Cap 14

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Gina

El sol ya empezaba a filtrarse por las cortinas cuando abrí los ojos. James dormía profundamente a mi lado, su brazo pesado sobre mi cintura, su respiración lenta y cálida contra mi espalda. Por un momento me quedé ahí, disfrutando del calor de su cuerpo, de la calma después de la tormenta de la noche anterior.

Pero entonces miré el reloj en la mesita: 6:47 a.m. Mis padres solían levantarse temprano los sábados para su rutina de café y periódico, y si me encontraban aquí…

Mierda.

Con cuidado, me deslizé de debajo de su brazo. James murmuró algo ininteligible y se giró, pero no despertó. Recogí mi ropa del suelo lo más silenciosamente posible: el vestido tirado junto a la cama, el sujetador enganchado en la lámpara, las bragas… ahí, debajo de su camisa.

Me vestí a medias, pero el vestido estaba demasiado arrugado y el cierre me costaba con los nervios.No había tiempo. Agarré la sábana de la cama, me envolví en ella como si fuera una toga improvisada, y metí toda mi ropa interior y los tacones en un bulto contra mi pecho.

Mejor parecer una loca envuelta en sábanas que salir desnuda por el pasillo.Abrí la puerta de la habitación de invitados con infinito cuidado. El pasillo estaba en penumbra, silencioso. Avancé de puntillas, la sábana arrastrándose un poco por el suelo de mármol frío. Solo unos metros más y llegaría a mi  habitación, al fondo del corredor.Estaba a dos pasos de la puerta cuando oí un carraspeo suave.

Me quedé helada.

Allí, saliendo de la cocina con una bandeja de desayuno vacía en las manos, estaba Grace, la empleada que llevaba con nosotros desde que yo era niña. Llevaba su uniforme impecable, el cabello recogido en un moño perfecto, y sus ojos oscuros se abrieron como platos al verme: envuelta en una sábana blanca, el cabello revuelto, los labios hinchados, sosteniendo mi vestido y mis tacones contra el pecho como si fueran un secreto vergonzoso.

—Ay, señorita Gina… —susurró, y noté cómo intentaba con todas sus fuerzas no sonreír. Bajó la mirada un segundo, educada, pero cuando volvió a alzarla había un brillo travieso en sus ojos—. ¿Necesita… ayuda con algo?

Sentí cómo el calor me subía desde el pecho hasta las orejas. Quise que me tragara la tierra.

—Grace, yo… eh… —balbuceé, apretando más la sábana contra mí—. Es que… me quedé dormida viendo una película en la sala y… hacía frío, y…

Ella alzó una ceja, claramente sin creerse ni una palabra, pero su expresión era más divertida que escandalizada.

—Claro, señorita. Una película muy… larga, por lo que veo —dijo en voz baja, señalando con la barbilla la sábana que claramente pertenecía a la cama de invitados

— No se preocupe, yo no he visto nada.

Hizo una pausa, y luego añadió con una sonrisa cómplice

—El señor James siempre ha sido un caballero muy… atento con usted, ¿verdad?

No supe si reír o morir de vergüenza. Opté por una mezcla de las dos.

—Grace, por favor… —susurré, suplicante.Ella soltó una risita suave, casi maternal, y se acercó un paso.—Tranquila, mi niña. Llevo veinticinco años en esta casa. Sé guardar secretos mejor que nadie. —Me guiñó un ojo

— Ahora vaya a su habitación antes de que salga su madre. Y dúchese, que huele a… —se acercó un poco más y susurró— a sexo y a colonia cara de hombre.

Me tapé la cara con la mano libre, muerta de risa y de vergüenza al mismo tiempo.

—Gracias, Grace —murmuré, corriendo los últimos metros hasta mi puerta.Antes de cerrarla detrás de mí, la oí añadir en voz muy baja

Una Simple Casualidad Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora