La tarde caía suave sobre la mansión Stark, con esa luz dorada que se filtraba por las ventanas altas del salón principal. Gina había preparado todo con cuidado: una mesa baja con té helado, galletas caseras que había horneado esa misma mañana (aunque se le habían quemado un poco los bordes, pero nadie lo mencionaría), y un ramo de flores blancas que había recogido del jardín. Llevaba un vestido suelto de algodón blanco, el pelo recogido en un moño desordenado, y una sonrisa que intentaba ocultar los nervios.
Ali y Steve llegaron juntos, de la mano, todavía con esa novedad fresca de ser oficialmente novios. Ali traía una botella de vino sin alcohol que había comprado “por si acaso”, y Steve cargaba una caja de cupcakes de la pastelería favorita de Gina. Se abrazaron en la puerta como si no se hubieran visto en meses, aunque solo habían pasado unos días.
—Dios, Gina, estás radiante —dijo Ali, dándole un beso en la mejilla—. ¿Qué pasa? Tienes cara de quien esconde un secreto gigante.
Gina se rio, un poco nerviosa, y los hizo pasar al salón.
—Sentados. Tengo algo que contarles… pero primero necesito ayuda.
Se sentaron en el sofá amplio. Steve se acomodó al lado de Ali, el brazo sobre sus hombros en ese gesto protector que ya se le veía natural. Gina se sentó frente a ellos, juntando las manos en el regazo.
—Estoy embarazada —soltó de golpe, sin preámbulos.
Ali soltó un grito ahogado y se tapó la boca con las manos. Steve parpadeó una vez, dos, y luego sonrió de oreja a oreja.
—Joder, Gina… ¡felicidades! —Se levantó para abrazarla fuerte—. ¿James ya lo sabe?
—Claro que sí. Lo supimos juntos esa mañana. Pero… quiero anunciárselo a mis padres de una forma especial. Algo bonito, que no sea solo “mamá, papá, voy a ser madre”. Quiero que sea inolvidable.
Ali ya estaba llorando un poco, de esa forma feliz que le salía siempre.
—¿Y en qué estás pensando?
Gina sacó de debajo de la mesa una cajita pequeña, envuelta en papel dorado. La abrió con cuidado: dentro había un par de zapatitos blancos diminutos, de lana suave, y una prueba de embarazo
—Quiero hacer una cena familiar aprovechando que se fueron hoy a un viaje urgente de la empresa. Pero no una cualquiera. Quiero que parezca una cena normal, y luego… que aparezcan estos zapatitos en la mesa, como si fueran postre sorpresa, con una nota que diga “Bienvenidos, abuelos”. Pero necesito que alguien me ayude a organizarlo todo sin que mis padres sospechen. Ali, tú eres la reina de las sorpresas. ¿Me ayudas?
Ali asintió con los ojos brillantes.
—Obvio que sí. Vamos a hacer que lloren de emoción. Yo me encargo de la decoración sutil: velas, flores, una mesa preciosa. Y cuando llegue el momento, tú pones los zapatitos y la prueba. Yo distraigo a tu madre si empieza a preguntar demasiado.
Steve las miraba a las dos, sonriendo, pero entonces frunció el ceño ligeramente.
—¿Y James? ¿Dónde está? Pensé que estaría aquí organizando esto contigo.
Gina bajó la mirada un segundo, jugueteando con el borde del vestido.
—Últimamente está… raro. Sale mucho. Vuelve tarde. No duerme bien. Dice que está resolviendo cosas del trabajo, pero… no sé. Lo veo tenso. Preocupado. Como si llevara algo muy pesado encima.
Ali puso una mano sobre la de Gina.
—¿Crees que es por el embarazo? ¿Miedo al cambio?
—No lo sé. A veces lo miro y parece que está en otra parte. Pero cuando estamos solos… es el mismo de siempre. Me abraza fuerte, me dice que todo va a estar bien. Solo que… hay momentos en que lo siento lejos.
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Una Simple Casualidad
FanfictionEl viaje de la vida está lleno de sorpresas, giros inesperados y sobre todo, de simples casualidades.
