo que debe preocuparnos es cuando alguno de nuestros estudiantes influye en los demás en forma negativa.

Por último, ¿Para qué quiere usted identificar a los líderes y cómo puede hacerlo? Bien, comenzaré respondiendo la segunda pregunta: para identificar un líder solo tiene que escuchar. Qué sencillo, ¿verdad? ¿Y qué debe escuchar? Cómo reaccionan las personas alrededor cuando hablen sus estudiantes. Recuerde que, si liderar es influir, quien influya en los demás, será el líder. Ahora, respondo a la primera pregunta. Debe identificar a los líderes para influir a través de ellos. Si usted logra que los líderes del curso lo sigan, eso hará que los demás también. Es más sencillo y menos desgastante influir en cuatro personas que en cuarenta.

En la película "Mentes peligrosas" del año 1995, nos encontramos con una profesora en la piel de la fantástica Michel Pfeiffer que no puede controlar a sus estudiantes, unos jóvenes que viven la dura marginalidad en barrios peligrosos. Luego de fracasar varias veces, una de sus estudiantes se le acerca con un consejo. "Si quiere que pongan atención, gánese a Emilio". Cuando esta profesora logró que Emilio participase en una de sus actividades, voila... todos participaron. Durante el tiempo que estuve con aquellos estudiantes de los que le hablé, vi crecer el liderazgo de Gustavo, quien no solo empezó a ocuparse de la administración del dinero que conseguían para el viaje, sino que también organizó eventos por su cuenta para sumar más ingresos. El mérito nunca es mío, lo que sucedió es que un docente agregó valor a uno de sus estudiantes. Esa magia se llama educación y usted en ese sentido, sin duda, va camino de ser mejor mago que el mismísimo David Copperfield.

El libro de oro del Docente ¡Conviértase en un docente extraordinario!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora