Gina
Me desperté envuelta en su calor, con el pecho de James subiendo y bajando contra mi espalda, su brazo pesado sobre mi cintura como si ni siquiera en sueños quisiera soltarme. La seda negra se pegaba a mi piel sudorosa, y cada marca roja que me había dejado el flogger ardía como una promesa que aún no se había cumplido del todo. Mi cuerpo temblaba todavía por el orgasmo que acababa de destrozarme, pero no era suficiente. Quería más. Quería que me rompiera.
—James… —susurré, girándome entre sus brazos. Mis ojos se clavaron en los suyos, oscuros, hambrientos. Ya no había ternura en mi voz. Había hambre—Quiero que seas rudo.
Él sonrió, esa sonrisa peligrosa que me hacía mojarme al instante, y en un segundo su mano se cerró alrededor de mi garganta. No apretaba lo suficiente para cortarme el aire, pero sí para recordarme quién mandaba aquí.
—¿Rudo, eh? —gruñó contra mi boca, mordiéndome el labio inferior con fuerza hasta que probé el leve sabor metálico de la sangre—. Cuidado con lo que pides, Gina. Porque una vez que empiece, no voy a parar hasta que estés gritando mi nombre y rogando que te deje correrte.
Me levantó de la cama como si no pesara nada, me tiró boca abajo sobre el banco de azotes acolchado y me abrió las piernas con una rodilla brusca. Mis muñecas volvieron a las argollas de los postes, esta vez más apretadas, el cuero mordiéndome la piel. Sentí el frío del acero en los tobillos cuando me esposó de nuevo, dejándome completamente abierta, expuesta, vulnerable. Mi coño palpitaba, mojado, goteando sobre el banco.
El primer golpe de su mano abierta en mi culo fue seco, fuerte, resonando en la habitación roja como un latigazo. Grité, arqueándome, pero él me empujó la cara contra el cuero con la otra mano.
—Quédate quieta —ordenó, la voz ronca, animal—. Este culo es mío ahora.
Y golpeó otra vez. Y otra. Más fuerte. Cada palmada me hacía saltar, el dolor se convertía en un calor líquido que me bajaba directo al clítoris. Mis gemidos se volvieron sollozos entrecortados cuando empezó a alternar: mano abierta, luego el flogger con fuerza de verdad, las tiras de gamuza mordiendo mis nalgas y la parte interna de mis muslos. No era suave ya. Era brutal. Era exactamente lo que yo quería.
—Joder… James… —jadeé, tirando de las ataduras hasta que el cuero me cortó las muñecas.
Él se rio, bajo y oscuro, y sentí cómo se arrodillaba detrás de mí. Sus dedos se hundieron en mi pelo, tirando con fuerza mi cabeza hacia atrás mientras su polla dura y gruesa se restregaba contra mi entrada empapada.
—¿Esto es lo que querías,? —susurró en mi oído, mordiéndome el lóbulo—. ¿Querías que te cogiera como si te odiara?
—Sí —gemí, empujándome hacia atrás, desesperada
Entró de un solo empujón brutal, hasta el fondo, sin piedad. Grité, el placer y el dolor mezclándose en una explosión que me hizo ver estrellas. Me folló como un animal: profundo, rápido, salvaje. Cada embestida me levantaba del banco, mis tetas aplastadas contra el cuero, mis pezones duros rozando la superficie áspera. El espejo frente a mí me devolvía la imagen de mi cara desencajada de placer, la baba escapando de mi boca abierta, los ojos vidriosos mientras él me destrozaba por dentro.
Tiró más fuerte de mi pelo, arqueándome la espalda hasta que casi me dolía, y empezó a darme cachetadas en el culo al ritmo de sus embestidas. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mí llenaba la habitación, mezclado con mis gritos y sus gruñidos guturales.
—Tan apretada… tan jodidamente mía —rugió, acelerando hasta que pensé que me iba a partir en dos—. Córrete, Gina. Córrete en mi
No pude aguantar más. El orgasmo me atravesó como un rayo, violento, casi doloroso, contrayéndome alrededor de él con tanta fuerza que sentí cómo se hinchaba dentro de mí. James no paró. Siguió follándome a través de mi orgasmo, más duro, más profundo, hasta que soltó un rugido animal y se corrió dentro de mí, llenándome con chorros calientes y espesos que me hicieron temblar de nuevo.
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Una Simple Casualidad
FanfictionEl viaje de la vida está lleno de sorpresas, giros inesperados y sobre todo, de simples casualidades.
