Cap 29

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Ali

Dios, qué vergüenza.

Estaba sentada en el regazo de Steve, con las manos de él enredadas en mi pelo y su boca devorando la mía como si no hubiera un mañana. La preocupación por Gina nos había consumido todo el día: paseos nerviosos por el salón, discusiones sobre qué haríamos si algo salía mal. Y entonces, en un momento de puro agotamiento emocional, nos dejamos llevar. Su camisa abierta, mi blusa a medio desabrochar, sus dedos bajando por mi espalda... era como si necesitáramos recordarnos que seguíamos vivos, que el amor seguía ahí en medio del caos.

No oímos la puerta. No oímos los pasos. Solo oímos el "Mierda..." de James, y fue como si nos hubieran tirado un balde de agua helada encima.

Salté de Steve como si me hubieran pinchado con un hierro al rojo. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho. Me arreglé la blusa a toda prisa, sintiendo el calor subirme por la cara hasta las orejas. Steve se puso de pie de un brinco, abrochándose la camisa con manos torpes, rojo como un tomate maduro.

-Eh... chicos... -balbuceé, intentando sonar casual, como si no acabaran de pillarnos en medio de un beso que iba directo a algo más-. No... no los oímos entrar. ¿Todo bien con el bebé?

Gina estaba parada en la puerta con la boca abierta, las mejillas coloradas. James detrás de ella, cubriéndose la boca para no reírse a carcajadas. Dios, quería que me tragara la tierra.

-Eh... sí... todo bien -dijo Gina, mirando al suelo, a la pared, a cualquier cosa menos a nosotros-. Seis semanas. Latido fuerte. Indicaciones del doctor y... todo perfecto.

Steve carraspeó, todavía rojo como un semáforo.

-Felicidades... eh... ¿seis semanas? Eso es... genial. ¿Quieren... té? ¿O algo?

Me acerqué a Gina con una sonrisa avergonzada, abrazándola fuerte para disimular mi propia humillación. Olía a hospital y a lágrimas secas, pero su abrazo fue firme, real.

-Dios, Gina, lo siento tanto -susurré contra su pelo-. Estábamos... preocupados por ti. Y... bueno... nos dejamos llevar. Pero ¡seis semanas! ¡Vamos a ser tíos de un bebé de seis semanas!

Ella se rió bajito, un sonido que me alivió el alma. James palmeó el hombro de Steve con una sonrisa ladeada.

-Hermano, la próxima vez vayan a una de las habitaciones. Pero... bien por ti.

Steve soltó una risa nerviosa y le devolvió el golpe.

-Cállate. Y felicidades, papá de seis semanas.

Nos sentamos todos, todavía un poco incómodos pero riéndonos de lo absurdo de la situación. Yo me acomodé al lado de Gina en el sofá, tomándole la mano. Ella me pasó la foto del ultrasonido: un puntito blanco en un círculo negro, palpitando como una promesa.

-Va a ser perfecto -le dije, apretándole los dedos-. Y nosotros vamos a ser los mejores tíos del mundo. Voy a malcriarlo con cupcakes y cuentos tontos. Steve le enseñará a pelear... o a cocinar, lo que sea.

Steve se sentó al otro lado, todavía un poco colorado, pero con una sonrisa enorme.

-Y yo le contaré historias de su papá. Las buenas, claro. Las de cómo salvó el mundo... o algo así.

James se rio, atrayendo a Gina contra su pecho.

-Nada de historias mías. Solo las de cómo Gina me salvó a mí.

Gina apoyó la cabeza en su hombro, mirando la foto con ojos brillantes.

-El doctor nos dio indicaciones -dijo ella, con una voz suave pero firme-. Reposo, nada de estrés... y sobre lo demás... -miró a James con una sonrisa tímida- ...con cuidado.

Una Simple Casualidad Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora