Cap 6

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Gina

Después del baile James y yo nos separamos ya que personas lo requerían para felicitarlo y para mí tantas sonrisas fingidas y agradecimientos tan elaborados me habían cansado así que decidí alejarme una vez más de la fiesta.

Necesitaba un momento. Solo uno. Para respirar, para recordar quién era yo bajo el vestido caro y el maquillaje impecable.

Pero el universo, cruel y burlón, tenía otros planes.

Estaba exhausta. Exhausta de fingir, de actuar, de soportar. Y ahora él, la personificación de mis peores recuerdos, se plantaba ahí con esa superioridad moral que siempre lo caracterizó.

Mi corazón, ese traidor, aceleró su ritmo contra mis costillas, un tambor de guerra que anunciaba una batalla interna. Una parte de mí, la más estúpida y vulnerable, aún se estremecía ante su presencia. Pero la mayor parte, la que él mismo había ayudado a forjar a golpes de desprecio, ardía en rabia.

La conversación con Matteo fue un viaje rápido al infierno. Sus palabras, sus justificaciones baratas, su intento patético de minimizar el dolor que causó... cada sílaba alimentaba el fuego de mi furia.

-¿Qué no fue para tanto? -espeté, mi voz temblando no de tristeza, sino de indignación pura-. ¡Las palabras que dijiste esa noche no las he podido olvidar!

Él suplicó. Quiso "compensar". Como si el daño que hizo pudiera borrarse con un "lo siento" tardío.

-El daño ya está hecho -dije, dándole la espalda, deseando con todas mis fuerzas alejarme de su aura tóxica.

Pero entonces, lo dijo. La gota que colmó el vaso.

-Solo quiero hacer que vuelva esa chica tan dulce e inocente.

Me giré lentamente, y lo miré. Realmente lo miré. Y toda la rabia, toda la frustración, todo el dolor de todos esos meses, explotó.

-¿Mirame, Matteo? ¿De verdad me ves? Porque no ves a esa "chica dulce". Ves a una mujer que ya no necesita tu aprobación. Y si crees que después de verme ahí dentro, bailando, riendo, viviendo con otro hombre, voy a ser la misma ingenua que dejaste atrás, estás más perdido de lo que pensé.

Su expresión se torció, la máscara de arrepentimiento se resquebrajó para mostrar el desprecio que siempre estuvo ahí.

-¿Con él? ¿Enserio, Gina? -escupe las palabras, su mirada recorriéndome de arriba abajo con un desdén que me heló la sangre-. Bailando para él como... escondiendote en la obscuridad como una zorra necesitada de atención.

El mundo se detuvo. El ruido de la fiesta se apagó. Solo existió el silbido de la sangre en mis oídos y el ardor de la palabra que acababa de salir de su boca. "Zorra".

No lo pensé. Mi brazo actuó por cuenta propia, movido por una furia ciega y visceral. La palma de mi mano se estrelló contra su mejilla con un crujido seco y satisfactorio que resonó en la noche tranquila.

La sorpresa se pintó en su rostro, seguida de inmediato por una ira oscura. Su mano se cerró como una garra alrededor de mi muñeca, apretando con fuerza, impidiendo que me alejara. Su mirada, antes fría, ahora ardía con una intensidad peligrosa. Me atrajo hacia él, su rostro acercándose al mío, y por un instante de puro terror, creí que intentaría besarme a la fuerza.

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