Semanas después...
El aire de Nueva York tenía ese filo cortante de octubre, ese que anuncia el invierno sin entregarse del todo. Gina lo respiró hondo al bajar del taxi, el ruido de la ciudad golpeándola como una ola después de casi tres años de silencio bucarestino. Bucarest. Qué lejos sonaba ya esa palabra.
El edificio de Ali era exactamente como lo recordaba: elegante, discreto, con ese estilo minimalista que su amiga siempre había preferido. Subió en el ascensor con el corazón latiendo demasiado rápido, el bolso apretado contra el pecho como un escudo.
La puerta se abrió antes de que pudiera tocar.
-¡Gina!
Ali la envolvió en un abrazo que olía a su perfume de siempre, a hogar, a pasado. Gina se dejó sostener un momento, los ojos cerrados, respirando.
-Has venido -murmuró Ali contra su pelo-. Has venido.
-Me convenciste.
-Siempre lo hago.
Se separaron para mirarse, y Gina vio las lágrimas que su amiga intentaba contener sin éxito. Ali siempre había sido la fuerte, la práctica, la que mantenía los pies en la tierra. Verla así, vulnerable, era como ver una grieta en una fortaleza.
-Estás preciosa -dijo Gina-. El compromiso te sienta bien.
-Tú estás... diferente. -Ali inclinó la cabeza, estudiándola-. Más tranquila.
-Eso espero.
Entraron al apartamento, y Gina dejó que la familiaridad la envolviera. El mismo sofá blanco, las mismas plantas que Ali mantenía con esmero, las mismas fotos en las estanterías. Fotos de ellas dos, de Steve
Su mirada se detuvo en una, la última que se habían hecho todos juntos. Ella sonreía, feliz, ajena a la tormenta que se avecinaba.
-No saben que vienes -dijo Ali, siguiendo su mirada-. Nadie lo sabe.
-¿Ni siquiera Steve?
-Ni siquiera Steve. -Ali sonrió, pícara-. Quería que fuera una sorpresa. Para todos.
Gina asintió, apartando la vista de la foto.
-¿Y James? ¿Cómo está?
Ali dudó. Fue solo un instante, pero Gina lo notó.
-Bien. O al menos, hace lo posible por estarlo. Trabaja mucho. Demasiado. Pero... -Se mordió el labio-. Natasha lo ayuda.
-Natasha.
-Su asistente. La pelirroja. ¿La recuerdas?
Gina asintió. La recordaba vagamente, una figura eficiente al fondo de las reuniones, una presencia silenciosa en las cenas de empresa. Nada más.
-Está muy cerca de él -añadió Ali con cuidado-. No es nada... quiero decir, no oficialmente. Pero están muy cerca.
El estómago de Gina dio un vuelco. Lo controló, o al menos lo intentó.
-Me alegro por él. Merece tener a alguien.
Ali la miró con esa expresión suya que lo veía todo.
-¿De verdad te alegras?
-Quiero alegrarme. -Gina suspiró-. Es diferente. Pero quiero que sea feliz. Aunque no sea conmigo.
-Gina...
-De verdad, Ali. Han pasado dos años. No puedo esperar que se quede quieto.
La conversación se desvió hacia los preparativos de la boda, y Gina se dejó llevar por los detalles: el vestido, el lugar, la lista de invitados. Ali hablaba con esa chispa que solo aparecía cuando mencionaba a Steve, y Gina la escuchaba con una sonrisa genuina.
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Una Simple Casualidad
FanfictionEl viaje de la vida está lleno de sorpresas, giros inesperados y sobre todo, de simples casualidades.
