Sharon
El frío de la noche neoyorquina me golpea la cara mientras corro por la calle, la muñeca palpitando con un dolor que me recuerda cada segundo lo que acaba de pasar. James. Su mano alrededor de mi brazo, apretando, torciendo, con esa mirada asesina que nunca había visto en él. Y todo por ella. Por esa... esa Gina.
Me apoyo en una pared, jadeando, las lágrimas mezclándose con el maquillaje que seguramente me corre por las mejillas como ríos de vergüenza. La muñeca me duele, sí, pero no tanto como el orgullo. No tanto como saber que perdí. Que perdí ante una cualquiera que apareció de la nada y se llevó al único hombre que realmente me importó.
—¿Señorita? ¿Está bien? —Una voz preocupada a mi lado. Una anciana con un carrito de compras me mira con esos ojos de lástima que odio.
—¡Aléjese! —gruño, y la mujer se aleja rápido, murmurando algo sobre las locas de la calle.
Respiro hondo. Tengo que pensar. Tengo que planear.
Camino sin rumbo, las luces de la ciudad bailando a mi alrededor como testigos indiferentes de mi humillación. James. James y yo tuvimos algo. Algo real. ¿O no? Durante meses fui yo quien estuvo a su lado. Yo quien aguantaba sus silencios, sus ausencias, esa forma que tenía de mirar al vacío como si viera monstruos que nadie más podía ver. Yo intenté entenderlo. Yo intenté amarlo con todo lo que tenía.
Pero nunca fue suficiente.
Y entonces llegó ella. Gina Stark. La hija del jefe. La princesa de la empresa. La que tuvo todo servido en bandeja desde que nació. Y James... James cayó rendido a sus pies como un idiota.
—No es justo —murmuro entre dientes, apretando el paso—. No es justo.
Llego a mi apartamento una hora después, el edificio viejo y las escaleras que crujen bajo mis pies. Mi estudio es pequeño, desordenado, lleno de cajas que nunca terminé de deshacer porque siempre pensé que esto era temporal. Que pronto volvería con James. Que pronto todo volvería a ser como antes.
Me dejo caer en el sofá, la muñeca hinchándose ya, amoratada. Me duele, pero no voy al hospital. No quiero explicaciones. No quiero que nadie sepa que James Buchanan, el hombre al que amé, casi me rompe la mano por defender a otra.
Defender. Qué palabra tan ridícula. Ella no necesita defensa. Lo tiene todo. Papá millonario, trabajo asegurado, y ahora un bebé en camino para amarrar a James para siempre. Porque de eso se trata, ¿no? De amarrarlo. De atraparlo con un hijo para que no pueda escapar.
Porque James siempre escapa. Lo sé mejor que nadie.
Me levanto y voy a la cocina, buscando algo de beber. Whisky. El mismo whisky que James solía tomar cuando venía a mi apartamento, cuando aún me deseaba, cuando aún me necesitaba. Bebo directo de la botella, sintiendo el ardor bajar por mi garganta, y las imágenes vuelven.
La primera vez que lo vi. En una reunión de trabajo, con ese traje impecable y esa mirada intensa que prometía peligro. Me acerqué a él porque me intrigaba, porque todos los hombres a mi alrededor eran predecibles, aburridos. James no. James era un misterio. Y yo siempre quise resolver misterios.
—Eres diferente —le dije esa noche, después de tres copas.
—Todos somos diferentes —respondió él, sin mirarme a los ojos—. Hasta que dejas de serlo.
No entendí entonces lo que quería decir. Ahora lo entiendo demasiado bien.
Nuestra relación —si se le puede llamar así— fue intensa, caótica, adictiva. James aparecía y desaparecía sin explicación, a veces pasábamos semanas enteros juntos, otras veces no sabía de él por días. Pero cuando estábamos juntos, era... magnético. Me hacía sentir viva. Me hacía sentir que yo era la única persona en el mundo que realmente lo conocía.
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Una Simple Casualidad
FanfictionEl viaje de la vida está lleno de sorpresas, giros inesperados y sobre todo, de simples casualidades.
