Me sentía ausente, agotada, cada mínimo movimiento me dolía. En mi cabeza se repetían una serie de imágenes en bucle, en cada respiro volvía a sentir su loción combinada con el olor del alcohol, volvía a sentir el ardor en mi mejilla de cuando me golpeó, sus manos apretandome con fuerza, su voz taladrado mis oídos repitiendo una y otra vez "Es tu culpa que Fernanda me dejara" mis ojos se volvían a llenar de lágrimas y volvía a llorar.
Fernanda peinaba mi cabello con cuidado. Me había ayudado a salir del baño y me había puesto su pijama. Ella estaba siendo un ancla, me estaba aferrando a ella, intentaba contenerme en cada caricia en mi cabello, en cada palabra de amor que me daba, solo quería pensar en ella. Ella habia creado una especie de habitación dentro de mi mente en la que solo existia ella y yo, dejando afuera todo lo demas. Sabía que si dejaba de aferrarme a ella, si habría la puerta de esa habitación, me hundiría, lo sabía por que una parte de mi quería dejar de luchar por ser conciente, quería simplemente apagarme, dejar de sentir, desconectar por completo mi cerebro de esta maldita realidad.
- Ya quedo, linda - Dejo el cepillo a un lado de la cama y de su mesa de noche saco algodón y alcohol - ¿Me dejas curar tu labio? - Pregunta con cautela.
Asiento.
- Bien. Si te duele, dímelo.
Con sumo cuidado comenzó a curar mi labio.
Mis ojos detallan su rostro, sus ojos puestos fijamente en su tarea, sus cejas ligeramente fruncidas, su nariz se arrugaba un poco y su boca se mantenía recta.
Mi vista llegó a su ropa, su camisa negra desalineada y un poco mojada, pero lo que realmente llamó mi atención fue una mancha en su chaleco, el fluido se veia espeso y hacia que el color originalse viera mas oscuro.
Sangre.
Mi cerebro se transporto a unas cuantas horas atras, pasaron imágenes de Fernanda golpeándolo. Mi visión borrosa por las lágrimas dejaba traspasar la imagen de Fernanda y Hector, ella le gritaba con fuerza, mientras su puño se impactaba una y otra vez contra su rostro que en pocos segundo se lleno de sangre.
Tome su mano de golpe.
- ¿Te lastime? - Pregunta asustada.
No respondo. Tomo el algodón de su mano y comienzo a examinarla. Su mano derecha tiene los nudillos enrojecidos, hay ligeras manchas de sangre deslabada y noto que comienzan a hincharse.
- Estoy bien - Dice al notar que reviso sus posibles heridas.
La ignoro nuevamente. Con el algodón limpio los restos de sangre y reviso su otra mano.
Ella está bien, esta bien.
- Gracias - Dice cuando termino.
Guarda el alcohol y el algodón. Creo que nunca había sido tan conciente de ella. Su perfume inundaba mi olfato, su presencia en la habitación irradiaba calidez que abrazaba mi cuerpo, sentía cada una de sus respiraciones, era conciente de cada vez que parpadeaba, casi podía escuchar los latidos de su corazón. Mi mente y cuerpo estaban totalmente concentrados en ella. Su presencia me estaba salvando del abismo.
- Te traeré algo para que comas - La veo acercarse a la puerta.
- ¡No! - Dije más alto de lo que esperaba.
- Tranquila - Se alejo de la puerta un poco asustada.
- No me dejes - Mi voz se quebro y mis vista volvió a nublarce - Por favor - Suplico.
Mi corazón se acelera y mis pulmones se quedan sin aire, me duele el pecho y por más que jalo aire no logro sentir que respiro, comienzo a sentir claustrofobia y siento como mi cuerpo tiembla, todo comienza a abrumrme, cierro los ojos con fuerza y mis oídos se bloquean.
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SABOR A MI
RomansaAle solo buscaba un trabajo para saldar sus deudas y poder ayudar a su madre. Fer solo buscaba un arquitecto innovador que la ayudara a obtener la presidencia de la empresa. Y sin saberlo ambas se encontraron.
