Gina
El sol ya había desaparecido del todo cuando volvimos a la cama exterior. James había ido a buscar más champán —o eso dijo— pero volvió con otra botella y una bandeja de frutas que alguien había dejado en la cocina antes de que nos quedáramos solos. Me envolvió en la manta otra vez, me puso un plato en las manos y me obligó a comer algo porque "con lo que te he hecho hoy, necesitas fuerzas".
No le faltaba razón.
Comimos en silencio, escuchando el mar. Sus dedos acariciaban mi espinilla, mi rodilla, el borde de la manta. Había algo en él esta noche que no era el James Buchanan que conocía el mundo. No era el jefe, el cazador, el hombre que mataba con una llamada telefónica. Era solo él. Mi James. Y por eso me atreví a decir lo que llevaba semanas guardándome.
—Tengo un proyecto.
Él arqueó una ceja, interesado.
—¿Un proyecto?
—Sí. —Me incorporé un poco, dejando el plato a un lado—. Algo que empecé a pensar cuando aún era Irina. Y después, cuando volviste, lo dejé aparcado porque todo era muy reciente, muy confuso. Pero ahora...
—Ahora qué.
Suspiré, buscando las palabras. Aún me daba vergüenza. Aún sonaba absurdo decirlo en voz alta, en medio de esta villa de lujo, con un anillo de diamantes en el dedo.
—Víctor es el único que sabe de esto. Él tiene esos diseños, los que hacía en sus cuadernos cuando el café estába vacío y eso combina con Maquillaje. Sombras, labiales, cosas así. Yo siempre le digo que debería hacerlos de verdad, no solo dibujarlos. Y yo... yo sé de maquillaje. Es lo único que siempre supe hacer. Desde antes de ti, desde antes de todo.
James no dijo nada. Solo me miraba con esa atención suya que siempre me desarmaba.
—Víctor quiere lanzar una línea —continué, ganando confianza—. Pequeña, al principio. Cosas artesanales, pero con diseño propio. Colores que no se encuentran en las tiendas normales. Y yo quiero hacerlo con él pero con el maquillaje. No como inversora ni nada, no tengo dinero para eso. Pero como... como socia creativa. Mezclas, texturas, campañas. Sé cómo se hace. En Nueva York trabajé en una tienda de maquillaje antes de conocerte. No te lo había contado nunca.
—No, no me lo habías contado.
—Porque entonces no parecía importante. Era un trabajo de mierda en una tienda de mierda. Pero aprendí. Y luego, cuando huía, lo único que llevaba siempre era un neceser. No por vanidad, sino porque era lo único que me recordaba que seguía siendo yo. Que debajo de Irina, debajo del miedo, seguía existiendo alguien a la que le gustaban los colores, las texturas, crear algo bonito con las manos.
Mi voz se quebró un poco al final. No había dicho esto nunca. Ni siquiera cuando se lo conté a Andrei y Víctor. Era demasiado personal, demasiado frágil.
James se incorporó despacio, dejando la copa de champán sobre la mesita. Se sentó frente a mí, con las piernas cruzadas, como si quisiéramos tener una conversación de verdad. No el jefe. No el protector. Solo él.
—¿Y qué necesitas? —preguntó.
—¿Cómo?
—Para el proyecto. Para la marca. Dime qué necesitas.
Me reí, pero no era una risa de alegría. Era nerviosa, insegura.
—James, es una tontería. Un sueño de barrio. Víctor y yo lo habkamis hablado en el café, entre sorbos de tuica y clientes que no pagan. No es algo serio.
—¿Quién ha dicho que no sea serio?
—Yo. Porque ersmo dos camareros con ideas bonitas y cero recursos. Víctor no tiene ni para comprar los pigmentos que quiere probar, y yo... yo llevo dos años escondiéndome. No sé ni cuánto dinero tengo en el banco. Probablemente nada.
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Una Simple Casualidad
FanfictionEl viaje de la vida está lleno de sorpresas, giros inesperados y sobre todo, de simples casualidades.
